
Este estudio tuvo como propósito reflexionar críticamente sobre el trabajo de campo etnográfico, concebido como una experiencia fundamental para abordar y describir en profundidad la realidad sociocultural, entendida como un entramado de mundos impregnados de significado. La base teórica se sustentó en autores como Uribe (2014), Guber (2013), Murillo y Martínez (2010), Geertz (2003), Bourdieu (1995), Heller (1987), Lefebvre (1984) y Berger y Luckmann (1966), entre otros. La metodología empleada fue un estudio documental-bibliográfico, que consistió en la recopilación y el análisis exhaustivo de diversas fuentes (bibliográficas, hemerográficas y electrónicas), desde una perspectiva interpretativa-hermenéutica, para explorar el trabajo de campo desde la cotidianidad y la reflexividad. Se concluye que el trabajo de campo es más que una simple herramienta: se constituye como una experiencia transformadora cuya esencia reside en su capacidad para revelar y comprender cómo se articulan las formas y los modos de vida en su cotidianidad.
The main purpose of this study was to critically reflect on ethnographic fieldwork, conceived as a fundamental experience for deeply approaching and describing sociocultural reality, understood as a framework of worlds imbued with meaning. The theoretical basis was supported by authors such as Uribe (2014), Guber (2013), Murillo and Martínez (2010), Geertz (2003), Bourdieu (1995), Heller (1987), Lefebvre (1984), and Berger and Luckmann (1966), among others. The methodology used was a documentary-bibliographical study, consisting of a comprehensive collection and analysis of various sources (bibliographical, hemerographical, and electronic), from an interpretive-hermeneutic perspective, to explore fieldwork from the standpoint of everyday life and reflexivity. It is concluded that fieldwork is more than a simple tool: it constitutes a transformative experience whose essence lies in its capacity to reveal and understand how ways and modes of life are articulated in their everydayness.
Dentro de la compleja red de la vida social, el trabajo de campo etnográfico es una inmersión que permite al investigador desentrañar los significados y simbolismos presentes en los modos de vida, las historias y las expresiones culturales de una realidad particular, revelando la esencia de lo que significa ser humano en un contexto cotidiano marcado por una historia compartida. En este sentido, el presente artículo se orienta a reflexionar sobre el trabajo de campo como una experiencia vivida, en la que la recolección de datos no es solo una observación, sino que está intrínsecamente ligada a la reflexividad que surge de las interacciones entre el etnógrafo y los sujetos de estudio en su mundo cotidiano (Rockwell, 2009).
Este estudio guarda relevancia, pues valora el trabajo de campo como un medio para captar la vida tal como se vive, en su espontaneidad y complejidad; una experiencia que introduce al etnógrafo en el conocimiento de las costumbres, los rituales y las formas de interacción de un grupo social, y lo lleva a comprender cómo los comportamientos y las creencias tejen un entramado sociocultural más amplio.
Por ello, el trabajo de campo se orienta hacia una inmersión prolongada que enlaza dos mundos interconectados: por un lado, el mundo exterior, con las narrativas de los actores que describen sus experiencias y los significados que les atribuyen; por otro, un mundo interior, marcado por la reflexividad y la capacidad de abstracción, en el que el investigador otorga sentido a lo observado desde su propio marco de referencia. Ambos mundos se complementan y revelan tanto lo visible como lo invisible del contexto social.
Metodológicamente, este estudio se sustenta en el paradigma interpretativo, bajo un enfoque cualitativo y un método hermenéutico, con un diseño de análisis documental-bibliográfico; se realizó una revisión exhaustiva de fuentes escritas para reflexionar sobre el trabajo de campo etnográfico como una experiencia vital transformadora. A partir de esta base se articulan los fundamentos teóricos, los ejes temáticos resultantes de la interpretación y las reflexiones finales que reafirman el carácter reflexivo y co-construido del conocimiento etnográfico.
El trabajo de campo, más allá de ser una técnica de recolección de datos, se constituye como lo mostró Malinowski (1995) con la experiencia inmersiva etnográfica en una estrategia que centra su indagación en la cultura y valora la convivencia prolongada en la comunidad, rural o urbana. Su estudio del sistema sociocultural del Kula entre los pueblos de Nueva Guinea melanésica es un ejemplo de un sistema total que interconecta a las personas a través de un entramado de relaciones, ceremonias y viajes, y que permite mantener la identidad cultural. Así, el trabajo de campo se convirtió en la piedra angular de la etnografía moderna, y su importancia radica en la fase de exploración, que enfrenta al investigador a un mundo de significados y modos de vida por describir.
No obstante, para Geertz (2003) el trabajo de campo, a diferencia de lo planteado por Malinowski, se sustenta en una experiencia intersubjetiva constante con los actores sociales: es un ejercicio de interpretación cuyo horizonte es la comprensión profunda de los significados que los actores otorgan a sus vidas. De acuerdo con estos planteamientos, no se puede entender la etnografía sin el concepto in situ, referido al lugar donde ocurre la situación social estudiada. Es allí donde el investigador, a través de sus interacciones, capta los elementos esenciales para la construcción del conocimiento: significados, perspectivas internas, normas implícitas, patrones de comportamiento, rutinas, emociones y sentimientos.
En ese mismo orden de ideas, Murillo y Martínez (2010) señalan que la comprensión de la cotidianidad incorpora "una visión global del ámbito social estudiado desde distintos puntos de vista: un punto de vista interno (el de los miembros del grupo) y una perspectiva externa (la interpretación del propio investigador)" (p. 4). Esto revela el carácter no solo holístico y naturalista de la etnografía, sino también su dimensión experiencial, congruente con la lógica de la investigación etnográfica que articula técnica, teoría y reflexividad (Velasco y Díaz de Rada, 1997). Esta experiencia conduce a reflexionar sobre lo observado, lo que permite descubrir regularidades y asociaciones, develar categorías emergentes y desarrollar teorías sustantivas que dan respuesta a un contexto social.
En el estudio etnográfico, develar lo que subyace en el mundo social implica una serie de fases: un momento preparatorio, que abarca lo administrativo y logístico; una fase de planificación, que proporciona las bases referenciales y estructura el plan de inmersión; y una fase de inmersión en la que el etnógrafo, mediante la observación participante, las entrevistas y otras técnicas cualitativas, no solo recopila información, sino que construye puentes de entendimiento con los miembros de la comunidad (Darrigran, 2019; Hammersley y Atkinson, 1994).
En la fase de ejecución, el etnógrafo aborda la realidad de manera interactiva; resultan cruciales la recogida de datos y la duración de la estancia en el escenario. Durante estos encuentros se establecen interrelaciones con los actores, aplicando técnicas como la observación participante y la entrevista en profundidad para elaborar las etnografías (Sandoval, 2022). Esta relación intercultural es más que un simple contacto: es una interacción intencionada que permite al etnógrafo una conexión empática con las vivencias cotidianas del sujeto de estudio, para comprender las dinámicas sociales endógenas del grupo investigado.
Esto desvela las capas subyacentes que se vinculan con los artefactos culturales y los factores invisibles de la sociedad —mitos, leyendas, principios, valores, creencias e historias que se expresan en el quehacer diario—. De esta manera, la interacción bidireccional se ejerce recíprocamente entre el investigador y los sujetos, generando una co-construcción del mundo social. El trabajo de campo se revela, así, como un escenario donde se desvelan significados y patrones socioculturales en cada abordaje de la realidad, lo que permite interpretar cómo las formas y los modos de vida se articulan desde una cosmovisión particular que moldea la cotidianidad y la identidad social. Por esta razón, la búsqueda de significados es la tarea central de la etnografía, y la instancia reflexiva del conocimiento adquiere un valor inmenso.
Abordar la cotidianidad desde el trabajo de campo no se reduce a describir rutinas o hábitos, sino que implica sumergirse en las prácticas sociales, los discursos, las tensiones ocultas y los significados que configuran una realidad, revelando las relaciones sujeto-sujeto. Este proceso de inmersión en el mundo de la vida busca captar, en la cotidianidad como lugar de contradicciones, conflictos e interacciones, un cúmulo de simbolismos que se entretejen desde lo visible y lo invisible (Schutz, 1974). Como señala Lefebvre (1984), en ese escenario cotidiano "se mezclan y se entrelazan lo universal de un mundo y lo particular de nuestro mundo, lo racional y lo irracional, lo necesario y lo contingente" (p. 75).
No se trata de concebir la cotidianidad como un simple espacio de experimentación. En contraste, como expresa Uribe (2014), es un diario vivir que "se nutre de hechos y procesos dinámicos bajo la influencia de aspectos que provienen de condiciones externas al sujeto, tales como factores sociales, económicos, políticos y culturales en general, gestados en tiempos determinados con pluralidad de sentidos y simbolismos" (p. 101). Es allí donde el etnógrafo revela su trabajo como explorador que desenmascara los mecanismos subyacentes al desvelar las capas de significado que emergen de la interacción con los demás.
Desde la perspectiva del fenómeno social, la cotidianidad se constituye como un espacio de construcción en el que hombres y mujeres conforman su subjetividad e identidad social. Como expresa Heller (1987), "la vida cotidiana es la esfera de realidad para un sujeto social: realidad significante, realidad como sentido, realidad del discurso, realidad de los gestos, realidad simbólica que ocurre a diario dentro de toda sociedad" (p. 45). El análisis del mundo de la vida cotidiana invita a reconocer que en él se asientan verdades construidas que orientan nuestras interpretaciones. Lo cotidiano se constituye, así, como un campo fértil para el desvelamiento de la realidad aparente del mundo social: un escenario que se construye y reconstruye, en el que los espacios se resignifican y lo rutinario teje tramas de resistencia y transformación que el investigador debe ser capaz de observar y conectar.
En la etnografía, la reflexividad se presenta como una estrategia crucial que lleva al investigador a sumergirse en la realidad social, dejando atrás la noción ingenua del observador neutral. Lejos de ser un mero espectador, el etnógrafo se transforma en parte integral del proceso de investigación, y es precisamente en esa participación donde reside la riqueza de la producción de conocimiento (Guber, 2001).
La reflexividad implica una autointerrogación constante. A manera de ilustración, los escritos póstumos de Malinowski revelaron la importancia de este concepto: su diario personal, vinculado a Los argonautas del Pacífico occidental (1922/1995), muestra una dimensión cruda de su experiencia de campo frustraciones, prejuicios y distancia emocional respecto de los nativos, lección crucial sobre la conciencia y el análisis crítico del propio etnógrafo, que lo convierte en un sujeto activo que construye conocimiento junto con los sujetos de estudio. Como expresa Bourdieu (1995), el investigador no siempre advierte que "su propio acto de conocimiento es un objeto de conocimiento" (p. 68); nuestra percepción del universo explorado se ve influida por la mirada academicista, el género, la etnia o la clase social, factores que no son ajenos a los procesos de pensamiento sobre el quehacer diario.
Esta reflexividad no es un mero ejercicio de introspección, sino una herramienta metodológica crítica para desvelar los sesgos potenciales y, al mismo tiempo, aprovechar la perspectiva del investigador para interpretar lo observado o narrado; también reconoce que la escritura etnográfica es una construcción retórica y situada (Clifford y Marcus, 1991). El trabajo de campo es un espacio de intersubjetividad donde el etnógrafo y los sujetos se co-construyen mutuamente. Geertz (2003) subraya "la naturaleza interpretativa de la antropología", afirmando que "lo que el etnógrafo encara es una multiplicidad de estructuras significativas" (p. 24). La reflexividad permite reconocer la co-construcción del conocimiento no como una barrera, sino como una condición ineludible de la investigación etnográfica, que otorga validez y credibilidad a los hallazgos en una clara intersubjetividad.
El análisis de las fuentes documentales permite desglosar e interpretar el trabajo de campo etnográfico como un proceso dialógico y existencial. A continuación, se presentan los ejes temáticos resultantes de la interpretación hermenéutica.
| Documentos y autores | Fragmento | Análisis interpretativos |
|---|---|---|
| Geertz, C. (2003). La interpretación de las culturas. Gedisa. | La cultura como un conjunto de textos que los antropólogos se esfuerzan por leer por encima del hombro de aquéllos a quienes dichos textos pertenecen propiamente” | Esta idea plasmada en su texto nos lleva a interpretar le rol del etnógrafo como un sujeto que transita un mundo cargado de significados lo que deja al etnógrafo como un ser que se maneja entre dos mundos: las narrativas externas de los actores y su propia reflexividad interna. Esta debe interpretarse mediante una "descripción densa" para entender cómo las personas orientan su vida. |
Los resultados muestran que, a diferencia de las visiones positivistas, el trabajo de campo es una estrategia de inmersión profunda que permite desentrañar los simbolismos presentes en los modos de vida; el concepto in situ resulta fundamental para captar la espontaneidad de las interacciones sociales (Restrepo, 2016).
| Documentos y autores | Fragmento | Análisis interpretativos |
|---|---|---|
| Heller, A. (1987). Sociología de la vida cotidiana (2a. ed.). Península | el conjunto de actividades que reproducen la vida individual y social, caracterizada por ser heterogénea, jerárquica y el escenario donde el individuo particular (yo) se integra en la sociedad | Los resultados subrayan que la vida cotidiana como una esfera donde se conforma la subjetividad y la identidad social del sujeto. En esta realidad el etnógrafo actúa como un "desenmascarador" de mecanismos subyacentes, revelando capas de significado que lo rutinario suele ocultar |
El análisis revela que la cotidianidad no es un simple escenario de hábitos, sino un entramado de contradicciones y sentidos compartidos, en el que el etnógrafo busca desentrañar una trama de significados y describir una vida cotidiana cargada de simbolismo.
| Documentos y autores | Fragmento | Análisis interpretativos |
|---|---|---|
| Bourdieu, P., & Wacquant, L. J. D. (1995). Respuestas por una antropología reflexiva. Grijalbo. | La discusión sugiere que factores como el género, la etnia y la clase social del investigador influyen directamente en la percepción de la realidad explorada | La perspectiva de Bourdieu (1995) establece que el acto de conocimiento es, en sí mismo, un objeto de conocimiento, lo que otorga validez y credibilidad a los hallazgos etnográficos |
La validación de la reflexividad conduce a superar la neutralidad propia del positivismo: en el interpretativismo, el investigador se reconoce como un sujeto activo cuya presencia media en el contexto de estudio.
| Documentos y autores | Fragmento | Análisis interpretativos |
|---|---|---|
| Berger, P. L., & Luckmann, T. (1966). La construcción social de la realidad. Amorrortu Editores. | El etnógrafo no solo recolecta datos; participa en un ciclo continuo de recolección, análisis y reflexión donde el significado se refina a medida que se profundiza en el mundo social | Para Berger y Luckmann (1966), se discute que la realidad social se construye mediante interacciones compartidas y procesos de resignificación. El etnógrafo construye el conocimiento desde lo intersubjetivo. |
Finalmente, se observa que la creación de conocimiento es un proceso intersubjetivo, en el que la dialéctica y la dialógica resultan básicas para generar nuevos saberes desde la experiencia.
El análisis de estos ejes permite comprender que el trabajo de campo etnográfico trasciende la mera aplicación de instrumentos para convertirse en una experiencia transformadora. La vida diaria se revela como un espacio donde se forjan vivencias, valores y narrativas que dan sentido a la existencia social; el objetivo último no es solo describir la realidad, sino interpretar los sentidos que los actores le otorgan, reconociendo que el investigador también forma parte de esa construcción de significados.
El trabajo de campo se concibe como una experiencia transformadora que genera empatía e intercomprensión cultural. Su objetivo es capturar la vida tal como se vive en un contexto específico, en toda su espontaneidad y complejidad. Desde la perspectiva de los autores de este estudio, la esencia de la práctica etnográfica radica en la inmersión interactiva que, por medio de la observación participante, permite recopilar datos que revelan prácticas cotidianas y comprender cómo estas se articulan en un espacio vital.
Durante la fase de ejecución de la exploración in situ, el investigador se sumerge en un grupo humano de manera intersubjetiva y se convierte en un actor dentro del entramado social. Su estancia en el escenario de estudio es primordial, ya que implica una relación intercultural que facilita la conexión con las vivencias de los sujetos, cuya cosmovisión se vuelve una lente para comprender las dinámicas sociales endógenas del grupo.
La investigación de campo permite al investigador vivir y comprender las dinámicas internas de un grupo sus cosmovisiones, valores y prácticas culturales desde una relación empática. El diálogo constante permite al ser humano no solo ver el mundo de los otros, sino también verse a sí mismo en ese espacio vital. En consecuencia, la etnografía representa un espejo doble: uno que refleja la cultura estudiada y otro que muestra la lente a través de la cual se mira. Este proceso se convierte en la piedra angular que une la teoría con la práctica y al sujeto con los otros, y permite una comprensión más profunda y honesta de la experiencia humana, cimentada en una cosmovisión particular que moldea la realidad diaria y la identidad colectiva.
Se declara que el texto examina o reseña una obra de su propia autoría.
No existe conflicto de interés entre los/as autores/as del artículo.
Todo el conjunto de datos que respalda los resultados de este estudio fue publicado en el propio artículo.
Profesor Titular adscrito al Departamento de metodología de la investigación, adscrito al Instituto de Investigación para las ciencias administrativas, económicas, políticas y sociales Dra. Teresa Ayala, Adscrito al Instituto de Investigaciones Educativas “Dra.Nurys Marquez”, Doctor en Ciencias de la Educación, Doctor en Ciencias Sociales, M.Sc. Gerencia Financiera, Especialista en Metodología de la Investigación. Estudios Posdoctorales en Gerencia de la Educación Superior y Filosofía Educativa Nuestraamericana y Caribeña. Participante de la Maestría en Gerencia de la innovación. Director del Postgrado de la Universidad Politécnica Territorial del Zulia y Editor de la Revista Nuestramérica. Ultimas publicaciones en la revista contextualizaciones latinoamericanas-Mexico, "La mujer campesina wayuu: un retrato desde lo cotidiano y su lucha por un Nuevo Amanecer", publicado en el Número 33 (año 2025) de la revista. Y revista Sendero Pedagógico-Colombia título: “Percepción Sobre la Competencia Comunicativa como Acción Constructora del Aprendizaje” Vol. 18 Núm. 1 (2026): enero - junio
Profesora Titular adscrita al Departamento de Ciencias Pedagógicas. Adscrita al Instituto de Investigaciones Educativas “Dra.Nurys Márquez”, Dra. en Ciencias de la Educación, M.Sc Docencia para Educación Superior. Licenciada en Educación con áreas de énfasis en Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. Ultimas publicaciones en la revista contextualizaciones latinoamericanas, "La mujer campesina wayuu: un retrato desde lo cotidiano y su lucha por un Nuevo Amanecer", publicado en el Número 33 (año 2025) de la revista. Reedición del texto Saber hacer – Hacer saber: La práctica pedagógica investigativa. Una experiencia docente en aula desde lo social Editorial Clío
Magister en Gerencia Financiera, Licenciada en Administración mención Gerencia Industrial, Filiación académica: Docente del Programa Administración UNERMB, Instituto de Investigación para las ciencias administrativas, económicas, políticas y sociales Dra. Teresa Ayala. Investigador del proyecto de tesis doctoral Construcción de Identidades colectivas desde las narrativas territoriales: una cartografía social del Barrio Luis Homez adscrito al Instituto de Investigación educativa Dra Nurys Márquez, última publicación: Cartografía Social como herramienta de visualización de la identidad colectiva y el tejido social del Barrio Luis Homez en Revista de Filosofía Educativa Nuestramericana y caribeña.
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