
En este artículo se analiza la investigación artística como un campo de conocimiento abierto, en el cual la experiencia asume un rol central, donde el arte actúa como catalizador de reflexiones y promotor de construcciones significativas y subjetivas, dado que surge de la acción humana. Se analiza la mediación artística como práctica cultural desde una perspectiva plural, que incorpora aportaciones de la sociología del arte sin limitarse a un único marco teórico. La propuesta de promoción artística participativa que aquí se presenta, aspira a superar el modelo de intervención predominante, tanto en el plano teórico como en el práctico. Se plantea un enfoque basado en el diálogo y el acercamiento al patrimonio cultural universitario. El objetivo principal estuvo dado en fundamentar el proceso de mediación artística en la promoción de las artes visuales con valores patrimoniales en la comunidad universitaria de la Universidad de Pinar del Río.
This article analyzes artistic research as an open field of knowledge in which experience plays a central role, where art acts as a catalyst for reflection and promoter of meaningful and subjective constructions, given that it arises from human action. Artistic mediation is analyzed as a cultural practice from a plural perspective, incorporating contributions from the sociology of art without being limited to a single theoretical framework. The proposal for participatory artistic promotion presented here aims to overcome the predominant intervention model, both theoretically and practically. An approach based on dialogue and an approach to university cultural heritage is proposed. The main objective was to base the artistic mediation process on the promotion of visual arts with heritage values in the university community of the University of Pinar del Río.
En la actualidad el ser humano interactúa de manera constante con el arte, las tradiciones y las costumbres de su comunidad; lo que contribuye a la satisfacción personal y en consecuencia, a la mejora de la calidad de vida personal, accionar participativo que puede considerarse como una forma de promoción cultural.
Comprendida como derivación metodológica de la educación artística y de la animación sociocultural, la mediación configura un ejercicio analítico no jerárquico entre la obra, el mediador, la institución y un público activo, reflexivo y crítico que dialoga con la creación en lugar de limitarse a contemplarla.
En el contexto cubano, el estímulo a la creación artística auténtica constituye una necesidad apremiante, especialmente en el ámbito universitario, allí se asume un doble compromiso; ser agentes activos de la vida cultural y espacios de generación de saberes. Esta condición exige una revisión crítica de sus prácticas institucionales para consolidar entornos que favorezcan el debate, la reflexión estética, el diálogo interdisciplinario y el pensamiento crítico (Cabrera et al., 2020). En este marco, el quehacer cultural universitario puede entenderse como un conjunto articulado de procesos que viabilizan el acceso equitativo a las manifestaciones artísticas y fortalecen la identidad colectiva en el entorno académico, contribuyendo así al desarrollo personal y comunitario (González, 2018). Tales procesos, además, están estrechamente vinculados a la dinamización de las industrias creativas en relación con la academia, lo que facilita la interacción entre producción simbólica, educación y ciudadanía. En este sentido, la mediación artística cobra especial relevancia al ser asumida, muchas veces de forma empírica, como un mecanismo que facilita la apreciación de la obra y también compromete activamente a quienes participan en su circulación, formación de públicos y gestión cultural (Martínez & Suárez, 2021)
Pensar la mediación artística dentro de procesos formativos conlleva a entender que el desarrollo del arte con valores patrimoniales ofrece nuevas vías de transformación social y abre alternativas culturales hacia una existencia más digna, justa y humana. En este proceso, la experiencia vital se convierte en un recurso pedagógico que estimula a los sujetos a reflexionar críticamente sobre su realidad. Así, las denominadas situaciones límite, son entendidas como retos estructurales y existenciales, a la vez que se transforman en “oportunidades educativas que abren paso a los inéditos viables” (Freire, 1992, p.9).
Para Freire (1992) la vivencia existencial actúa como mediación pedagógica al orientar a los educandos en el análisis de sus propios problemas, lo que va generando las condiciones necesarias para una participación independiente. Por lo que, vista desde esta perspectiva, la educación mediadora facilita la acción transformadora sobre el mundo y, simultáneamente, el diálogo reflexivo sobre esa acción, integrando realidad y reflexión. A su vez Barbosa (2022) concibe la mediación artística como un proceso dialógico en el que confluyen los estudiantes y docentes, los espacios pedagógicos y los entornos informales.
Barbosa (2002) sitúa al arte en el centro de los procesos pedagógicos orientados a la transformación social, y muestra cómo dichas prácticas, diseñadas desde una perspectiva socioeducativa, devienen instrumentos de cohesión y autonomía comunitaria.
Rey, Gil-Gayo, Claver, y Casla (2023) sostienen que, en el entorno universitario, “la relatoría gráfica trasciende el mero registro visual de ideas y emociones generadas en encuentros digitales” (p.22). Al incorporar referencias al patrimonio del campus universitario como su arquitectura, su histórica, las colecciones artísticas y los emblemas institucionales, esta herramienta establece un puente entre lo virtual y lo tangible, robustece la memoria colectiva y el sentido de pertenencia de toda la comunidad académica.
Al respecto Peña (2024) presenta la mediación artística como un dispositivo de exploración identitaria, a través de retratos a tres tiempos donde el estudiantado articula y revisita su biografía estética. A la par que Herrera (2024) demuestra que integrar los Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS- en la mediación artística amplía su alcance formativo.
En este sentido, Barbosa (2002) aporta a la mediación artística desde el punto de vista teórico al destacar el valor de los talleres colaborativos con organizaciones comunitarias como instrumentos de reconstrucción social y empoderamiento en entornos de exclusión. Estos planteamientos revelan cómo la mediación artística configura espacios horizontales de socialización del conocimiento, en los que la relación obras-visitantes-mediador se convierte en un proceso compartido, en lugar de un discurso centrado en una sola voz.
Se coincide con Gándora-Vázquez (2021), quien propone la necesidad de interpretación y educación del patrimonio a partir de espacios formativos y de desarrollo de conocimientos, que permitan la compresión de valores patrimoniales y permita educar a los mediadores. Del mismo modo, al articularse estos elementos, las actividades de mediación trascienden la transmisión de contenidos y promueven la reflexión crítica, la negociación de significados y la construcción colaborativa de conocimiento.
Los autores coinciden en que la mediación artística no busca enseñar arte por sí mismo, sino desplazar la creación artística hacia un rol transformador con la finalidad de instrumentar el arte como medio para problematizar la realidad, estimular la corresponsabilidad social y dotar a los participantes de herramientas sensibles y críticas para repensar su entorno.
En el ámbito universitario, este modelo se despliega mediante programas híbridos con sesiones presenciales en galerías y talleres en línea, en los cuales estudiantes, docentes y agentes externos diseñan conjuntamente proyectos de arte contemporáneo con impacto comunitario. Al vincular a la ciudadanía en cada fase, desde la identificación de problemáticas hasta la ejecución de intervenciones, se impulsa el activismo cultural y se estrechan los vínculos entre la academia y su entorno social.
Para ello, la mediación artística demanda un conocimiento profundo de la institución, las obras, el público y el contexto social en el que opera. Su naturaleza abierta y flexible impide trazar un camino lineal o prever resultados específicos; se trata de un proceso dinámico, sujeto a múltiples interpretaciones y siempre en evolución. De esta forma, concebir el entorno, sienta las bases para que los sujetos reconozcan su situación, dialoguen y encuentren soluciones y con ello les permita reflexionar el arte como mediación social.
En consecuencia, quienes ejercen la mediación artística deben aspirar a una superación profesional continua, elevando su formación estética y consolidando valores que potencien su incidencia social.
En América Latina, la creación de públicos se ha visto fortalecida a través de la mediación artística participativa, un enfoque que resulta especialmente pertinente para el presente estudio, porque integra los procesos de promoción cultural con una amplia variedad de recursos y herramientas, aplicables en contextos educativos.
La experiencia latinoamericana respalda esta perspectiva. En diversos países se han desarrollado programas de mediación participativa que articulan la labor de docentes, estudiantes y entidades culturales locales; las cuales muestran el potencial de las instituciones académicas para actuar como agentes de transformación social y promover procesos de inclusión desde una dimensión cultural.
Un ejemplo representativo lo constituye la experiencia de la Universidad de Chile, que desarrolla un plan de formación en mediación artística dirigido a estudiantes de pregrado: integra contenidos teóricos con prácticas en liceos de alta vulnerabilidad, con el propósito de ampliar el acceso a la cultura, fortalecer el capital cultural de la juventud y establecer vínculos sostenibles entre la educación media y la superior (Universidad de Chile, 2023).
De este modo, la promoción cultural universitaria se establece, como un proceso dinámico y continuo, capaz de vincular temporalidades y realidades diversas para estimular la participación activa de la comunidad académica. Por lo que concebirla como una estrategia comunicativa requiere de acciones en función de las necesidades, intereses y preferencias de públicos heterogéneos, especialmente del estudiantado de pregrado. Estas experiencias de mediación participativa tienen un doble impacto, enriquecen el desarrollo de las artes visuales y, simultáneamente, estimulan la cohesión comunitaria, el desarrollo de competencias críticas y el empoderamiento cultural de sus participantes.
Para avanzar en esta dirección, resulta necesario anticipar los resultados esperados, establecer objetivos precisos y sustentar cada iniciativa sobre una base investigativa rigurosa que respalde su pertinencia y eficacia. Del mismo modo, la articulación institucional y la adopción de un enfoque multidisciplinario se tornan elementos clave para consolidar una comunidad universitaria inclusiva, creativa y orientada a la cooperación. Como señalan García y Restrepo (2021), el trabajo colaborativo entre disciplinas y actores institucionales fortalece las capacidades transformadoras de la universidad, al vincular la producción de conocimiento con el compromiso ético y social.
El estudio del patrimonio cultural universitario, desde un enfoque amplio e integrador, destaca el papel que desempeña la educación patrimonial como mediadora entre saberes y valores sociales. La formación de profesionales con una comprensión compleja del entorno requiere metodologías interdisciplinares, capaces de abordar el patrimonio como objeto de análisis compartido entre distintas áreas del conocimiento. Este tipo de aproximaciones resulta pertinente tanto en términos académicos como pedagógicos, al ofrecer herramientas conceptuales que faciliten interpretar las estructuras históricas, sociales y culturales que configuran el patrimonio (González-Varas, 2019).
En el marco de la Promoción Cultural Universitaria (PCU), el campus se concibe como un espacio pedagógico donde confluyen saberes, identidades y memorias colectivas. La gestión de estos procesos trasciende la conservación material del patrimonio y se orienta hacia prácticas que integran dimensiones educativas, éticas y sociales, con el propósito de fortalecer el pensamiento crítico y el vínculo activo con el entorno (Martínez, 2020).
El presente estudio tuvo como objetivo proponer acciones orientadas a fortalecer los procesos formativos vinculados a las artes visuales con valores patrimoniales y a la formación de públicos en el ámbito universitario. Las estrategias formuladas están dirigidas tanto a mediadores culturales como a estudiantes de la Universidad de Pinar del Río, Cuba. Asimismo, se examina el papel que desempeña esta práctica educativa en la construcción de vínculos significativos entre el patrimonio visual y las audiencias académicas. De acuerdo con Hernández (2021), su incorporación en entornos formativos favorece el desarrollo de experiencias estéticas enriquecedoras y amplía las posibilidades de participación activa en la vida cultural universitaria.
La investigación se desarrolló desde el método dialéctico-materialista, con un enfoque dialógico e interactivo orientado al análisis de estrategias de co-creación y socialización del patrimonio, las cuales favorecen procesos de apropiación cultural y fortalecen el sentido de pertenencia. Se adoptó una perspectiva cualitativa que permitió analizar las prácticas culturales universitarias desde un enfoque participativo vinculado al arte y la educación patrimonial.
Entre los métodos empíricos empleados se destaca el análisis documental, pertinente para caracterizar el estado actual de las acciones formativas vinculadas a las artes visuales con valor patrimonial. Este procedimiento facilitó estudiar programas, estrategias institucionales y el currículo base de la carrera Gestión para el Desarrollo Sociocultural. La revisión bibliográfica contribuyó a delimitar conceptualmente categorías como patrimonio, comunidad y dinamización cultural, en diálogo con las propuestas teóricas de Prats (2005) y García Canclini (2015).
De igual forma, se aplicaron métodos teóricos como la sistematización y el análisis histórico-lógico, junto con procedimientos del pensamiento científico —análisis-síntesis e inducción-deducción— que guiaron el desarrollo de la investigación y posibilitaron la relación entre los hallazgos empíricos y los marcos interpretativos.
A través de la observación participante se conoció el desempeño de los actores encargados de facilitar los procesos culturales, mediante el registro sistemático de las transformaciones derivadas de las acciones institucionales, con apoyo en fuentes visuales como obras plásticas, registros audiovisuales e intervenciones en el espacio público. Las entrevistas semiestructuradas ofrecieron la posibilidad de establecer un diálogo reflexivo con mediadores, docentes y estudiantes, con el fin de recoger percepciones relacionadas con los efectos formativos de estas prácticas. Las encuestas aplicadas al estudiantado resultaron pertinentes para obtener información sobre su experiencia en actividades colaborativas, mientras que el estudio de caso facilitó un análisis detallado de quince murales y ocho esculturas localizadas en la universidad, creadas en el marco de proyectos artísticos participativos. De acuerdo con Hernández-Hernández y Sancho-Gil (2015), este tipo de enfoque contribuye a comprender las dinámicas culturales desde una perspectiva situada, que articula lo estético, lo pedagógico y lo social.
Los resultados derivados de la aplicación de los instrumentos metodológicos evidencian que el concepto de mediación artística se encuentra presente en diversas disciplinas, entre ellas la resolución de conflictos, la comunicación, la psicología, la pedagogía, la estética, la semiótica y las artes. Esta transversalidad sugiere que cualquier campo relacionado con las interacciones sociales y simbólicas requiere su análisis y consideración. En términos generales, se concibe este proceso como una unidad dialéctica que vincula instrucción y educación, conocimiento y comunicación, en un continuo de transformación cultural (Bourdieu, 2003).
Asimismo, se constató que las prácticas artísticas colaborativas desarrolladas en la Universidad de Pinar del Río “Hermanos Saíz Montes de Oca” (UPR) contribuyen a la revitalización del patrimonio visual universitario. De acuerdo con Felipe (2018), este tipo de patrimonio incluye los edificios históricos, las colecciones artísticas, los saberes locales que circulan en el espacio académico. En esta perspectiva, el patrimonio cultural universitario se considera un recurso activo que fortalece el sentido de pertenencia y favorece la cohesión de la comunidad educativa.
El análisis también incorporó el estudio de los murales universitarios, en tanto expresiones visuales que comunican narrativas históricas y culturales. En el caso de la UPR, estas obras representan episodios relevantes de la lucha revolucionaria y símbolos locales que estimulan la reflexión colectiva, al mismo tiempo que transforman el campus en un espacio de memoria compartida y diálogo intergeneracional.
Entre los modelos más significativos orientados al vínculo entre arte, patrimonio y educación destacan los siguientes:
-Educación patrimonial basada en la experiencia: este enfoque propone metodologías activas que conectan el conocimiento académico con la interacción directa con bienes patrimoniales. Incluye:
Talleres prácticos acompañados de recorridos guiados temáticos, orientados a conocer el contexto histórico y simbólico de las obras. También se desarrollan actividades de conservación y reproducción, donde los participantes manipulan materiales vinculados al acervo artístico local.
Talleres de co-creación, en los que estudiantes y facilitadores elaboran producciones conjuntas, reinterpretan murales existentes o desarrollan intervenciones sobre esculturas. Estas actividades integran saberes técnicos, simbólicos y comunitarios, favoreciendo procesos dialógicos entre la creación y la reflexión (Barrios & López, 2020).
-Proyectos comunitarios de arte en el espacio público: estas experiencias ubican las expresiones artísticas en espacios abiertos —barrios, plazas, corredores universitarios—, activando la participación colectiva en todas sus fases, desde la conceptualización hasta la realización de las obras. De este modo, se generan dinámicas de apropiación estética y cultural que fortalecen la cohesión social en contextos educativos (Hernández & Martínez, 2017).
El Monumento a los Hermanos Saíz Montes de Oca, ubicado frente al edificio docente del campus de la sede central, es una escultura del reconocido artista Enrique Ávila González y se erige como emblema de la memoria histórica y cultural de la universidad y la provincia. Su presencia refuerza la identidad colectiva y funciona como punto de encuentro para dialogar sobre el legado de los mártires Saíz Montes de Oca.
Como resultado de las observaciones realizadas, se identificó que el diálogo biográfico con las obras suscitó reflexiones críticas en torno a las realidades sociales, históricas y culturales de la comunidad universitaria. Esta interacción favoreció la comprensión del patrimonio artístico como una vía para el conocimiento situado y reveló la necesidad de integrar enfoques interdisciplinarios en los procesos educativos (Arriaga & Domínguez, 2021). Asimismo, el intercambio con especialistas permitió reconocer el valor simbólico, histórico y formativo del entorno universitario, así como la riqueza de las instituciones que lo configuran como un espacio de memoria y creación colectiva (Vega & Salazar, 2019).
La mediación artística participativa: pone en diálogo activo a creadores, mediadores e interlocutores. A diferencia del modelo tradicional de recepción pasiva, este enfoque incentiva la interacción, el intercambio de significados y la apropiación cultural. En el ámbito universitario, articula el patrimonio con la formación académica, enriqueciendo la experiencia de aprendizaje.
Relación entre arte, patrimonio y comunidad universitaria: las artes visuales con valores patrimoniales actúan como puente entre la historia y la identidad institucional. Obras como el mural de Joaquín Crespo Manzano en la rectoría de la Universidad “Hermanos Saíz Montes de Oca” encapsulan narrativas revolucionarias y culturales que fortalecen el sentido de pertenencia. La mediación artística activa estos espacios, convirtiéndolos en escenarios de conocimiento, preservación y construcción colectiva de memoria.
Modelos de intervención en la promoción de las artes visuales: tradicionalmente, la difusión de las artes visuales se ha basado en exhibiciones pasivas y recorridos unidireccionales. La mediación artística participativa y crítica propone, en cambio, convertir la experiencia estética en un proceso interactivo, en el que el público deja de ser receptor pasivo para convertirse en coautor de significados.
Educación patrimonial basada en la experiencia: este enfoque propone metodologías activas que relacionan el conocimiento académico con la interacción directa con bienes patrimoniales. Incluye:
Talleres prácticos acompañados de recorridos guiados temáticos, orientados a conocer el contexto histórico y simbólico de las obras. También se desarrollan actividades de conservación y reproducción, donde los participantes manipulan materiales vinculados al acervo artístico local.
Talleres de co-creación, en los que estudiantes y facilitadores elaboran producciones conjuntas, reinterpretan murales existentes o desarrollan intervenciones sobre esculturas. Estas actividades integran saberes técnicos, simbólicos y comunitarios, favoreciendo procesos dialógicos entre la creación y la reflexión (Barrios & López, 2020).
Proyectos comunitarios de arte en el espacio público: estas experiencias ubican las expresiones artísticas en espacios abiertos —barrios, plazas, corredores universitarios—, activando la participación colectiva en todas sus fases, desde la conceptualización hasta la realización de las obras. De este modo, se generan dinámicas de apropiación estética y cultural que fortalecen la cohesión social en contextos educativos (Hernández & Martínez, 2017).
Estos modelos comparten un énfasis en la práctica, el diálogo y la reflexión crítica como motores para generar un vínculo más profundo entre el patrimonio visual y los públicos universitarios.
Se pudo constatar que, en Cuba, la mediación artística ha estado tradicionalmente circunscrita a los programas formales de educación artística, con escasa presencia en espacios culturales institucionales. Sin embargo, en los últimos años se aprecian iniciativas para 'institucionalizar' estas prácticas, aunque su puesta en marcha a nivel nacional aún continúa de forma gradual. A la vez que se hace palpable la necesidad de contar con marcos institucionales que ofrezcan recursos técnicos, formación especializada y convenios institucionales para vincular al estudiantado y visibilizar proyectos expositivos en el ámbito académico.
El enfoque participativo en mediación artística trasciende la mera observación, lo que implica sumergir a la comunidad académica en procesos de creación y apreciación conjunta.
Las Estrategias comunes incluyen:
Recorridos comentados por murales y esculturas, en los que mediadores y estudiantes analizan en grupo simbolismos, técnicas y contextos históricos.
Talleres de interpretación artística, a partir de lecturas críticas y ejercicios prácticos, los participantes reelaboran narrativas visuales.
Proyectos colaborativos de intervención en espacios del campus (instalaciones site-specific, mosaicos colectivos), que refuerzan la conexión emocional y el sentido de pertenencia.
Estas metodologías favorecen:
La apropiación cultural activa, al otorgar voz y mano en la producción artística.
El desarrollo de competencias críticas y creativas, al problematizar el rol del arte en la comunidad.
El fortalecimiento de redes colaborativas, al articular disciplinas y agentes diversos.
Fue útil para identificar las dificultades y oportunidades en la apreciación del patrimonio visual, se realizaron talleres colaborativos con 92 estudiantes y docentes entre enero y junio de 2025. Durante estas sesiones se catalogaron 23 obras (15 murales y 8 esculturas), analizando su vinculación histórica. Ejemplo de ello son los murales de la sede pedagógica, relacionados con la figura y el pensamiento de José Martí y se exploraron las siguientes barreras:
Educativas: ausencia de formación específica en patrimonio universitario o cultura regional, que limita la interacción crítica con las creaciones patrimoniales.
Métodos pedagógicos tradicionales: enfoques centrados en la transmisión unidireccional de contenidos, sin espacios para la reflexión ni la conexión emocional con el arte.
Débil vinculación universidad–comunidad e instituciones culturales: escasas redes de colaboración que impidan la circulación del patrimonio más allá del campus.
Los cuestionarios aplicados revelaron que solo el 13,04 % de los encuestados conocía previamente el patrimonio artístico universitario y la Ley 155/2022 “Ley General de Protección al Patrimonio Cultural y el Patrimonio Natural” (12 de 92 estudiantes), mientras que el 86,95 % restante carecía de información sobre estas temáticas.
Con el fin de impulsar la apropiación cultural y el diálogo en torno a las artes visuales patrimoniales, se realizaron:
Recorridos guiados: análisis colectivo de murales y esculturas en el campus, destacando elementos formales, iconográficos y su contexto histórico.
Talleres de interpretación artística: dinámicas prácticas en las que los participantes reflexionan sobre la identidad universitaria a través de la recreación y relectura de las obras.
Mesas de debate: espacios de discusión abiertos donde estudiantes y docentes problematizan temas de conservación, simbolismo y relevancia social del patrimonio visual.
Las propuestas descritas articulan contenidos curatoriales con discusiones orientadas a la sostenibilidad, y favorecen el desarrollo de competencias analíticas y metodológicas en los estudiantes para interpretar y responder a desafíos ambientales, sociales y culturales desde una mirada integral (Camargo & Beltrán, 2022). Esta perspectiva pedagógica activa posiciona a los participantes como agentes críticos que intervienen en la formulación de soluciones colectivas coherentes con los marcos de acción internacionales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (UNESCO, 2021).
Para consolidar el vínculo entre el estudiantado y las obras patrimoniales, se diseñaron acciones específicas:
Integración curricular: inclusión de los murales de Joaquín Crespo Manzano, Abel Morejón Galá y Juan García Miló, así como las esculturas de Enrique Ávila González, en actividades docentes y culturales.
Proyectos de intervención artística: convocatorias para que los estudiantes propongan y ejecuten intervenciones en espacios comunes del campus.
Participación en conservación: invitación a alumnos de Educación Artística a colaborar en tareas de restauración y mantenimiento de murales bajo la guía de sus autores.
Rutas interactivas: instalación de códigos QR junto a cada obra, con enlaces a biografías de autores, archivos históricos y fichas técnicas.
Talleres con creadores locales: sesiones prácticas lideradas por muralistas pinareños, en las que se comparten técnicas y motivaciones originarias, propiciando la creación de nuevas piezas conjuntas.
Intervenciones efímeras: actividades de restauración colectiva donde estudiantes y autores realizan microproyectos temporales, reforzando el sentido de corresponsabilidad.
Para organizar y sistematizar las acciones anteriores, se definió un modelo de mediación que incluye:
Muestras expositivas interactivas. Exhibiciones modulares guiadas por mediadores, con actividades prácticas vinculadas a cada tema patrimonial.
Talleres de pintura mural. Sesiones técnicas impartidas por artistas, integrando teoría y práctica en el proceso creativo.
Visitas guiadas mediadas. Recorridos comentados que promueven el diálogo activo sobre los aspectos formales y simbólicos de las obras.
Materiales didácticos de apoyo. Folletos, catálogos, hojas de sala y videos contextualizadores utilizados antes, durante y después de las actividades.
Acciones interdisciplinarias. Vinculación de artes visuales con literatura, historia y otras disciplinas mediante cine debates, charlas y talleres en bibliotecas y medios audiovisuales.
Grupos de mediación reducidos. Equipos pequeños liderados por un mediador que faciliten la interacción personalizada y la creatividad de cada participante.
En conjunto, estas técnicas y estrategias buscan transformar la mediación artística universitaria en un proceso participativo y crítico, capaz de fortalecer la apropiación patrimonial, el pensamiento colaborativo y la corresponsabilidad cultural de toda la comunidad académica.
Esta propuesta ya muestra resultados parciales de su aplicación, a partir de la realización de 12 talleres entre enero y junio de 2025, en los cuales participaron 92 estudiantes de las carreras de Licenciatura en Gestión para el Desarrollo Sociocultural y Licenciatura en Educación Artística, lo que representa el 75 % de la matrícula de estas carreras. Se realizaron 180 horas de interacción directa en la actividad práctica en murales y esculturas.
Como expresión de los resultados cualitativos, se pudo estimar que la percepción de pertenencia experimentó un incremento de 46 % antes de los talleres a 92 % después de los talleres con lo que se duplicó el sentido de pertenencia al patrimonio cultural universitario. Experimentándose un incremento de un 52% en el interés por la historia y valores del campus universitario. Asimismo, el aumento de la satisfacción con metodologías participativas (de 37 % a 91 %) refuerza la eficacia de los formatos interactivos frente a los modelos expositivos tradicionales. Este crecimiento sugiere que la mediación artística no solo promueve e informa, sino que orienta y fortalece los vínculos afectivos con el entorno universitario
Los resultados de aplicación de la estrategia, se muestran en la siguiente tabla comparativa.
| Indicadores | Antes % | Después % |
|---|---|---|
| Sentido de pertenencia sobre patrimonio cultural universitario | 46 | 92 |
| Interés en la historia y valores del campus universitario | 32 | 84 |
| Satisfacción con metodologías de mediación participativa | 37 | 91 |
Así mismo, la realidad aumentada ayudó a descubrir símbolos que antes pasaban desapercibidos, como una manera de comunicación con elementos visuales y tecnológicos muy atractiva. Para ello los documentales y materiales didácticos mostraron el arte como un lenguaje lleno de significados, vivencias muy vinculadas a la historia política y cultural del país, narradas artísticamente de una forma dinámica y original.
Igualmente se pudo corroborar que el uso de herramientas multisensoriales, como la realidad aumentada y las reconstrucciones tridimensionales, democratizaron el acceso cultural y conectó con quienes presentaban baja participación en prácticas artísticas convencionales. Finalmente, la metodología empoderó a la comunidad al convertir a estudiantes y docentes en mediadores culturales críticos, capaces de gestionar y promover iniciativas patrimoniales con un fuerte compromiso social.
En conjunto, la experiencia demostró que la mediación artística universitaria debe entenderse como un proceso dinámico y colaborativo, donde se entrelazan pedagogía, cultura, patrimonio y participación activa. Solo así las instituciones pueden formar públicos críticos, creativos y responsables en la conservación y difusión de su legado cultural.
La aplicación de propuestas de mediación sonora resultó vital para el aprendizaje, comprobándose que la imagen y el sonido forman parte de la metodología, sobre lo cual Bernal (2009) señalan que aprender es un acto natural y que enseñar es un arte que requiere maestría para activar el aprendizaje. Según estos autores los estudiantes de hoy busca que lo aprendido guarde relación con saberes previos, y, sobre todo, que el contenido se socialice de manera dinámica, relevante, ajustada a los contextos, comprobable y aplicable a la vida diaria.
En este sentido la mediación sonora permitió entrelazar memorias individuales y memorias colectivas con el paisaje acústico del campus, mientras que la intervención artística brindó a la comunidad las herramientas concretas para cultivar la visión crítica y comprometida con su entorno.
Se coincide con Martínez (2022) al entender que los significados simbólicos en la vida cotidiana motivan al participante hacia una práctica de lo vivido, interpretar y disfrutar el arte, dejar fluir el aprendizaje, favorecer la comunicación y el intercambio para transformar la realidad. En este sentido la mediación artística individual o colectiva constituyen una herramienta vital para alimentar el pensamiento crítico que permite abrir nuevas vías para aprender, donde el trabajo en grupo resulta esencial para apropiarse de la realidad histórica.
La convergencia de los resultados cuantitativos y cualitativos validó la hipótesis de que la mediación artística participativa transforma la percepción y apropiación del patrimonio. Al convertir el campus universitario en un laboratorio vivo para la co-creación y la negociación cultural, este enfoque confirmó la promoción de las artes visuales como un proceso colaborativo y responsable. Por lo cual en las proyecciones futuras será esencial consolidar la sinergia entre promoción cultural y formación integral de los futuros estudiantes, extendiendo estas metodologías a nuevos espacios del campus y profundizando la interdisciplinariedad. Solo así la mediación artística universitaria podrá continuar tejiendo vínculos entre la memoria institucional, los retos contemporáneos y las herramientas emergentes.
Los datos recogidos confirman que la mediación artística participativa supera con creces los modelos tradicionales unidireccionales al convertir al público en co-creador activo de significado, pues las dinámicas de taller y las visitas mediadas fomentan la colaboración en la construcción de lecturas compartidas. A la vez que favorece la apropiación crítica del patrimonio: al combinar actividades prácticas con diálogo biográfico, en el cual los participantes asumen una mirada reflexiva sobre las obras y su contexto.
Los hallazgos permitieron reconocer a la mediación artística participativa como un enfoque pertinente para el fortalecimiento de las artes visuales con valores patrimoniales en el contexto universitario. Esta perspectiva confirma la importancia de incorporar estrategias pedagógicas que contribuyan a la construcción identitaria y al fortalecimiento del sentido de pertenencia entre los estudiantes (Cuenca, 2020; Hernández & López, 2022).
Asimismo, se evidenció que las prácticas artísticas vinculadas al patrimonio visual potencian la reflexión crítica y enriquecen la conciencia cultural en el entorno académico. En este proceso, los modelos participativos de mediación resultaron eficaces para favorecer la interacción entre la comunidad universitaria y las expresiones patrimoniales, posibilitando experiencias de aprendizaje significativas, colaborativas y situadas (Martínez & Ortega, 2021).
De otra parte, la experiencia desarrollada en la Universidad “Hermanos Saíz Montes de Oca” evidenció efectos positivos de la mediación artística participativa en distintas dimensiones de la vida universitaria, entre ellas: la apropiación simbólica del entorno, el fortalecimiento de vínculos interinstitucionales, la resignificación de espacios y la valorización de las prácticas culturales locales.
Potenciación de la conciencia patrimonial: los estudiantes desarrollaron un aprecio real por los murales y esculturas del campus, vinculándolos con su propia historia y la de la institución. Además, aumentó la participación estudiantil, pues los recorridos guiados y los talleres despertaron un interés sostenido por el arte y el patrimonio visual.
Fortalecimiento de la interdisciplinariedad: al relacionar las artes visuales con materias como historia, literatura y ciencias sociales, creando un aprendizaje más holístico.
Aumento del aprendizaje activo y crítico desde el enfoque práctico: al confrontar problemáticas sociales mediante ejercicios artísticos, en el que los participantes interiorizaron conceptos de manera significativa.
Desarrollo de habilidades para el trabajo en equipo: a partir de la colaboración en proyectos artísticos grupales
Reforzamiento del sentido de pertenencia a la comunidad académica: desde la integración de colecciones y arquitectura con narrativas locales
Para finalizar podemos afirmar que la mediación artística transmite información, transforma la relación de la comunidad universitaria con su legado cultural, abriendo nuevas vías para la innovación pedagógica y la cohesión social.
Heriberto Acanda Ramos: Máster en Desarrollo Social, Licenciado en Educación, Especialidad en Educación Plástica doctorando en el programa de Ciencias sobre Arte en la Universidad de las Artes (ISA), La Habana. Director de la Galería Arturo Regueiro de la Ciudad de Pinar del Río. Crítico de arte y curador con activa participación en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Profesor auxiliar adjunto a la Universidad “Hermanos Saíz Montes de Oca” de Pinar del Río, Cuba. Como investigador y autor, ha publicado diversos libros y artículos especializados en crítica artística y arte contemporáneo. Su trabajo explora la antropología del arte como manifestación identitaria, profundizando en los vínculos entre producción artística y contexto sociocultural.
Alina Jimenez Morejón: Doctora en Ciencias de la Educación, Máster en Desarrollo Social e Ingeniera Mecánica. Profesora Titular del Departamento de Extensión Universitaria, Universidad “Hermanos Saíz Montes de Oca” de Pinar del Río (UPR), Cuba. Coordinadora del Programa Nacional de Patrimonio Cultural Universitario, Miembro de la Red de Museos y Colecciones Universitarias del MES, jefa del grupo de trabajo para el Patrimonio Cultural Universitario en la UPR y presidenta de la Cátedra Honorífica Patrimonio Cultural. Especialista en Gestión Universitaria, Patrimonio Cultural, Educación Patrimonial y arte universitario.
Marlén Silva López: Máster en Desarrollo Social y Licenciada en estudios Socioculturales. Profesora auxiliar del Departamento de Extensión Universitaria, Universidad “Hermanos Saíz Montes de Oca” de Pinar del Río (UPR), Cuba. Coordinadora del Programa Nacional de Proyectos Extensionistas y miembro del Grupo de trabajo para el Patrimonio Cultural Universitario en la UPR y de la Cátedra Honorífica Patrimonio Cultural, jefa del Proyecto “La Universidad de Pinar del Río: Historia y Cultura”.
Este recurso propone una orientación y clasificación superficial de los recursos documentales utilizados por el artículo. Permite a los equipos editoriales conocer el comportamiento documental de sus artículos y a las personas autoras reconocer las tipologías que sustentan la investigación.
Estadísticas automáticas derivadas del marcado interno del XML-JATS. No son métricas de impacto. Lea estas estadísticas con prudencia porque la automatización puede provocar errores o no contemplar al 100 % la realidad de esta publicación.
Su propósito es promover una mejora en las prácticas de marcado de los artículos de las revistas científicas y motivar una preocupación cada vez más exhaustiva por el cumplimiento de las mejores prácticas editoriales.
Indicadores extraídos automáticamente desde el XML-JATS (heurísticos) que funcionan como base para sostener mejores prácticas. No omita que siempre la revisión y confirmación debe ser humana. Use estos indicadores como señales y no como evaluaciones.