Historia de vida de una maestra enamorada de su profesión[1]

Life history of a teacher in love with her profession

Jüchiki wanee ekirajüt keejiaka jümüin ji’yataain

 

 

Resumen

El presente trabajo persigue como objetivo hacer un recorrido por el quehacer educativo de la autora, destacando su proceso de formación en el Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech” en las Escuelas en el Campo del Plan Citrícola de Jagüey Grande, bajo el principio estudio-trabajo, que implicaba labores de trabajo en el campo en compañía de los alumnos, la preparación para la enseñanza y la aplicación de los conocimientos adquiridos en la dirección del proceso docente-educativo en la ESBEC “Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura”. Se incluye el recorrido posterior a su graduación, en los niveles educativos Medio-Superior y Superior y el trabajo de promoción de lectura realizado en el Hogar de niños sin amparo familiar de la barriada La Playa en la ciudad de Matanzas. Se asume la metodología cualitativa que caracteriza a la historia de vida como expresión de la investigación biográfica, de tipo descriptiva, cuya importancia radica en describir e interpretar el relato de la autora en su desarrollo y creación de significados, al producir la reconstrucción y el seguimiento del hilo conductor que relaciona, a través del tiempo, unas experiencias con otras en su vida. Cuenta con la bibliografía actualizada que norma este tipo de estudio.

Palabras clave: actividad educativa, actividad axiológica, enseñanza, escuelas en el campo, proceso de formación.

 

Abstract

This paper aims to explore the author’s educational journey, highlighting her teacher training process within the “Manuel Ascunce Domenech” Pedagogical Detachment at the Field Schools of the Jagüey Grande Citrus Plan. Her formation followed the study-work principle, which involved agricultural labor alongside students, pedagogical preparation for teaching, and the application of acquired knowledge in leading the teaching-learning process at the “First National Congress on Education and Culture” Secondary School in the Countryside (ESBEC). The paper also traces her professional trajectory after graduation, including her work in the upper secondary and higher education levels, as well as her reading promotion activities carried out at the shelter for children without family support in the La Playa neighborhood in the city of Matanzas. The study employs a qualitative methodology consistent with the life history approach as a form of biographical research. It is descriptive and emphasizes the importance of narrating and interpreting the author’s story, focusing on the development and construction of meaning throughout her life. A central feature is the reconstruction and continuity of a guiding thread linking different life experiences over time. The study is supported by an updated bibliography appropriate for this type of research.

Keywords: educational activity, axiological activity, teaching, field schools, teacher training process.

 

Palitpütchiru'u

Jüchajaaka achiki ashajuushikaa tüü, juwara’aireein eepünaale ji’yataain jünain ekirajaa tü kashajalakat tüü, jüchiki wanaa jümaa jikirajaaain julu’u Destacamente Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech” eepünaain tü ekirajüleekalüirua eere jüpünajünüin kasa jashü’üsüirua cha Laa Molo’usukoo münakat, wanaa paalaain jümain ekirajawaa- a’yatawaa, eere ji’yata’awalin apainru’u namaa jikirajüinkana, ekirajaasü jüpüla ekirajaa otta ju’laküin tü jütüjakat apüleerua chajee eere nekirajaain na ekirajüliikana julu’u ESBEC “Palajütükaa kottirawaa mmapa’a jünain akua’ipa otta ekirajaa”. Eesü jüchikimaajatü jajattirapa tü ekirajünakat anain, julu’u tü ekirajaa jüse’eru’upunaaikat- molo’ouin otta ji’yataain jünain ekirajaa jüpüla aashaje’era aa’innakat julu’u Nepia Tepichi nnojoliikana kachipünaanüin aa’iin eere piichiirua jotpünaa palaa cha Matanzas. Achajaaushi jüka tü “cualitativa” münakat, jüka jiain aku’majüin wanee ayaawataa jaa’u akua’ipaa jünainjee achikii, achajaanüsü jamakua’ipalüin jia jünain tü jüküjakaa tü aa’ínrakat, ayunnusu jamalu’uluin jia, akotchinnüsü otta o’uninnüsü kasain jüpünain jükalu’u ka’i, ayaawatünüsü tü jaa’inrakat jümaa wanee jaa’inrüinya’asa. Eesü jüchikimaajatü jüpüla ti’a.

Pütchi katsüinsükat: atüjiraa, wayuuwaa, ekirajaa, ekirajülee isahiipa’a, ju’uniria akirajaa

 

 

Introducción

Dicen que recordar es volver a vivir, y eso hago al redactar este artículo, rememorar mis experiencias en el ámbito educativo adquiridas durante el tránsito por 50 años de trabajo vinculados a la hermosa labor de educar a las nuevas generaciones, dando respuesta a una amable invitación, que me ofrece la oportunidad de dar testimonio de la grandeza de la obra educacional, de multiplicar lo vivido, con la esperanza de ser útil y seguir aportando a las nuevas generaciones.

El presente trabajo persigue como objetivo hacer un recorrido por el quehacer educativo de la autora, destacando su proceso de formación en el destacamento pedagógico “Manuel Ascunce Domenech” en las escuelas en el campo del plan citrícola de Jagüey Grande, bajo el principio estudio-trabajo, que implicaba labores de trabajo en el campo en compañía de los alumnos, la preparación para la enseñanza y la aplicación de los conocimientos adquiridos en la dirección del proceso docente-educativo en la ESBEC “Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura”. Se incluye el recorrido posterior a su graduación, en los niveles educativos Medio-Superior y Superior y el trabajo de promoción de lectura realizado en el Hogar de niños sin amparo familiar de la barriada La Playa en la ciudad de Matanzas. Se asume la metodología cualitativa [Sánchez, y Murillo, 2021] que caracteriza a la historia de vida como expresión de la investigación biográfica, de tipo descriptiva, cuya importancia radica en describir e interpretar el relato de la autora en su desarrollo y creación de significados, al producir la reconstrucción y el seguimiento del hilo conductor que relaciona, a través del tiempo, unas experiencias con otras en su vida. Cuenta con la bibliografía actualizada que norma este tipo de estudio.

 

Desarrollo

La familia, la lectura y el ejemplo de los buenos maestros, antecedentes importantes en la conformación de mi identidad profesional

Tuve la dicha de nacer en el seno de una familia humilde y numerosa, que si bien carecía de recursos económicos suficientes, llevaba una vida opulenta de amor, comprensión y riqueza espiritual. Fui el miembro número seis y última de los hijos de una madre guerrera, cuya máxima en la educación respondía al proverbio “haz bien y no mires a quién” y con una vocación marcada por compartir lo que teníamos con otros más necesitados. Y, decididamente, tuve una infancia muy feliz.

Inicié mi vida escolar en la escuela “Amistad Cubano-Vietnamita”, la escuelita primaria del pequeño pueblo “Juan Gualberto Gómez” del municipio Unión de Reyes. Creo que la avidez por la lectura, en mi proceso de formación en estas edades tempranas, constituyó un elemento importante en mi inclinación por el magisterio.

Imagen 1. En la Escuela Primaria “Amistad Cubano-Vietnamita (La autora, al centro, sentada frente al busto de José Martí)

La lectura de “La Edad de Oro”, excelente encuentro con Martí me hizo transitar de la emoción al reconocimiento de las buenas cualidades humanas. Interioricé que el saber vale más que la fuerza; que la bondad no entiende de clases ni diferencias raciales, la igualdad de las personas ante la muerte, independientemente de su posición social y cómo la ambición desmedida puede destruirlo todo. De modo que los primeros significados que se actualizaron en mi lexicón mental a través de la lectura fueron: amistad, descubrimiento, imaginación echada a volar, placer, sensación de satisfacción por poder leer los libros y apropiarme de sus cuentos, personajes, argumentos, sentimientos y valores.

Mi predilección por la declamación me hacía aprender de memoria, leer, comprender, interiorizar y sentir para poder transmitir, textos líricos de incalculable valor como Los zapaticos de rosa y Los dos príncipes, de José Martí; Romance de la niña mala, de Raúl Ferrer; Mariquita María, anónimo; Caricias, de Gabriela Mistral, entre otros.

Mis estudios secundarios los realicé en la secundaria básica “Hermanos Ameijeiras”. En octavo grado, mi debut en el club de lectura martiana dirigido por el profesor de Español-Literatura Efrén Santos, me contagió del humanismo martiano, descubrí los principios y valores que fui incorporando a mi actuación ante la vida y que me abrieron las puertas a la presentación de una ponencia en el III Seminario Nacional de Estudios Martianos, celebrado en el año 1972 en La Academia de Ciencias de Cuba.

Con apenas 13 años defendí una ponencia en la comisión presidida por Herminio Almendros Ibáñez[2] y Raúl Ferrer Pérez[3]. Mezcla de incredulidad y máximo placer me produjo conocer a los autores de libros y poesías que amaba como “Había una vez” y “Oros viejos”, del primero y “Romance de la niña mala”, del segundo; y a pesar del nerviosismo pude transmitir la esencia de la ponencia y llevar de regreso los regalos de Herminio que con mano temblorosa premió con su firma mi agenda y un pequeño poema de Raúl Ferrer.

Imagen 2. La autora exponiendo en el III Seminario Nacional de Estudios Martianos. La Habana. Academia de Ciencias de Cuba. 1972

En el año 1974, inicié mi décimo grado en la ESBEC[4] “Rebelión de Triunvirato”. El encuentro con una profesora amante de la lectura y de la literatura, Olga Caudales, me enamoró de “El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, apenas podía contener las carcajadas y muchas veces me preguntaron, qué estaba leyendo que me mantenía en el rostro una sonrisa. La entrañable amistad de Quijote y Sancho, el ideal de justicia del Quijote, la evolución paulatina que van sufriendo estos personajes me trasmitió la armonía en la conformación del ideal, de la fe, de la proyección hacia el futuro, hacia lo trascendental. Quijotismo no es locura “…es ser casto en las palabras, liberal en las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con los menesterosos y finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida defenderla” [Aguirre, 1971: 156]. La obra me acompañó todos los días, en todo momento, en cualquier lugar y para siempre.

Precisamente, porque la lectura me acompañó durante toda la vida como fuente de principios y valores, también insidió en la selección de mi carrera, licenciatura en educación español-literatura, vocación reforzada por los excelentes profesores. Y fue en este grado en el que me incorporé al Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech” (DPMAD).

 

El Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech”[5], columna vertebral de mi formación profesional pedagógica

Once años después de declarar a Cuba territorio libre de Analfabetismo[6], se hizo necesario librar otra gran batalla en el campo educacional, había que crear otra fuerza capaz de superar los nuevos desafíos que imponía la explosión de matrícula en las educaciones primaria, media y media superior, a partir de la notoria carencia de profesores para estos niveles y la necesidad de titulación del elevado número de docentes en ejercicio.

El 4 de abril de 1972, en el acto de clausura del II Congreso Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, el comandante en jefe de la revolución cubana, Fidel Castro Ruz, hace un llamamiento a los jóvenes egresados de décimo grado para integrar el Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech”, hecho que marcó un momento de especial significación en el proceso de formación de maestros y profesores en la Cuba revolucionaria.

¿Y cómo vamos a resolver el problema de los profesores de secundaria básica, si este año se inician 40 nuevas escuelas, si en el año 1973 no menos de 120; si cada escuela lleva no menos de 40 profesores; si aumenta el número de alumnos, no solo de escuelas secundarias sino de alumnos? ¿Cómo resolver este problema? (…) Hay que desarrollar, a  través de las organizaciones estudiantiles y de la Juventud, un movimiento de captación de jóvenes de décimo grado para que marchen a enseñar a las secundarias en el campo, bajo la dirección de profesores con más experiencia, e inscribiéndose en el Instituto Pedagógico (…) Es decir, iniciar un amplio movimiento con esos jóvenes, que combinarían también la enseñanza en la secundaria con el estudio superior en el Pedagógico (…).

Esa es la única fórmula mediante la cual nosotros podemos resolver el problema del déficit de 18 000 profesores que vamos a tener en el año 1976. [Castro, 1972: 65-66].

Según De Jesús (2010), a la par de este llamado a la juventud cubana se van construyendo las primeras escuelas, ubicadas estratégicamente a lo largo y ancho del país (ESBECs e IPUECs[7]) y específicamente, en el caso de Matanzas, en el Plan Citrícola de Jagüey Grande y para el IV contingente se construye también la Filial Universitaria “Alberto Fernández Montes de Oca”[8]

Durante los meses siguientes la Dirección del MINED y los tres institutos pedagógicos existentes en el país, se dieron a la tarea de conformar los planes de estudio en un nuevo diseño curricular donde se combinaba el estudio con el trabajo, a partir de la incorporación de estos jóvenes como docentes de las recién creadas escuelas en el campo, con el fin de graduarse como profesores de la educación general media en un período de estudios de 5 años.

Ante la convocatoria del líder histórico de la revolución cubana, la respuesta de los jóvenes cubanos no se hizo esperar y en arrolladora fuerza los egresados de décimo grado integraron, desde el 1972 al 1981, las filas de los cinco primeros contingentes del DPMAD. El 19 de mayo de 1972, se creaba en todo el país el I Contingente del DPMAD, como homenaje a la caída del Héroe Nacional José Martí y en Matanzas se celebraba en la ESBEC “I Congreso Nacional de Educación y Cultura” con la presencia del presidente Osvaldo Dorticós y otros dirigentes nacionales y provinciales. Muy lejos estábamos todos de imaginar, la gran epopeya educacional de la que seríamos protagonistas.

En la provincia de Matanzas, se incorporó a los diferentes contingentes del DPMAD una cifra aproximada de 1468 estudiantes. Entre ellos, 573 del 4to contingente. En mi caso personal, fui uno de los 573 estudiantes matanceros que se incorporaron al IV contingente del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, en el curso escolar 1975-1976. nadie dudó en poner en primer lugar los intereses sociales, antes que los personales, para responder a un llamado de la patria, aun cuando, por nuestra corta edad,  no éramos del todo conscientes de la responsabilidad que enfrentaríamos.

Nos preparábamos en una sesión en la Filial Pedagógica Universitaria de Torriente “Alberto Fernández Montes de Oca” y en la sesión contraria impartíamos clases en las ESBECs del territorio. La formación académica de nuevo tipo combinaba la preparación científico- docente, una sólida cultura general, el principio estudio-trabajo[9] y una eficiente labor de extensión universitaria que se caracterizó por la práctica masiva de las manifestaciones culturales y deportivas.

Los planes de estudio estaban organizados en cinco años, divididos en semestres, en el primer año con cuatro asignaturas, la formación psicológica y pedagógica se integraban en una asignatura común a todos llamada psicopedagogía que duró los tres primeros años, las  humanidades recibieron (español, historia e inglés), además de las asignaturas matemática, español y problemas del mundo actual; en los años siguientes se incorporaron el resto de las asignaturas de las disciplinas, estudios literarios, estudios lingüísticos y la didáctica. Así disfrutamos de una sólida preparación científica.

Imagen 3. Acto de apertura de la Jornada Científico-Estudiantil de la Filial, 1979 (La autora en el pódium haciendo uso de la palabra

Se coincide con Héctor (2024), cuando plantea que “Nuestra formación académica fue de excelencia, con mucho peso en la investigación” [5]. Especial significado tenían las jornadas científicas estudiantiles, los juegos deportivos universitarios y los festivales de artistas aficionados. En el V festival nacional de artistas aficionados de la FEU obtuve mención especial por la mejor actuación femenina del festival, en el rol de narradora de una trilogía de cuentos de Onelio Jorge Cardoso, el cuentero mayor de Cuba y participé como bailarina en una revista musical que representó a Matanzas y a nuestra Filial en el XI Festival Mundial de la Juventud y los estudiantes, en 1978, en La Habana. Las visitas a museos en la ciudad de La Habana y Trinidad, la participación en ciclos de conferencias de importantes intelectuales cubanos, las rutas de la historia, todas estas actividades recibieron un despliegue de tesón y voluntad que fueron acompañados de excelentes resultados.

Participamos también en el movimiento de las mil bolsas para la creación de los viveros del plan citrícola, los chequeos de emulación por la obtención del Tanque de la Victoria,  la realización de la caminata de los 62 km como homenaje al heroísmo de Playa Girón y las donaciones de sangre de la Filial Pedagógica “Alberto Fernández Montes de Oca”, lo que le valió a la provincia la condición de vanguardia nacional en este rubro. Todas estas actividades signaron nuestro compromiso con la educación y la Revolución.

 

Mi primer día de clases, mi primera escuela rural: la magia de sentirme maestra

Me sentía muy orgullosa de ser miembro del IV Contingente del Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech”, por lo que, durante la última semana de agosto de 1975, me había preparado conscientemente para entrar a clases, por primera vez, como profesora. Sabía que la tarea encomendada debía ser cumplida; pero no imaginaba que fuese a ser ubicada en la escuela vocacional “Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura”, en la zona rural de Torriente del municipio Jagüey Grande, proyecto educativo y productivo más grande de Cuba en cuanto a magnitud y geografía, creada con el objetivo de la vinculación del estudio-trabajo en el campo, para la producción de alimentos.

Aquella escuela tenía una bella historia, debía su nombre al Ier Congreso Nacional de Educación y Cultura celebrado el 23 de abril de 1971, una de las citas más relevantes efectuadas en Cuba, que convocó a la sociedad cubana a reflexionar y discutir sobre el tema de la educación, en un momento en que se había vencido al analfabetismo y se proyectaban nuevas metas; esta escuela fue la primera institución educativa construida en el territorio e inaugurada el 25 de abril de 1971, fue sede del acto de creación del I Contingente del DPMAD el 19 de mayo de 1972, y justamente en esa escuela trabajaría con estudiantes catalogados como los mejores de la provincia.

El trabajo de esta ESBEC se organizaba en dos sesiones: una de docencia y la otra de trabajo de sus estudiantes en el campo en las labores agrícolas, lo que implicaba una organización similar para los miembros del Destacamento Pedagógico insertados en esta escuela, los que daban clases por la mañana, recibían la formación por la tarde en la Filial Universitaria y viceversa. En la sesión en que impartíamos docencia y luego de regresar de la filial, realizábamos la guardia docente, acompañábamos a los estudiantes a las labores agrícolas, organizábamos el comedor, los llevábamos al médico, participábamos en todas las actividades de la escuela.

Durante la última semana de agosto de 1975, recibimos una preparación concentrada en la ESBEC “Vitalio Acuña” a manera de preparación, para iniciar el curso escolar. Finalmente llegó el 1ero de septiembre, los estudiantes esperaban por la clase y yo me debatía en la orientación de mis próximos pasos, solo contaba con mis dudas, mi planeamiento, mi borrador, mis tizas y con la experiencia de mis 15 años, durante los cuales fui la niña más pequeña y mimada de la casa.

Y llegó el momento más temido. Recuerdo la boca reseca, los fuertes latidos de mi corazón, la resistencia al andar y a mi compañera de destacamento, Norma Suárez, quien me empujaba cariñosamente hacia el aula ocultando su propio miedo. Entré muy lentamente, con la expresión de quien sabe muy bien lo que hace; pero deseosa de salir corriendo de allí, a toda prisa.

A mis buenos días, respondieron las voces de 35 caritas de 12 años, deseosas de escuchar a la maestra, plenamente confiadas en su sapiencia, pendientes de cada palabra, atentas a las preguntas, solícitas ante cualquier reclamo, seguras de que en aquel preciso instante no existía alguien o algo más importante que ella.

Y ya no hubo más lugar para las dudas; poco a poco el amor al magisterio ahuyentó al miedo, a la inseguridad, a la niña más pequeña y mimada de la casa, enamoró a mi sentido de pertenencia y abrió para siempre las puertas del aula a esta maestra de 50 años de experiencia, que en su primer día de clases estuvo tan lejos de imaginar, que ese día, la magia de sentirse maestra, definiría su vida para siempre.

En estas escuelas en el campo los estudiantes se mantenían en régimen interno durante 15 días, recibían la docencia en una jornada y trabajaban en las labores agrícolas en la sesión contraria, en la chapea, regadío y recogida de críticos que aportarían grandes beneficios a la población y para la exportación. Luego, salían de pase durante un fin de semana hacia sus hogares.

En esta escuela enfrenté la realidad de la vida de adulta al frente de tres grupos de séptimo grado impartiendo la asignatura español-literatura, y con ello las primeras falencias a resolver para estar a la altura de mis alumnos. Acostumbraba a recibirlos con un beso cada vez que regresaban del pase, como muestra de cariño y de bienvenida a la escuela. Mis niños, como los llamaba, eran todos extremadamente cariñosos, inteligentes y con un buen desarrollo del lenguaje y la expresión oral. Una estudiante, Ercilia Argüelles, se destacaba por el esmerado uso del lenguaje culto como resultado de su formación familiar, lo que la ubicaba entre una de mis preferidas. Ese lunes, Ercilia llegó muy contenta del pase y me hizo una solicitud:

__Profesora, Ángela, ¿pudiera usted regalarme un ósculo?

Inmediatamente me puse a pensar, ¿y qué será un ósculo? En mis 15 años de vida nadie me había pedido algo semejante. Un sentimiento de ignorancia me invadió y sin preguntarle nada me incliné hacia ella y le deposité en la mejilla el acostumbrado beso de bienvenida.

Mi sorpresa fue grande cuando Ercilia, completamente feliz, comenta a sus compañeros:

__Estaba segura de que mi profe de español sabía lo que es un ósculo, porque los demás profesores no saben de lo que estoy hablando. Y muy alegre continuó saludando.

Me sentí cada vez más confundida, pues estaba segura de que no le había dado nada que tuviera que ver con aquella palabra rara. Rápidamente corrí en busca de mi mejor amigo, el diccionario, a quien constantemente mis niños me hacían acudir en busca de ayuda, en el que encontré la respuesta: ósculo significa beso de afecto.

Sentí un gran alivio al darme cuenta de que el amor a mis alumnos me había salvado de decepcionar a una de las mejores estudiantes; pero comprendí que cada día se puede aprender algo nuevo de cualquiera de las personas que nos rodean y que hay que estar enriqueciendo constantemente la competencia léxica para poder ser modelo lingüístico en la profesión pedagógica.

Imagen 4. La autora impartiendo clases en séptima grado en la ESBEC “Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura” 1975

También me enfrenté a situaciones difíciles que por mi corta edad no sabía cómo resolver. Siempre fui al médico de la mano de mi mamá, quien se encargaba de explicar mis síntomas, los primeros auxilios recibidos en la casa, la evolución de la enfermedad, y de responder cualquier tipo de pregunta que el médico pudiera hacer. Pero esta vez, iba al frente de una guagua repleta de estudiantes de séptimo grado con diarreas agudas, motivadas quién sabe por qué. Solo yo sabía la falta que en el aquel momento me estaba haciendo mi mamá.

Mi baja estatura y los 3 o 4 escasos años que me separaban de mis estudiantes, me hacían pasar a cada rato por momentos difíciles. Cuando llegamos al hospital de Jagüey Grande, el médico nos observó a todos y muy preocupado comentó:

_ ¿Cómo es posible que nos envíen a todos estos niños sin una persona mayor al frente?

Muy contrariada le contesté:

__ La profesora soy yo.

El médico me miró sorprendido y volvió a preguntar:

__ ¿Pero qué edad tienes tú?

A lo que respondí rápidamente.

__ 15 años, pero es suficiente para cuidar a mis alumnos.

El médico sonrió y comenzó a realizarme preguntas. Todas fueron respondidas porque teníamos una vida tan ligada a los estudiantes que era como si nos preguntaran por nuestra propia vida. Cuando nos fuimos a retirar, el médico me puso su brazo sobre los hombros y a manera de reconocimiento me dijo:

__Con una profesora como usted, cualquier estudiante puede darse el lujo de enfermarse.

Muy lejos estaba el médico de imaginarse que llegando a la escuela comenzaron mis diarreas, y aunque todos pensaron que la causa era la misma que había motivado estos síntomas en mis alumnos, yo sabía que se trataba del impacto de un proceso de crecimiento profesional ante la vida.

También aprendí en la práctica educativa a corregir mis métodos y procedimientos pedagógicos a partir del comportamiento de mis estudiantes. Uno de los más queridos, Lázaro, sin siquiera imaginarlo, me dio una lección de vida.

Vi venir a Lázaro por el pasillo y sentí la necesidad de interesarme por su salud, porque sabía que había estado enfermo. Me había sido asignado en la labor de tutoría y siempre estaba al tanto de sus resultados académicos y de su desempeño. Lo llamé, se jiró y me contestó en actitud defensiva:

_¿Y ahora qué fue lo que hice? ¿cuál es la causa del nuevo regaño?

La actitud de Lázaro me dejó confundida, porque decididamente era la manifestación inequívoca de la percepción de este alumno sobre mi estilo comunicativo. Repasé hasta donde pude mis conversaciones con Lázaro y solo hallé reclamaciones, llamadas de atención, alertas pedagógicas y ningún rastro del afecto y la estimación que le profesaba, ni de las cualidades positivas de su personalidad. Descubrí mi tendencia a destacar más sus dificultades que sus logros, a utilizar más la reprobación que la estimulación.

La autorreflexión oportuna acerca de aquella crítica, no consciente, encontró respuesta en un cambio radical en mi estilo comunicativo con mis alumnos, que marcó una pauta a seguir en los días iniciales de mi labor pedagógica profesional y durante la vida y me aseguró el respeto, la admiración y el afecto de quienes me rodean.

Cada vez que pienso en el lugar que ocupa la escuela en el campo “Ier Congreso Nacional de Educación y Cultura” en mi corazón, las palabras me parecen inexactas, imprecisas e inexpresivas. Son tantos y tan fuertes los sentimientos, que resulta difícil elegir alguna que pueda sintetizarlos. Cuando pienso en mi extrema juventud al llegar como profesora a Congreso y lo perdurable de su significación, me resulta inevitable pensar en mi percepción sobre esta escuela, en un antes y un después, en un fue y en un es. Allí aprendí la fuerza perdurable de la educación, a sentirme maestra, a beber del ejemplo de profesionales paradigmas de la pedagogía del amor. Allí construimos puentes de amistad, formamos hombres aptos para su inserción eficiente en la sociedad.

Fue en Congreso donde conocí el amor a la profesión y donde me enamoré de mi escuela, de mis compañeros de trabajo, de mis alumnos y de mi profesión. Fue Congreso la fragua donde se forjaron mis intereses profesionales, la cuna donde descansaron mis primeros sueños, la sabia que nutrió mi espíritu y mi voluntad, la brújula que guio mi actuación ante la vida.

Y ese fue el inicio, el cimiento de lo que hoy representa el “Congreso” y de lo que llegará a ser. Cada encuentro del 10 de octubre nos une, porque esta fecha, en sí misma, es historia cubana; porque fortalece nuestros lazos y hace indestructible nuestra amistad; porque compartimos sueños comunes y escribimos juntos una nueva página en su legado imperecedero. Cada 10 de octubre reafirmamos nuestras promesas de amarnos siempre, de hacer presente un pasado glorioso, de mantenernos firmes en el compromiso educativo ante los desafíos del tiempo y de permanecer unidos, a pesar de todo.

Por eso, cada vez que pienso en el lugar que ocupa Congreso en mi corazón, encuentro mil razones para asistir cada 10 de octubre, porque es mi primera escuela, es el reencuentro con mis niños y mis maestros, es amor verdadero, es sentimiento vital, es necesidad imperiosa de educar, es magia contagiosa de la unión entre el deber y la amistad, porque, en fin,  “Congreso” fue, es, y  será siempre, el bastión en la “construcción de mi identidad profesional” Leite (2011).

Imagen 5. Encuentro de celebración de los 25 años de la ESBEC “Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura” en dicha escuela, 1996. (La autora al centro, vestido blanco con encaje azul)

 

Graduación y reencuentro con nuevos escenarios rurales

Después de 5 años de preparación y de práctica educativa, como criterio valorativo de la verdad, me gradué de profesora de Educación General Media. Especialidad Español-Literatura (1980). Mucho me costó separarme de mi filial, profesores, compañeros de estudio, estudiantes y compañeros de trabajo de aquella escuela rural.

Y llegó el momento de agradecer, desde mi profesión, a todos aquellos que dejaron su más profunda huella en mi formación profesional. Una vez graduada en 1980, continúe mis estudios universitarios de Licenciatura en Educación, título que obtuve en el Instituto Superior Pedagógico “Juan Marinello Vidaurreta” en 1982, fecha en la que me incorporé a la Educación Superior en esta misma institución pedagógica, luego Universidad Pedagógica “Juan Marinello Vidaurreta” de Matanzas y actual Universidad de Matanzas.

En este nuevo espacio de formación obtuve las categorías académicas Máster en Educación y Profesora Titular y la categoría científica Doctor en Ciencias Pedagógicas y ocupé diferentes responsabilidades que contribuyeron, sin lugar a dudas, a una mejor actuación profesional: Vicedecana de Investigación, Postgrado y Relaciones Internacionales durante cinco años en la Facultad de Español y Lenguas Extranjeras (1985-1990), Vicedecana docente en las facultades de Español y Lenguas Extranjeras, Educación Media Superior, y en la Facultad de Profesores Generales integrales, (1991-2004), Vicerrectora Docente por sustitución (2004-2005), Asesora Principal de la Misión Sucre en Portuguesa, Venezuela (2005-2007), Directora de la escuela de peruanos del Nuevo Programa de Formación de Médicos en el Polo Científico de Jagüey Grande (2007), Jefa del Equipo Metodológico Provincial del Nuevo Programa de Formación de Médicos (2008-2009), Jefa de Departamento de Español-Literatura 2011-2017. Coordinadora de la carrera y Miembro de la Comisión Nacional de Carrera (2017-2020) y Profesora del Departamento Español-Literatura.

Para mi gran satisfacción, el trabajo de superación postgraduada y de atención metodológica a las escuelas, me trajeron de vuelta a mi Filial Pedagógica, aquella en la que había estudiado durante 5 años y a las ESBECs e IPUECs, pero desde otra perspectiva. Ahora regresaba la profesora que impartía clases a los estudiantes de nuevos contingentes pedagógicos de la Licenciatura en Educación en la especialidad español-literatura, que impartiría las diferentes figuras de posgrado y que visitaría las escuelas rurales para la preparación metodológica de los profesores. 

Imagen 6. La autora en sesión de trabajo metodológico en la escuela “José Luis Dubrocq”, 1982 (a la derecha)

Allí compartí conocimientos, experiencias y emociones con mis compañeros de aula que ahora eran mis alumnos de posgrado, con mi primera tutora  de la ESBEC “Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura”, Aurora Oviedo, Jefa de la Cátedra de Español-Literatura, quien jugó un papel esencial en mi formación; con una de mis hermanas mayores, que era profesora de Español-Literatura no titulada, a la que entregué el título de Licenciatura en Educación Español-Literatura y fui la tutora de muchas tesis de maestría de mis antiguos compañeros de aula.

Y este proceso de dar, después de tanto recibir, me permitió tener una comprensión, representación y ser consciente de los valores, principios y prácticas que guían el propio trabajo docente, de establecer relaciones sólidas con colegas, estudiantes y padres para crear un entorno de aprendizaje enriquecedor, inclusivo y receptivo, de respeto a la diversidad, las diferentes culturas, así como la búsqueda de soluciones colaborativas a los desafíos. Y esta experiencia única y reconfortante, fue decisiva en la consolidación de mi identidad profesional y me hizo sentir humanamente mejor.

En el año 2005, cumpliendo acuerdos establecidos en el Convenio de Cooperación Cuba-Venezuela, me desempeñé como asesora principal de la Misión Sucre en el estado portuguesa, hasta el año 2007. La misión Sucre es una de las misiones bolivarianas nacida del Plan Extraordinario Mariscal Antonio José de Sucre, alternativa basada en la municipalización de la educación universitaria, con el objetivo de erradicar la exclusión de los bachilleres sin cupo, orientada hacia el desarrollo endógeno y sustentable de cada una de las regiones, de manera que los espacios educativos se expandieran a todos los ámbitos de la vida social, en entornos urbanos y rurales, y no fueran exclusivas de las aulas Martínez, Sánchez y Villalobos, (2006).

En este contexto, realicé la labor de asesoría de los procesos de formación de pregrado y posgrado en las aldeas universitarias, urbanas y rurales, las universidades experimentales e Institutos Tecnológicos del estado portuguesa con el objetivo de establecer la sinergia institucional.  

Imagen 7. Estudio de especialización en lengua materna impartido a maestros y profesores de dicha asignatura en los diferentes niveles de educación en el estado portuguesa, en la República Bolivariana de Venezuela, 2013. (La autora sentada al centro) 

Durante mi estancia en Venezuela logramos abrir 19 programas universitarios en portuguesa con especial atención al Programa Nacional de Formación de Educadores y Medicina Integral Comunitaria.

De regreso a Cuba, me incorporé, durante el 2008, como directora de la escuela en el campo “Pedro Albizu Campo” de estudiantes peruanos que se preparaban en el curso premédico para incorporarse posteriormente al Nuevo Programa de Formación de Médicos (NPFM) en el Polo Científico de Jagüey Grande y durante el 2009 me desempeñé como jefa de La Comisión Metodológica de este programa, asesorando a las escuelas de estudiantes de diferentes nacionalidades.

 

Encuentro con los niños del Hogar “Flores de la Sierra” de la comunidad La Playa

Siempre tuve la preocupación por la formación de lectores desde las edades más tempranas. generalmente, el primer acercamiento a la lectura se realiza por la vía de la relación con los padres, con la familia, cuando se comparte el amor maternal a través de la lectura de los libros infantiles, momentos que dejan huellas imborrables porque permiten al niño el fortalecimiento de los lazos afectivos, el disfrute de la lectura, el encuentro con la fantasía, a la vez que se enriquece su capacidad cognoscitiva y se les prepara para nuevas adquisiciones García, Jiménez y Perera (2013).

Pero los niños, del hogar “Flores de la Sierra” de la comunidad La Playa, por circunstancias desfavorables de la vida, en ese especial momento en la formación como lectores, no pudieron disfrutar del privilegio familiar y su encuentro con la lectura se desarrolló en espacios docentes en los cuales los elementos formativos e informativos, predominaban, obviando la esencia lúdico-estética de la lectura.

Por esta razón, cuando tuve conocimiento de los resultados del diagnóstico realizado por mi Facultad, en el hogar de niños sin amparo familiar “Flores de la Sierra” de la comunidad La Playa, del municipio Matanzas -niños procedentes de entornos urbanos y rurales, muy sensibles, necesitados de afecto y atención, en muchos de los casos con necesidades en el orden del aprendizaje, en la ortografía y con poca motivación hacia la lectura y el cálculo-, me incorporé al proyecto “por un empleo sano del tiempo libre”.

Con la participación de otros profesores y de mis estudiantes, concebí un sistema de actividades de promoción de lectura con carácter lúdico para contribuir a la formación integral, de estos niños, que estuvimos implementando durante 4 años, segura de que: “El que lee…nunca está solo, ensancha su horizonte espiritual, desarrolla de forma especial la imaginación, comprende mejor la realidad, está en mejor disposición de transformar esa realidad, (y) afina de manera particular los procesos de pensamiento análisis, síntesis, generalización y abstracción, Rodríguez, López y Galloso (2009).

El núcleo central de las actividades lo constituyó la promoción de lectura, se partía de un texto que determinaba la temática a trabajar y del cual se derivaban las demás actividades, en función de una actuación intencional de carácter lúdico y creativo, para transformar actitudes individuales y colectivas en torno a la lectura y al libro y realizar una labor transformadora con respecto a las carencias detectadas en el diagnóstico inicial.

Imagen 8. Actividades de lectura en el Hogar de niños sin amparo familiar “Flores de la Sierra” (La autora a la izquierda, en el suelo, frente al televisor)

Se realizaron actividades que transitaron por las funciones de la lectura desde la lúdico-estética, como función esencial hasta las derivadas o secundarias, formativa e informativa, que permitieron perfeccionar el componente interactivo de la comunicación en grupo, lo que implicó la organización de estas desde la lectura extensiva (más general), para incentivar el deseo de leer, hasta actividades de lectura intensiva (profunda) del texto, para el análisis, la interpretación y valoración). En tal sentido, resultó importante el trabajo de promoción y animación, sustentado en las categorías: actividad y comunicación.

Imagen 9. Premiación en la celebración del Festival del Libro y la Lectura en el Hogar de niños “Flores de la Sierra”, 2012. (La autora al centro)

El desarrollo de estas actividades con carácter lúdico, además de motivar a los niños hacia la lectura: favoreció un clima positivo, relajado, distendido, de confianza  e intercambio mutuo, incitó a la participación, pues durante las actividades los niños se involucraron de una manera activa en el proceso; propició la aplicación de sus conocimientos con respecto al tema tratado; permitió trabajar contenidos con dificultades, además de afianzar y repasar los contenidos aprendidos; generó placer, a través de la lectura, el cálculo matemático, el juego, el baile y la creación artística, al mismo tiempo que desarrolló la creatividad y la imaginación, fravoreció la comunicación, la integración y la cohesión grupal, hizo de los niños protagonistas del acto de lectura y comunicación, y transformó al equipo de promotores-docentes, profesores, educadoras del hogar, estudiantes de español-literatura, niños y director de hogar en una gran familia.

 

Conclusiones

Sin lugar a dudas, mi tránsito por el Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech” me hizo reflexionar sobre cómo llegué al proceso de formación y cómo salí una vez graduada: Llegué curiosa, expectante, pero con el entusiasmo de mis años juveniles; inexperta ante la vida pero con la seguridad de que lo daría todo en la consecución de las metas trazadas; asustada ante la responsabilidad del aula, con la garganta seca y las piernas temblorosas, pero con firmeza grabé en la pizarra y en mi historia personal la fecha de mi primera clase; sin la preparación necesaria, sin las herramientas pedagógicas que luego dominaría, pero con la convicción del cumplimiento del deber; descubrí mis miedos y mis limitaciones, pero los vencí a fuerza de tesón, estudio y perseverancia; llegué sin la certeza de la vocación pero me fui enamorando en cada clase hasta alcanzar la identidad profesional pedagógica.

Aprendí que no llegaría a ser buena profesora si no era consecuente en mis actitudes cotidianas con el modelo de educador que necesitaba el país, si dejaba de ser ejemplo ante mis alumnos, si me dejaba de preocupar por los problemas docentes o personales de mis compañeros. Y aprendí lo más importante: que un joven cubano, que abrazaba a la educación como profesión debía ser fiel a sus principios y luchar por formar generaciones humanamente buenas y preparadas para ser útiles a la sociedad.

Coincido con Mendoza (2023), quien en un artículo periodístico me considera “una profesora enamorada de su profesión”. Fui protagonista y testigo de un proceso de continuidad generacional, unas generaciones depositarias de todo el saber cultural, educacional, político-ideológico y pedagógico que le antecedía (mis directores y profesores) y otras receptoras de dicho saber (los estudiantes de los diferentes contingentes del DPMAD), imbricadas en la continuidad de la batalla por la educación cubana, que dio lugar a  una generación que se incorporó a la vida social aportando lo mejor de sí a la profesión pedagógica, avalada por  una actuación profesional competente y por el alto sentido de crecimiento espiritual y humano.

En el proceso de formación pedagógica a lo largo de toda la vida, entre todos, construimos una familia pedagógica unida por lazos tan fuertes, que no han podido ser desatados por el tiempo ni la distancia ni el olvido ni la desmemoria. He transitado el camino del magisterio durante 50 años y me mantengo en la trinchera del combate educacional, enamora por siempre de mi profesión.

 

 

 

Referencias bibliográficas

Aguirre, M. 1971. La narrativa de Cervantes. L. H.,  Instituto Cubano del Libro.

Castro, F. 1972. Discurso pronunciado en la Clausura del II Congreso  de la Unión de Jóvenes Comunistas. La Habana,  Dpto. Versiones Taquigráficas. Oficinas del Primer Ministro.

De Jesús, T. 2010. El papel del destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech en el fortalecimiento ideológico de sus miembros y en la formación de las nuevas generaciones: la ética profesional pedagógica. Revista Varela. Vol. 3. Nro. 27. Septiembre-diciembre, 230-237.

García, Á. M, Jiménez, M. y Perera, B. 2013. La promoción de la lectura en el proyecto comunitario: “Por un empleo sano del tiempo libre, para el desarrollo integral de los niños del hogar sin amparo filial “Flores de la Sierra”, de la comunidad La Playa del municipio Matanzas. Revista Conrado Vol.8-No. 40 del 5 de mayo de 2013.

Héctor, Y. 2024. Testimonio desde dentro: “El Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech puso en alto la calidad de la educación” Cuba Debate, 14 de julio de 2024. http://www.cubadebate.cu/especiales/2024/07/14.

Leite, A. E. 2011. Historias de vidas de maestros y maestras Málaga. La interminable construcción de las identidades: vida personal, trabajo y desarrollo profesional. Tesis doctoral, Universidad de Málaga.

Martínez, L. M., Sánchez, M. y Villalobos, D. 2006. La representación social de la Misión Sucre en el marco del plan de equilibrio social 2001-2007. Frónesis. Vol. 13. No. 2. Caracas, Agosto 2006.

Mendoza, B. 2023. Ángela, una profesora enamorada del magisterio. Periódico Girón, [Matanzas] 27/12/2023.

Rodríguez, L., López, A. y Gayoso, N. (2009). Fragmentos de El desarrollo de los hábitos de lectura, hoy. Tabloide de lectura 2. La Habana, Curso Universidad para todos.

Sánchez, A. A. y Murillo, A. 2021. Enfoques metodológicos en la investigación histórica: cuantitativa, cualitativa y comparativa. Revista Debates por la Historia 9 (2). 2021, 147-181.

 

 

 

Biodata

Ángela María García Caballero: Doctora en Ciencias Pedagógicas. Universidad de Matanzas, Cuba. Vicepresidente de la Cátedra de Lectura y Escritura de la Universidad de Matanzas. Tutora en el Programa de Doctorado en Ciencias de la Educación y miembro de la planta del Programa Maestría en Didáctica de las Humanidades. Ha publicado artículos y capítulos de libros en Cuba, Colombia, México. Miembro de varias redes académicas y del proyecto de investigación La influencia de la disponibilidad en la educación lingüístico/comunicativa en la formación continua del profesional.

 

 

Notas

[1] El presente trabajo fue presentado en el VIII Coloquio internacional de maestras rurales, de pueblos originarios, afrodescendientes y africanas en la Universidad de Catacamas, Honduras, octubre de 2023. Mesa de trabajo: No. 2 Maestras rurales.

[2] (1898-1974). Escritor, maestro y pedagogo, español de cuna y cubano por ciudadanía, uno de los más destacados introductores en España de la pedagogía Freinet. Nombrado Asesor Principal del Ministro de Educación de Cuba, Armando Hart Dávalos, como director general de Educación Rural  y posteriormente delegado de la Editora Nacional  y director de la Editora Juvenil. Impulsó la publicación de libros de lectura  para niños conjugando el atractivo de la historia con la calidad literaria y la intencionalidad educativa.

[3] (1915- 1993). Educador, poeta cubano, maestro cívico rural. En 1941 organiza la Federación Nacional de Maestro Rurales. A partir del triunfo de la Revolución cubana ocupó importantes responsabilidades en el Ministerio de Educación, desempeñó un papel de primer orden en la Campaña de Alfabetización  y luego en la Dirección de educación para Adultos hasta ocupar la responsabilidad de Viceministro. En 1981 fue designado  Consejero Cultural en la embajada  cubana de la URSS y al regresar encabeza la Comisión Nacional de Promoción de Lectura.

[4] Escuela rural dedicada a la Educación Secundaria Básica en Cuba, en la que se vincula la educación con la preparación para el trabajo agrícola, en sesiones alternas a la docencia. Los estudiantes de estos centros rurales tienen generalmente un régimen interno. En la actualidad muchas de estas escuelas han sido reutilizadas para facilitar viviendas a los campesinos.

[5] Nombre del joven cubano de 16 años que participó en la Campaña de Alfabetización y que fue cruelmente asesinado, conjuntamente con su alumno el campesino Pedro Lantigua, por bandas contrarrevolucionarias de alzados en zonas rurales del Escambray, apoyados materialmente por el gobierno de los E.E.U.U., el 26 de noviembre de 1961, con el objetivo de amedrentar a los jóvenes y a sus padres y hacer fracasar el proceso de alfabetización. Como homenaje a este joven profesor se nombra así al Destacamento Pedagógico.

[6]  Como resultado de la culminación exitosa de la campaña de alfabetización llevada a cabo en Cuba, se le declara  territorio Libre de analfabetismo el 22 de diciembre de 1961.

[7] Escuelas rurales dedicadas a la Educación Preuniversitaria en Cuba, en la que se vincula la educación con la preparación para el trabajo agrícola, en sesiones alternas a la docencia. Los estudiantes de estos centros rurales tienen generalmente un régimen interno.

[8] Sede Universitaria enclavada en el municipio Torriente en la cual recibían la formación los miembros del DDPMAD.

[9] Principio básico de la educación cubana: Combinación estudio-trabajo en sesiones alternas. Se garantiza la alimentación, atención médica y protección de los estudiantes, mediante riguroso control, organización y disciplina ejercida por las direcciones de las escuelas.