
El presente artículo analiza la importancia de considerar el saber de sentido común y las representaciones sociales en la gestión educativa de Montería, Colombia, como un mecanismo para frenar la alienación de la sociedad moderna ante la revolución digital. Bajo un paradigma cualitativo-fenomenológico apoyado en el rigor del dato cuantitativo, la investigación asume al rector como el agente de primer nivel en la transformación social de los pueblos. Metodológicamente, se empleó la técnica de Clasificación Múltiple de Ítems (CMI) y una encuesta estructurada aplicada a diez directivos docentes, cuya confiabilidad alcanzó un coeficiente Alfa de Cronbach de 0.87. Los resultados cuantitativos revelan un núcleo central de la representación anclado en la ética y la rendición de cuentas (100 %), mientras que el análisis cualitativo evidencia un saber de sentido común que resiste a la tecnocracia mediante una ética de la proximidad. Se concluye que existe una brecha crítica en la valoración de la subjetividad, donde solo el 30 % de los líderes integra el diálogo de saberes en la innovación institucional. Por lo tanto, se recomienda fortalecer el autoconocimiento profesional para evitar que la gestión sucumba al «dataísmo», reafirmando que la transformación social auténtica emana del encuentro intersubjetivo y el arraigo territorial, y no exclusivamente de la eficiencia algorítmica.
This article analyzes the importance of considering common sense knowledge and social representations in educational management in Montería, Colombia, as a mechanism to halt the alienation of modern society in the face of the digital revolution. Under a qualitative-phenomenological paradigm supported by the rigor of quantitative data, the research assumes the principal as the first-level agent in the social transformation of communities. Methodologically, the Multiple Item Classification (CMI) technique and a structured survey applied to ten educational leaders were used, with a reliability reaching a Cronbach's Alpha coefficient of 0.87. Quantitative results reveal a central core of the representation anchored in ethics and accountability (100%), while qualitative analysis shows common sense knowledge that resists technocracy through an ethics of proximity. It is concluded that there is a critical gap in the valuation of subjectivity, where only 30% of leaders integrate the dialogue of knowledges into institutional innovation. Therefore, it is recommended to strengthen professional self-knowledge to prevent management from succumbing to “dataism,” reaffirming that authentic social transformation emanates from intersubjective encounters and territorial roots, and not exclusively from algorithmic efficiency.
La sociedad actual atraviesa transformaciones radicales en los ámbitos político, económico, cultural y educativo, que obligan al ser humano a adoptar nuevas perspectivas para adaptarse. En Montería, Colombia, esta dinámica se manifiesta en la gestión social y educativa, donde el líder se convierte en un actor significativo al que el Estado y la sociedad delegan crecientes responsabilidades. Surge, no obstante, una problemática crítica cuando la racionalidad técnica y la revolución digital pretenden desplazar el saber de sentido común: como advierte Harari (2016), el avance del dataísmo amenaza con sustituir el juicio humano por algoritmos.
El saber de sentido común no es una forma inferior de conocimiento, sino la base sobre la cual se construyen las representaciones sociales (RS) para responder a las crisis y a los cambios del entorno. Mientras el sentido común proporciona la estabilidad necesaria para la vida diaria, las RS actúan como mecanismos de actualización que permiten a las comunidades procesar información compleja y transformarla en guías para la acción. Reconocer esta jerarquía de saberes es fundamental para que cualquier intervención sea percibida como legítima y coherente con el imaginario local.
La evolución teórica del saber de sentido común y de las representaciones sociales puede sintetizarse en cinco hitos, que se presentan en la Tabla 1.
| Hito teórico | Autor(es) y año | Aporte principal a la comunidad científica |
|---|---|---|
| Fundamentación fenomenológica | Husserl (1936); Schutz (1962) | Establece el Lebenswelt (mundo-de-la-vida) como el sustrato de toda experiencia humana, validando el conocimiento cotidiano como el eje donde el sujeto actúa y suspende la duda pragmática. |
| Construcción intersubjetiva | Berger y Luckmann (1966) | Define el sentido común como un depósito social de significados institucionalizados que permite la cohesión social y la habituación de conductas en un territorio compartido. |
| Operatividad psicosocial | Moscovici (1979); Jodelet (1984) | Transforma el sentido común en un proceso dinámico de conocimiento ingenuo mediante la objetivación y el anclaje, permitiendo que la comunidad asimile lo extraño y lo convierta en familiar. |
| Estructuración cognitiva | Farr (1984); Abric (2001) | Aporta la noción de RS como sistemas con lógica propia y un núcleo central estable que organiza el significado global de la representación y guía la toma de decisiones. |
| Validación de la subjetividad | Crespo-Gascón, García-Revilla y Martínez-Moure (2025) | Valida las RS en la pospandemia como motores de sostenibilidad, ética y empatía, integrando el saber de sentido común con la responsabilidad social y el desarrollo humano territorial. |
Este recorrido va desde la fundamentación fenomenológica, que valida el mundo-de-la-vida como sustrato de la experiencia (Husserl, 1936; Schutz, 1962), hasta la validación contemporánea de las RS como motor de sostenibilidad, ética y empatía (Crespo-Gascón, García-Revilla y Martínez-Moure, 2025), pasando por la construcción intersubjetiva del significado (Berger y Luckmann, 1966), su operatividad psicosocial (Moscovici, 1979; Jodelet, 1984) y su estructuración cognitiva en torno a un núcleo central estable (Farr, 1984; Abric, 2001).
Frente a la despersonalización que generan las tecnologías emergentes, las RS operan como un mecanismo de defensa cultural que permite filtrar innovaciones sin perder la esencia humana; el líder social contemporáneo debe ser, así, un gestor de significados. El saber de sentido común actúa además como ancla de realidad frente a la desmaterialización de la experiencia: Postman (1993) advierte del tecnopolio, donde la sociedad rinde su soberanía a la tecnología; Bauman (2000) describe la fragilidad de los lazos humanos en la modernidad líquida; Habermas (1981) reivindica la acción comunicativa frente a la eficiencia instrumental; y Han (2014) muestra cómo la psicopolítica explota la psique mediante el consumo y el rendimiento. Validar la subjetividad devuelve a la comunidad la capacidad de dotar de sentido humano a los procesos tecnológicos.
En Montería, donde el saber de sentido común ha sido eje de la cohesión social, rendirse a la lógica de que los datos conocen mejor nuestros deseos que nosotros mismos, arriesga soluciones asépticas que ignoran el anclaje emocional y los sistemas de valores que constituyen el núcleo de la responsabilidad ética. En ese escenario, el estudio de las representaciones sociales se convierte en un acto de resistencia que devuelve legitimidad a la subjetividad y al arraigo territorial. Este artículo asume al rector como agente de primer nivel en la transformación social de los pueblos y sostiene que la ética de la proximidad es la vía para que la innovación tecnológica no borre la diversidad de lo cotidiano, manteniendo al ser humano como productor de sentido.
En coherencia con lo anterior, el objetivo de esta investigación es analizar la importancia del saber de sentido común y de las representaciones sociales en la gestión educativa de Montería, e identificar el núcleo central y el sistema periférico de la representación social de los directivos docentes en torno a su rol como dinamizadores de la transformación social.
La investigación se fundamenta en un diseño que integra el rigor del dato cuantitativo con la profundidad del análisis cualitativo, de modo que el dato estadístico valide el reconocimiento de los rectores como responsables del primer nivel de transformación social. Como señala Hernández-Sampieri et al. (2014), en el enfoque cuantitativo, los datos guardan relación con puntuaciones numéricas que se analizan con métodos estadísticos para probar hipótesis o describir fenómenos» (p. 4). Bajo esta premisa, la investigación es de tipo descriptiva-explicativa, orientada a especificar las propiedades y los rasgos del fenómeno social observado.
En el plano cualitativo, y siguiendo a Taylor y Bogdan (1987), el investigador debe ver las cosas desde el punto de vista de los otros (p. 20), reconociendo que los rectores son actores sociales que producen sentidos colectivos. Se trabajó con una muestra censal o intencional que permite captar la frecuencia de sus categorías mentales, asegurando que la voz del líder educativo sea la fuente primaria para identificar la estructura de la responsabilidad social en el territorio.
La población objeto de estudio estuvo conformada por los diez (10) directivos docentes (rectores) de instituciones educativas del municipio de Montería, cuyo rol fue vital para comprender la realidad educativa desde sus protagonistas.
El componente cuantitativo proporciona la estructura de frecuencias que sustenta la validez de las representaciones sociales identificadas. Para ello se emplearon la técnica de Clasificación Múltiple de Ítems (CMI) y una encuesta estructurada; la tabulación de los datos permitió identificar el núcleo central de la representación y las dimensiones prioritarias para los directivos. Esta necesidad de cuantificar las percepciones se respalda en Kerlinger (1986), para quien la medición es la asignación de numerales a objetos o eventos según ciertas reglas (p. 439).
Para garantizar la robustez del estudio se aplicaron criterios de validez y confiabilidad. La validez se obtuvo mediante el juicio de expertos y la triangulación entre el discurso cualitativo del sentido común y la frecuencia estadística de las representaciones sociales, buscando la credibilidad de los hallazgos. Según Sandín (2003), la validez cualitativa implica que el estudio «refleje fielmente la realidad o los significados de los participantes (p. 186). El uso de cuadros de categorización permitió que el dato estadístico guiara la interpretación, minimizando el sesgo del investigador. El instrumento arrojó un valor de confiabilidad de 0.87 que, de acuerdo con George y Mallery (2003), se califica como bueno al superar el umbral de 0.80.
La matriz de categorización descompone el saber de sentido común en unidades de análisis manejables. La Tabla 2 organiza el discurso de los diez rectores para evidenciar la tensión entre la gestión humana y la alienación técnica.
| Categoría apriorística | Subcategoría emergente (saber de sentido común) | Definición fenomenológica | Hallazgo del discurso (la voz del rector) |
|---|---|---|---|
| Responsabilidad social | Ética de la proximidad | El compromiso se valida en el encuentro cara a cara y el reconocimiento del otro. | La gestión no es enviar correos; es salir a la plaza, hablar con el padre y sentir el barro del pueblo. |
| Gestión educativa | Resistencia a la tecnocracia | Capacidad crítica para adaptar la norma administrativa a la realidad humana local. | El Ministerio pide datos y conectividad, pero mi sentido común me dice que primero necesito que el niño coma. |
| Transformación social | Liderazgo situado | Reconocimiento del rector como el eje moral que cohesiona la comunidad. | Si el rector no se mete en los problemas del pueblo, la escuela es solo un edificio de cemento frío |
| Saber de sentido común | Intuición pedagógica | Conocimiento derivado de la experiencia que guía la toma de decisiones en la incertidumbre. | Hay cosas que el manual no enseña; uno sabe por puro ojo cuándo una familia está en crisis y necesita ayuda. |
La interpretación de la matriz permite ver que el saber de sentido común en los rectores de Montería no es un conocimiento residual, sino una estructura de pensamiento sofisticada que actúa como barrera contra la alienación. En la subcategoría de ética de la proximidad, el directivo fundamenta su autoridad en la presencia física y el reconocimiento del otro, en contraste con la lógica digital que tiende a desmaterializar las relaciones humanas. Para el rector, la gestión social no es un flujo de datos en una plataforma administrativa, sino un compromiso ético que se valida en el barro y en la plaza pública; ese saber cotidiano conserva el calor humano que los algoritmos, en su frialdad estadística, no pueden replicar.
Asimismo, emerge con fuerza la resistencia a la tecnocracia como manifestación de las representaciones sociales sobre el poder y la autonomía. El discurso de los rectores revela una tensión constante entre el deber ser normativo, dictado por métricas globales de eficiencia, y el «querer ser» comunitario, impulsado por las necesidades reales de sus estudiantes.
En el plano cuantitativo, la Tabla 3 sintetiza la frecuencia con que los diez rectores anclan su representación social en cada dimensión.
| Dimensiones de la representación social | Frecuencia (n = 10) | % de acuerdo | Opiniones divergentes / limitaciones identificadas |
|---|---|---|---|
| Ética y rendición de cuentas | 10 | 100 % | La ética se percibe como un deber administrativo ineludible. |
| Transformación social del pueblo | 9 | 90 % | Se reconocen como líderes, pero uno de los rectores (10 %) disiente del rol político. |
| Justicia y equidad territorial | 6 | 60 % | El 40 % no vincula su gestión con el impacto directo en la pobreza local. |
| Autoconocimiento profesional | 4 | 40 % | La mayoría (60 %) prioriza la norma técnica sobre la reflexión de su propia subjetividad. |
| Innovación y diálogo de saberes | 3 | 30 % | Solo el 30 % considera el saber de sentido común como base para la innovación escolar. |
El dato estadístico revela una limitación profunda en el sistema periférico de la representación: aunque existe un consenso del 100 % en la ética y rendición de cuentas, este disminuye drásticamente al evaluar la innovación y el diálogo de saberes (30 %). Esta dispersión demuestra que, si bien los rectores se sienten responsables administrativamente, existe resistencia o falta de herramientas para integrar el saber de sentido común en la gestión técnica.
El 60 % de los directivos muestra una desconexión con el autoconocimiento profesional, lo que indica que la gestión social en Montería corre el riesgo de volverse mecanicista. La medición de estas variables (Kerlinger, 1986) permite observar que la transformación de los pueblos está limitada por una visión funcionalista en la que el 70 % de los líderes aún no reconoce el potencial del conocimiento cotidiano para frenar la alienación. La identidad colectiva de los rectores queda en tensión: se debaten entre ser funcionarios que cumplen procesos o sujetos sociales que dinamizan imaginarios.
La convergencia entre los hallazgos empíricos y los referentes teóricos revela una tensión dialéctica entre la gestión técnica y la dimensión humana del directivo docente. Si bien el 100 % de los rectores ancla su representación social en la ética y la transparencia, la limitación detectada en la valoración del saber de sentido común (solo el 30 % de acuerdo) expone una vulnerabilidad crítica ante la revolución digital. Esta zona de baja frecuencia coincide con lo que Harari (2016) define como la transición hacia el dataísmo, donde la autoridad humana es cedida gradualmente a los algoritmos. Si el rector no reconoce su saber cotidiano como fuente legítima de innovación, su gestión queda reducida a una ejecución mecánica de datos y pierde su esencia como agente de transformación social de primer nivel.
La fractura de opinión observada en la justicia y equidad territorial (60 %) sugiere que una parte significativa de los líderes aún no vincula la cultura organizacional con el impacto directo en la pobreza local. Esta desconexión es síntoma de una sociedad moderna alienada que, en palabras de Bauman (2000), fluye en una modernidad líquida donde los vínculos con el territorio se diluyen. Al contrastar este dato con la visión de Han (2014), se evidencia que la presión por la eficiencia y la certificación ha desplazado el autoconocimiento profesional al último lugar de las prioridades (40 %): es la psicopolítica en acción, en la que el directivo se autoexplota en la técnica y descuida la subjetividad que le permitiría ser dinamizador de imaginarios y no un simple administrador de sistemas.
No obstante, el robusto núcleo central detectado en la transformación de los pueblos (90 %) ofrece un camino de resistencia. Este alto consenso indica que, pese a la alienación ambiental, el rector conserva un residuo de autoridad humana que se resiste a la despersonalización. Según Crespo-Gascón et al. (2025), en el escenario posdigital la única vía para frenar la obsolescencia del liderazgo es la recuperación de la ética de la proximidad. Los resultados muestran que en Montería existe la base para ese rescate, pero requiere que el 70 % de los directivos que hoy ignora el diálogo de saberes comprenda que la verdadera innovación social no proviene de la inteligencia artificial, sino del encuentro intersubjetivo en el mundo de la vida.
En conjunto, la discusión permite advertir que la gestión social en Montería se encuentra en una encrucijada. Los datos validan que el rector tiene conciencia de su rol transformador, pero la agresión cultural de la era digital ha debilitado los elementos periféricos de su representación. Como sostiene Postman (1993), el peligro no es que la tecnología resuelva problemas, sino que se convierta en la única forma de ver el mundo. Fortalecer el saber de sentido común no es, por tanto, un retroceso romántico, sino una necesidad científica y política para que la educación siga siendo motor de equidad y el líder educativo se mantenga como baluarte de lo humano frente al avance del procesamiento de datos.
La investigación permite concluir que existe una tensión dialéctica persistente entre la tecnificación de la gestión educativa y el saber de sentido común de los rectores en Montería. Aunque los datos reflejan un compromiso absoluto con la ética y la transparencia, la desconexión observada en el sistema periférico de las representaciones sociales donde solo el 30 % valora el diálogo de saberes revela un síntoma de alienación. El riesgo, analizado desde Harari (2016), es que la gestión se convierta en una estructura dataísta en la que el rector pierda su autoridad humana frente al flujo de información técnica.
No obstante, la validación del saber de sentido común emerge como el principal mecanismo de resistencia. Los hallazgos cualitativos demuestran que, a pesar de la alienación ambiental, los rectores conservan una ética de la proximidad que prioriza el territorio sobre la métrica. Se concluye que el directivo docente es, efectivamente, el agente de primer nivel en la transformación social de los pueblos, siempre que su práctica esté anclada en la intersubjetividad. La transformación social no es un resultado de la revolución digital, sino un proceso de significación colectiva en el que la escuela protege la diversidad de lo cotidiano frente a la homogeneización de los entornos virtuales.
Frente a estos hallazgos, se recomienda a las instituciones educativas de Montería y a los entes territoriales iniciar un proceso de re-humanización de la gestión social, trascendiendo el modelo de funcionario administrador para consolidar la figura del líder como dinamizador de imaginarios. Ello implica crear espacios de autoconocimiento profesional donde los rectores reflexionen sobre sus propias representaciones sociales y fortalezcan el núcleo central de su labor mediante el diálogo de saberes, entendiendo la gestión como un acto de cuidado y responsabilidad ética ante el otro.
Asimismo, se sugiere integrar el saber de sentido común en el diseño de las políticas públicas locales: la innovación escolar no debe venir impuesta por modelos de calidad asépticos, sino de la sistematización de las experiencias e intuiciones pedagógicas de quienes habitan el territorio. Para frenar la alienación digital, la recomendación fundamental es fortalecer la ética de la proximidad, incentivando un liderazgo que utilice la tecnología como herramienta supeditada al bienestar humano, de modo que la revolución digital sirva para conectar personas y no para procesar sujetos.
No existe conflicto de interés entre los/as autores/as del artículo.
Todo el conjunto de datos que respalda los resultados de este estudio fue publicado en el propio artículo.
Doctora en Educación, Magíster en Administración de Empresas e Innovación, Especialista en Gerencia de Servicios Sociales y Administradora de Empresas. Académica, investigadora y directiva universitaria. Con más de 26 años de trayectoria en educación superior, actualmente Decana de la Escuela de Negocios de la Corporación Universitaria Americana. Su experiencia se concentra en liderazgo y gestión académica, transformación institucional, internacionalización, aseguramiento de la calidad.
Doctorado en Ciencias Sociales (Esperando grado, en la Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt”, Magister en Gerencia de Recursos Humanos, Licenciada en Publicidad y Relaciones Publicas, Universidad del Zulia.
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