La música como experiencia filosófica en Schopenhauer
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La música como experiencia filosófica en Schopenhauer

Music as a philosophical experience in Schopenhauer
Omar Alberto Alvarado Rozo[email protected]0000-0002-1103-3962 1; Héctor Fabio García Libreros[email protected]0000-0001-7445-6869 2
1 Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Colombia; 2 Universidad Nacional Abierta y a Distancia, Colombia
Entretextos, eISSN 2805-6159, vol. 19, n.o 37, may-ago, 2025, 74 - 89
Universidad de La Guajira, Colombia

Artículos

Recibido: 07-11-2024        Aceptado: 14-02-2025
License
Resumen

El presente estudio permite comprender a través de la revisión bibliográfica el encuentro temático de la relación de filosofía y música desde la experiencia filosófica en Schopenhauer. El objetivo es proponer una filosofía de la experiencia estética con énfasis en la música partiendo de los postulados del filósofo Arthur Schopenhauer. El artículo se divide en cuatro apartados temáticos. En el primero se aborda la cercanía que Schopenhauer tuvo con la música, como un erudito conocedor y a la vez como un músico empírico, que tocaba la flauta con maestría. El segundo trabaja en la metafísica y la música desde el pensamiento de nuestro autor, concibiendo que la música es la vía a la verdad. Sigue el tercero, que, desde la metafísica, se involucra una ética fundada en la experiencia estética. Por último, el cuarto, manifiesta el legado estético de Schopenhauer en grandes músicos y filósofos de la historia como Wagner, Tchaikovsky, Mahler; por el lado de los filósofos tenemos a Nietzsche, Mainländer y Cioran. El enfoque será en la influencia filosófica de Wagner en muchas de sus composiciones, debido a la influencia de Schopenhauer. Finalmente, se concluye que la música como experiencia metafísica y expresión espiritual es también una ética en pro de mejorar la condición humana. El aporte académico del artículo se fundamenta más en un criterio filosófico sobre la libre reflexión que acoge un asunto de importancia para la humanidad como es la música.

Palabras clave ética; estética filosofía; metafísica
Abstract

The present study allows to understand through the bibliographical review the thematic encounter of the relationship between philosophy and music from the philosophical experience in Schopenhauer. The objective is to propose a philosophy of aesthetic experience with emphasis on music based on the postulates of the philosopher Arthur Schopenhauer. The article is divided into four thematic sections. The first deals with the closeness that Schopenhauer had with music, as a knowledgeable scholar and at the same time as an empirical musician, who played the flute with mastery. The second one works on metaphysics and music from the thought of our author, conceiving music as the way to truth. The third follows, which, from metaphysics, involves an ethics based on the aesthetic experience. Finally, the fourth, manifests the aesthetic legacy of Schopenhauer in great musicians and philosophers of history such as Wagner, Tchaikovsky, Mahler; on the side of the philosophers we have Nietzsche, Mainländer and Cioran. The focus will be on the philosophical influence of Wagner in many of his compositions, due to the influence of Schopenhauer. Finally, it is concluded that music as a metaphysical experience and spiritual expression is also an ethic for the betterment of the human condition. The academic contribution of the article is based more on a philosophical criterion on the free reflection that embraces a matter of importance for humanity such as music.

Keywords ethics; aesthetics; metaphysics

Introducción

El artículo establece la honda relación entre la filosofía y la música desde el pensamiento metafísico de Schopenhauer. También podría considerarse como un homenaje filosófico a la música. Por consiguiente, abordaremos la filosofía estética de Schopenhauer, más conocido en la historia por ser el fundador del pesimismo contemporáneo. Sin embargo, también es calificado como uno de los filósofos del arte más sobresalientes en la historia. La razón de recurrir al autor obedece a las profundas consideraciones sobre la música en los dos tomos de su obra magna, El mundo como voluntad y representación.

En Schopenhauer la música únicamente no se queda en la teoría. El autor en su estética también aborda la ética. La música puede ser la vía de la redención en un mundo que Schopenhauer considera el peor de los mundos posibles. La experiencia estética es metafísica y ética, porque arroja lejos al individuo del mundo que le preocupa, para sumirse en la contemplación de un plano espiritual. De esta manera, para nuestro autor se aquieta el imperativo de la voluntad. Por tanto, antes de seguir nuestras consideraciones, es necesario que, en palabras de Schopenhauer, se explique el concepto de voluntad:

Así pues, cuando digo voluntad, voluntad de vivir, no se trata de ningún ente de la razón, de ninguna hipóstasis fabricada por mí, ni de palabra alguna de sentido incierto y vacilante, sino que a quien me preguntase qué es ello le remitiría a su propio interior, donde lo hallará completo, con colosal tamaño, como un verdadero ens realissimun. No se ha explicado, pues, el mundo por lo desconocido, sino más bien por lo más conocido que hay, y que nos es conocido de una manera muy otra que todo lo demás (Schopenhauer, 1984, p. 202).

La voluntad, según nuestro autor, es la esencia íntima de la existencia, el fundamento del todo. Se explica como una fuerza cósmica invisible, ciega, pulsional e irracional. El individuo apenas es su fenómeno, la punta del iceberg. Ahora bien, con estos fundamentos del pensamiento de Schopenhauer, se puede proseguir en las reflexiones acerca de la metafísica de la música.

Schopenhauer y la música

La faceta filosófica más conocida de Schopenhauer es la de un pesimismo radical. Su concepción sobre la existencia es radicalmente interesante, ya que niega un progreso finalista que logre la humanidad. Para el filósofo, la existencia humana no tiene sentido, toda satisfacción y alegría nos devuelve a un estado de angustia y desespero, que fija otro deseo. Sin embargo, a pesar del radical pesimismo, Schopenhauer dejó algunas luces en la oscuridad de la existencia humana. Su reflexión sobre el arte, trae un mensaje de redención en el “valle de lágrimas”, que es el mundo. Y para nuestro pensador, el arte puede ser la vía, en especial la música, considerada por él, como el arte mayor.

Por consiguiente, Schopenhauer tiene toda la autoridad para hablar de música. Durante gran parte de su vida tocó la flauta, pero no para el público, podríamos decir era un ejercicio espiritual que hacía a solas. Adquirió este instrumento en una temprana edad juvenil y a diario interpretaba con ella algunas piezas musicales de Rossini. Además, era un asiduo espectador de las óperas y festivales musicales. Evidentemente, la música era muy importante del autor, una manera de vivir. Solé nos cuenta:

Lo más conocido, y ciertamente lo mejor, de la estética de nuestro filósofo es la meditación dedicada a la música, el arte que culmina la jerarquía. Schopenhauer amó la música con pasión. Ya sabemos que aprendió tocar la flauta de pequeño, y que tocarla era indispensable en sus hábitos cotidianos. En una época anterior a la reproducción mecánica, asistía a todos los conciertos y óperas que se le ponían al alcance. Sus conocimientos técnicos y teóricos musicales son profundos. Desde Pitágoras, es el filósofo que ha concedido mayor importancia a la música. Pero lo decisivo es que estos conocimientos están al servicio de una sensibilidad exquisita, capaz de ahondar mucho en la experiencia musical, no solo como fenómeno sino como máxima y más clara revelación de la voluntad. Tan especial es la música que el autor trata, más que como un arte privilegiado y superior, como una manifestación distinta de las otras formas estéticas(Solé, 2015, p. 104).

En otras palabras, al hablar de música, Schopenhauer sabe mucho de lo que habla. Su autoridad se sustenta en una vida dedicada a la música. La música para Schopenhauer es metafísica, es el reflejo más inmediato y fiel de la voluntad, hasta la misma manifestación de la voluntad. De esta manera, para el autor, la música no es una mera representación, sino la expresión de una inmediata realidad metafísica, que es el contacto directo con la esencia íntima de la existencia. De acuerdo con Schopenhauer:

La música es una objetivación y un trasunto tan inmediato de la íntegra voluntad como lo es el mundo mismo e incluso como lo son las ideas, cuya polifacética manifestación constituye el mundo de las cosas singulares. Por lo tanto, la música no es en modo alguno, como las otras artes, el trasunto de las ideas, sino el trasunto de la voluntad misma, cuya objetivación son también las ideas; por eso el efecto de la música es mucho más poderoso y penetrante que el de las otras artes, pues éstas solo hablan de sombras, mientras aquélla habla de la esencia (Schopenhauer, 2013, p. 476).

Para Schopenhauer la música es un lenguaje universal, capaz de conmover a todo ser humano. De acuerdo con González: “El arte musical aparece en todo su esplendor en el opus magnum del filósofo alemán como la luz que hace más visible el dominio de lo en sí, del Ser. Por ello dedica capítulos separados para investigar su influjo en nuestro ánimo, en la medida en que constituye, metafísicamente, un arte particular” (González, 2017). La música tiene un poder influenciador, armoniza el mundo, aquieta o exalta el ánimo.

Solemos gozar de la música desde lo meramente instrumental, pero hay algo más. De modo que, para nuestro autor, la música, como la misma voluntad, manifiesta el querer universal que fundamenta toda la existencia. Por esto, Schopenhauer concibe la música como una vía a la verdad y a la redención.

La primacía metafísica de la música

La música en la filosofía de Schopenhauer tiene un lugar privilegiado. La experiencia estética es el camino a la verdad, al conocimiento de la esencia íntima de la existencia, en algo que se ha esforzado mucho la filosofía. Afirma el autor Safranski: “Para Schopenhauer (como para Adorno), la reflexión sobre la música toca el meollo secreto del mundo. Y ello precisamente porque la música no es copia del mundo fenoménico, sino que es ella misma, de manera inmediata, aquello de lo cual el mundo es la aparición” (Safranski, 2018, p. 451). Pero ¿cuál es el secreto del mundo? Acaso la música nos lleva a un mundo fantasmal. No, la música es experiencia estética, también es metafísica. Porque nos lleva a conocernos a nosotros mismos, que nos aproxima la voluntad o la esencia íntima de la existencia. Que se resume como un querer insaciable, siempre manifiesto.

Resulta que el filósofo Teodoro Adorno toma partido por Schopenhauer en este aspecto de la estética enfocada en la música. Apuesta por la verdad metafísica de la vida, pues, en las profundidades de la metafísica de la voluntad de Schopenhauer, Adorno ve luces. Todo esto significa un optimismo práctico que aspira a mejorar la condición humana. También, la música es una manifestación directa del corazón de la existencia. Según Safranski:

Adorno quien tenía en poco a Schopenhauer, siguió singularmente asociado con él en otro sentido: en la reflexión sobre la música. Adorno trató de atrapar por la “verdad” de la sociedad, así como los restos de lo que antes había sido “verdad” metafísica sobre la vida, en el arte sobre todo y, en particular, en la música, según él, no representa nada exterior a ella misma. Precisamente por eso consuma en su propia lógica la “lógica” del instante histórico. En terminología de Schopenhauer, podríamos formular esa posición del modo siguiente: la música no es la copia de un fenómeno, sino que en ella la voluntad actúa sin materia, sin apariencia, sin relación con ninguna cosa. La música es el acontecimiento de la voluntad sin materia y por eso se expresa desde el “corazón de las cosas”: es el sonido de la “cosa en sí”. No remite a nada exterior a ella: es completamente ella misma (Safranski, 2018, p. 451).

La música tiene que ver siempre con el mundo físico. Pues, los cuerpos, son los que causan los sonidos y llevan los ritmos, la música emana del corazón de la naturaleza. Es importante tener eso en cuenta. Nietzsche sería partidario de esta posición naturalista de la música. No obstante, lo metafísico de la música es la instauración de ese lenguaje universal de la voluntad, que es el pleno manifiesto de un querer eterno e insatisfecho. Para Schopenhauer, metafísicamente todos los individuos son iguales y, lo diferente, radica en lo fenoménico. La música constata esa unidad metafísica.

Las aves y las ballenas, por ejemplo, son capaces de hermosas armonías, debido a esas pulsiones que comparten en lo más esencial con los seres humanos. Se trata del manifiesto de la voluntad de vivir. Afirma Schopenhauer: En lo más íntimo, el núcleo de todo lo individual e igualmente del conjunto; se manifiesta en cada fuerza de la naturaleza que actúa ciegamente y también se manifiesta en el obrar reflexivo del hombre, más la enorme diferencia entre ambas cosas atañe únicamente al grado de la manifestación (Schopenhauer, 2013, p.267). Lo que hace especial la música es que ella es el lenguaje universal definitivo de la naturaleza.

Resulta que compartimos con otras especies animales, ciertas sensaciones a partir de la música. Los cetáceos y las aves paseriformes son las especies que más se aproximan a la experiencia estética, por razones que la ciencia puede constatar. Vamos a enfocarnos en las aves paseriformes, donde encontramos especies como los mirlos, los ruiseñores, los gorriones, los sinsontes y los canarios. Estudios científicos han logrado evidenciar complejas interacciones entre las aves cantoras. Dice el experto en el canto de las aves:

Otros estudios se relacionan con dos fenómenos conocidos como ajuste de canto (song matching) y ajuste de repertorio (repertoire matching). El primero se refiere a que cuando un individuo canta, otro le responde utilizando el mismo canto, mientras el segundo a cuando un individuo canta y otro le responde usando un canto que ambos comparten en su repertorio. Al responder al canto de un vecino, el gorrión cantor selecciona uno de los cantos que comparte con ese vecino para responder, es decir que responde con ajuste de repertorio. Un gorrión no responde a un vecino con el mismo canto de éste, aun cuando tenga en su repertorio dicho canto. Sin embargo, se ha visto que cuando se trata del canto de un extraño (no vecino), sí responde con el mismo canto (ajuste de canto). Esto se ha interpretado como que el macho que responde percibe el canto de un extraño como más amenazante que el canto de un vecino que, por otro lado, representa un competidor más familiar. Para apoyar esta hipótesis y examinar la posibilidad de que el ajuste de canto es una respuesta más fuerte y amenazante que el ajuste de repertorio, se han hecho otros estudios y se ha encontrado que en la época en que se están estableciendo los territorios, los machos responden a una grabación con ajuste de canto, mientras que responden a esta misma grabación con ajuste de repertorio cuando la temporada de establecimiento de territorio ya ha pasado. De manera que se piensa que responder al canto de un individuo con el mismo canto es una forma particularmente efectiva de desanimar a un intruso (Ríos-Chelén, 2013).

Evidentemente, hay un grado de estética en los pájaros, esto en la forma en que interactúan en un nicho ecológico y ajustan sus tonos y ritmos en el canto. Algunas melodías terminan por ser atractivas, otras repulsivas para otros pájaros. En el ser humano la experiencia estética alcanza una graduación más elevada, gracias a la luz del conocimiento. La música creada por todo ser vivo es la voluntad que se afirma, Schopenhauer se refiere a esto como voluntad de vivir. Este es el lenguaje universal que es el latir del corazón de la existencia. Dice Schopenhauer: “es un arte tan sumamente grande y magnífico e incide tan poderosamente sobre lo más íntimo del hombre, donde éste la comprende tan íntegra y hondamente como un lenguaje universal” (Schopenhauer, 2013). Aquí radica lo importante que es la música para la vida y obra del pensador. La universalidad de la música no puede compararse con la universalidad de los conceptos “pois a música é de uma natureza completamente diferente, há nela uma clareza e uma precisão absoluta” (Kringes Vieira, 2023, p. 87). La naturaleza es diferente a la universalidad de los conceptos y esto genera una búsqueda permanente en la unidad entre las expresiones intuitivas de la música y lograr las voluntades de la descripción de la verdad

Por consiguiente, con base a estas consideraciones, del carácter universal de la música, Schopenhauer fundamenta la relevancia de la música sobre todas las artes. Así que, Schopenhauer recurre a un curioso paralelismo para explicar sus consideraciones metafísicas sobre la música. Recurre a las diferentes artes para que representen las graduaciones de la voluntad en el mundo, que son los fenómenos. Las artes plásticas y arquitectónicas son las objetivaciones más bajas de la voluntad. La narrativa se acerca un poco a las más altas graduaciones de la voluntad. En especial, la poesía, para nuestro autor, es la que expresa con más fidelidad la esencia del ser humano, que es la objetivación más alta de la voluntad: “El poeta es en suma el hombre universal; todo lo que alguna vez ha conmovido el corazón de un hombre, aquello que en una determinada situación incita a la naturaleza humana, todo cuanto anida y se incuba en un pecho humano: tal es el tema y el material del poeta” (Schopenhauer, 2013). Sin embargo, en la cumbre está la música como la máxima objetivación.

Para proseguir, hay que examinar a qué se refiere Schopenhauer con objetivación de la voluntad por niveles. Como se ha comentado más arriba, la voluntad, es la esencia íntima de la existencia. La voluntad no tiene grados de perfeccionamiento de menor a mayor como alguien podría imaginar(Santamaría & Calderón, 2023, p. 40). Que es ciega, pulsional e irracional. Por ende, todo lo manifiesto en la existencia es fenómeno de la voluntad, como la piedra, la planta y el ser humano. Metafísicamente, todos son semejantes, pero fenoménicamente son distintos, porque entre fenómenos hay niveles en que la voluntad se manifiesta con más intensidad. Por ejemplo, la diferencia que hay entre la planta y la piedra, o, entre el animal y la planta. Todo esto basándonos en las terminologías del autor. La música quedaría separada de las otras artes, ya que esta es el inmediato fundamento metafísico. Según el especialista en Schopenhauer, González:

En la música, sin embargo, ya no se trata del aparecer eidético de las cosas (como en el resto de artes), sino de una auténtica y acaso definitiva aproximación a su ser, y no por medio de la imagen (pintura, escultura) o la palabra (poesía), sino del sentimiento (Gefühl), primando ahora los movimientos más subterráneos de la voluntad (González, 2017).

De modo que la música se ancla en el pensamiento metafísico del autor. Ahora bien, con este paralelismo, se entiende que la cumbre de las artes es la música. La separa del mundo de las representaciones, en la música comienza el mundo como voluntad. Aquí el autor pretende explicar la evolución metafísica del ser en sí, introduciendo ahora el paralelo en la exclusiva actividad musical como la manifestación directa de la voluntad. Afirma Schopenhauer:

Ahora bien, como es la misma voluntad la que se objetiva tanto en las ideas como en la música, sólo que, de un modo diferente en cada ámbito, aunque no se dé ninguna semejanza inmediata, sí ha de haber un paralelismo, una analogía entre la música y las ideas, cuya manifestación en la pluralidad e imperfección es el mundo visible. La constatación de esta analogía servirá para facilitar la comprensión de una explicación que dificulta la oscuridad del tema (Schopenhauer, 2013, p. 476).

En la música Schopenhauer ve reflejado con pureza su mundo como voluntad, por eso se empeña por apartar las ideas, que en el pensamiento del autor son las representaciones. Según Schopenhauer: “Yo reconozco en las tonalidades más bajas de la armonía, en el bajo continuo, los niveles inferiores de la objetivación de la voluntad, a saber, la naturaleza inorgánica, la masa de los planetas”(Schopenhauer, 2013, p. 476). La naturaleza inorgánica representa el nivel más bajo en la voluntad. Esto se compara con los tonos más bajos de la armonía. En cambio, los tonos más altos, representan el mundo orgánico, las plantas y los animales.

Por tanto, figuremos el mundo como una banda filarmónica. Empezando los tonos más bajos, representado la caída de una cascada. El sonido de la flauta sería el ruido de la brisa. Luego, el tono elevado de una trompeta representaría un águila gritando en las alturas de los cielos. La voz humana, es el máximo nivel de las objetivaciones de la voluntad, la luz del conocimiento y cumbre de la obra. De acuerdo con Schopenhauer:

Finalmente, en la melodía en la voz principal que, al cantar con agudas notas altas, dirige el conjunto y progresa arbitrariamente en una significativa e ininterrumpida sucesión de un pensamiento de principio a fin, reconozco a su vez los niveles superiores de la objetivación de la voluntad, la vida reflexiva y los anhelos del hombre al estar dotado de razón, él es el único que mira continuamente tanto adelante como hacia atrás en el camino de su realidad y de las innumerables posibilidades, consumando así un transcurso vital reflexivo y que por ello se cohesiona como un todo; en correspondencia con ello la melodía es lo único que posee una trabazón significativa e intencional de principio a final. Por consiguiente, la melodía narra la historia de la voluntad iluminada por la reflexión, cuya impronta en la realidad es la serie de hechos; pero viene a decir más, narra su historia secreta, pinta cada agitación, cada anhelo, cada movimiento de la voluntad, todo aquello que la razón compendia bajo el amplio y negativo concepto de sentimiento y no puede asumir en sus abstracciones (Schopenhauer, 2013, p. 478).

Finalmente, imaginemos la cantante soprano en la banda filarmónica, cantando la Habanera del compositor francés Bizet. Es la presentación más elevada de la voluntad, es cuando la música y poesía juntas son la punta de lanza, que representa el conocimiento. Es decir, el anhelo ciego y pulsional de la voluntad en su fenómeno, experimentan el conocimiento del mundo como representación y el autoconocimiento de su ser. Esto es una experiencia estética, porque el arte es la manera inmediata de la objetivación de la voluntad. De esta manera, la voz que canta en la filarmónica canta por todos es la más elevada manifestación de la voluntad. La melodía entera es una luz reveladora del anhelo más íntimo de la existencia.

Al relacionar música y metafísica, Schopenhauer aborda la realidad como una experiencia estética. Para él, el mundo es musical. Todas estas consideraciones tienen cierta especulación metafísica, pero es una interesante metáfora filosófica, a la vez, una manera muy interesante de pensar la realidad. Un Tolkien, un autor del género fantástico, en su obra, pensó el mundo originado a partir de la música de los espíritus:

Las voces de los Ainur, como de arpas y laúdes, pífanos y trompetas, violas y órganos, y como de coros incontables que cantan con palabras, empezaron a convertir el tema de Ilúvatar en una gran música; y un sonido se elevó de innumerables melodías alternadas, entretejidas en una armonía que iba más allá del oído hasta las profundidades y las alturas, rebosando los espacios de la morada de Ilúvatar, y al fin la música y el eco de la música desbordaron volcándose en el vacío, y ya no hubo vacío(Tolkien, 2014, p.12).

Más allá de la verdad y el misterio de lo que es el universo en sí y sus orígenes, la experiencia estética en la música la clarifica en todo. Porque afirma la voluntad, el ser que existe, pero libre de las ataduras del egoísmo, en una pura contemplación. Pero Schopenhauer decía que la solución a los problemas de la existencia, el incesante sufrimiento de los seres, era negar la voluntad. Resulta que no hay manera que Schopenhauer escape de ella, el arte mismo es una manera inmediata de afirmación de la voluntad. No obstante, la experiencia estética, como ética, lleva al individuo a un estado de pura contemplación desinteresada, libre del principio de individuación en que lo ancló la voluntad. Afirma González:

En la experiencia artística, propia del genio, acontece una suspensión de la actividad volitiva, o más certeramente, el intelecto deja de estar al servicio de la azarosa y siempre hambrienta voluntad, tan ávida de nuevos deseos que satisfacer y anhelos que cumplir. Es así como Schopenhauer arriba a la caracterización de uno de los estandartes de su reflexión sobre el arte: el sujeto puro del conocer (González Serrano, 2017).

El eterno anhelo insatisfecho se vuelve una vía para alcanzar la redención, ya que el contemplador se afirma como un parte del todo y no necesita nada más que conocer su esencia más íntima. Librarse del principio de individuación para ser uno con el todo. A continuación, en el siguiente apartado se desarrolla con más profundidad este aspecto de la estética y ética en Schopenhauer con enfoque en la música.

Metafísica y ética de la música

Para Schopenhauer la música es trascendental, inmaterial y fiel reflejo de lo que es la esencia íntima de la existencia, que descansa en la interioridad de los seres. Afirma Schopenhauer:

Una sinfonía de Beethoven nos descubre un orden maravilloso bajo un desorden aparente. Es como un combate encarnizado que un instante después se resuelve en un hermoso acorde. Es el rerum concordia discors, una imagen fiel y cabal de la esencia de este mundo, que rueda a través del espacio, sin premura y sin descanso, en un tumulto de formas sin número que se desvanecen sin cesar. Pero al mismo tiempo, a través de la sinfonía, hablan todas las pasiones y todas las emociones humanas: alegría, tristeza, amor, odio, espanto, esperanza, con matices infinitos y, sin embargo, enteramente abstractos, sin nada que los distinguen unos de otros con claridad. Es una forma sin materia, como un mundo de espíritus aéreos(Schopenhauer, 2018, p. 153).

La música es una experiencia espiritual. Y para nuestro autor, es un arte que puede redimir la humanidad. Porque aquieta los imperativos de la voluntad. El incesante anhelo se aquieta en la contemplación, es decir, en el oyente. Lo arroja de su individualidad para ser partícipe la experiencia pura, desinteresada, según González:

Cuando accedemos a la experiencia estética, se da una supresión de la individualidad (Aufhebung der Individualität) que permite la irrupción del sujeto cognoscente, del sujeto puro (rein) emancipado del fatal imperio de la voluntad, y al que se manifiesta en todo su esplendor la idea eterna, la manifestación antropológica más fastuosa del arte (González, 2017).

En este punto, es la música, la vía más pura para liberarse de la voluntad, en lo que denomina Schopenhauer la contemplación desinteresada o el sujeto del puro conocimiento. De tal modo, la vida es mucho mejor en este estado. De acuerdo con el filósofo: “Escuchar grandes y hermosas armonías es como baño del alma: purifica de toda mancha, de todo lo malo y mezquino, eleva al hombre y le pone de acuerdo con los más nobles pensamientos de que es capaz, y entonces comprende con claridad todo lo que vale, o más bien, todo lo que pudiera valer” (Schopenhauer, 2018, p.153). Resulta que la música nos abre la puerta a un nuevo mundo, es decir, éticamente, una manera de ser. Más allá de jerarquizar y definir a la música, “Schopenhauer aventura toda una concepción estética de cómo entender la música con sus propios términos, los cuales no son precisamente los de un músico, pero sí reflejan un profundo respeto por la música”(Rivero, 2020, p. 80). Dinamizando un dialogo ente lo ético y lo estético como la manifestación sublime de la voluntad.

Schopenhauer piensa que, en el arte, en especial la música, el ser humano se salva de sí mismo, ósea de la voluntad, pues, el origen de las hostilidades en el individuo radica en el principio de la individualidad, que es el egoísmo, la voluntad de dominio. De manera que, en la creación y la contemplación, según Schopenhauer, hay una ética, una manera de trascender en el mundo. Esto conlleva al ideal de artista asceta. Dice Solé:

El oyente contempla su esencia y la esencia del mundo, la voluntad. La música le lleva por todos los estados interiores o sentimientos: le eleva a extáticos instantes de plenitud, le asienta en una serenidad pausada, le sume en el sufrimiento o les precipita a pasiones arrebatadas. Lo mueve en una dimensión estética, libre tanto de hechos empíricos como de un material que se puede identificar con estos hechos. Le da en un plano intuitivo lo esencial de las emociones. Produce un insuperable placer estético porque convierte en lenguaje la más profunda intimidad de la esencia humana (Solé, 2015, p.106).

Para nuestro autor es la música el arte más poderoso para arrebatar al ser humano del egoísmo subjetivo. Entonces, la música, como el trasunto directo a la voluntad, logra armonizarse con el mundo, ya que, comprendiendo la esencia de todo, se llega a entender que no hay nada que temer si no tenemos nada, incluso, ante la muerte. Porque la existencia del individuo es una experiencia estética, entendido como una obra que se manifiesta de la voluntad. Lo ideal es olvidar el principio de individuación, para tener conocimiento de sí como parte de un anhelo infinito. Eso sería todo para el individuo. Por eso, no habría porque sucumbir ante el temor o las ambiciones materialistas del mundo. De acuerdo con Schopenhauer:

Pues el arte saca de la corriente que arrastra el curso del mundo al objeto de su contemplación, aislándolo ante sí, y ese objeto singular, que en esa corriente era un elemento tan insignificante como fugaz, se torna para el arte un representante del todo, un equivalente de la infinitud que puebla el espacio y el tiempo; el arte se detiene ante ese objeto singular: se para la rueda del tiempo y desaparecen las relaciones; sólo lo esencial, la idea, constituye su objeto (Schopenhauer, 2013, p. 372).

El oyente es arrojado del principio de individuación para ser partícipe en una comunión con el todo. El egoísmo llega a ser expulsado transitoriamente, la música integraría al individuo con el todo. Por eso es, que, la estética schopenhaueriana es una vía a la ética. Dice el autor Solé: “El conjunto de la estética schopenhaueriana es una reflexión de primer orden no solo sobre el arte, sino – lo que resulta más relevante en esta exposición – como primera escapatoria a la tiranía del egoísmo subjetivo” (Solé, 2015, p. 106). Sin embargo, es una escapatoria que logra muy pocos, porque seríamos muy ingenuos si pensáramos que el arte de primera nos libra del egoísmo, cuando se vive en un mundo consumista donde el arte es esclavo del monopolio comercial o del ideológico.

Por esto el auténtico arte, que es libre, es muy raro y escaso. Y sobre todo la música, muy explotada comercialmente. Ya se ha mencionado, lo de Schopenhauer es un arte ascético. Pero es cierto, el arte nos ofrece esa vía de la redención, que la mayoría desdeña.

El legado de Schopenhauer en músicos y filósofos

El legado de Schopenhauer no se limita a la filosofía. Es maravilloso que en los artistas haya dejado una profunda huella como maestro. Schopenhauer fue el maestro filosófico de músicos, poetas y narradores. Incluso, los artistas se tomaron con más seriedad las obras del autor de El mundo como voluntad y representación, que la misma academia de filósofos; estos últimos más volcados a Hegel y Marx.

Por ejemplo, el libro El mundo como voluntad y representación, fue leída con entusiasmo por el célebre poeta Goethe, También, influenció a otros autores en las letras como a Tolstoi, Turguénev, Nietzsche, Mann, Unamuno, Baroja y Borges. En la música fue más determinante, más que cualquier filósofo. Influyó a muchos de los más grandiosos músicos y compositores de la historia: Wagner, Schönberg, Tchaikovsky y Mahler. Y muchos de estos músicos le tenían una especial devoción. Según González: “el mismísimo Mahler, quien incluso cita a Schopenhauer y de él asegura que había escrito las líneas más bellas y profundas jamás redactadas sobre la música” (González, 2017). No hay dudas que Schopenhauer dejó una huella imborrable como maestro en los más grandes músicos del siglo XIX.

Sin embargo, el músico más reconocido, por su devoción a la obra del filósofo, es Wagner. Dice Safranski: “Todavía en tiempos de Schopenhauer, Richard Wagner se había apropiado con entusiasmo de lo que esta filosofía de la música tiene de halagador para un músico. Por otra parte, hasta había pretendido “mejorar” a Schopenhauer: quería – ¿a quién puede asombrarle? – redimir la voluntad por medio del amor” (Safranski, 2008, p. 451). El entusiasmo de Wagner por la filosofía de Schopenhauer se evidencia en lo sublime y conmovedor de sus composiciones. Por ejemplo, Der ring des nibelungen, Ride of the valkyries, Entry of gods into Valhala, Siefried´s funeral y muchas más.

Un oyente que profundice en la música de Wagner, le invade un sentimiento dionisíaco. Que también, puede describirse como un sentimiento oceánico en terminología de Freud, usando dicho término para describir una experiencia religiosa. Nietzsche, en un principio, se identificaba con las ideas de Schopenhauer y Wagner, en una afinidad que quedó registrada en la primera obra de Nietzsche titulada El nacimiento de la tragedia. A pesar de que rompió su amistad con Wagner y se distanció del maestro, Schopenhauer, es innegable la herencia que tomó Nietzsche de la voluntad schopenhaueriana. El pensador concibe la naturaleza como la fuerza dionisíaca, que es pura pulsión.

Volvamos a Richard Wagner. En este músico los tonos tienden a elevarse a lo más alto posible, a liberar sentimientos dionisíacos. Intenta que el oyente monte con las valquirias y entre a la instancia de los dioses. Esas son las sensaciones que puede descubrir un oyente de Wagner. Todo esto está fundado en las conexiones que el compositor intentaría con el pensamiento de Schopenhauer. En lo personal, con toda la admiración y dedicación al estudio del filósofo, Wagner no logró ser muy cercano a Schopenhauer. Comenta Safranski:

Richard Wagner le transmite una invitación para ir a Zúrich; él, en cuanto refugiado político, no puede entrar en Alemania. Schopenhauer rechaza la invitación. El libreto de El anillo de los nibelungos, que le había enviado Wagner con una dedicatoria, es ocasión para que Arthur haga la siguiente observación al intermediario: “dé las gracias a su amigo Wagner en mi nombre por el envío de sus nibelungos. ¡Sólo que debería abandonar la música, pues tiene un genio mayor para la poesía! Yo, filósofo, sigo siendo fiel a Rossini y a Mozart…” (Safranski, 2008, p. 455).

De todos modos, Wagner admiró a Schopenhauer por el resto de su vida. Un ejemplo de esto, es que Nietzsche, siempre le criticaba a Wagner las influencia schopenhaueriana en sus obras de arte. Lo que pretendía hacer Wagner en su obra, incorporando el pensamiento de Schopenhauer, se fundamenta en la experiencia estética como redentora de la humanidad y, como afirmadora del amor. El biógrafo de Wagner, Penella, afirma: “Leyó con entusiasmo la obra de Schopenhauer y siguió adelante. Acaso el Nirvana del filósofo guardaba algún parentesco con su propio anhelo de redención por el amor” (Penella, 1985, p. 170). El nirvana schopenhaueriano si guardaba un parentesco con el entusiasmo artístico de Wagner, que radica en la redención de la humanidad en la ascesis estética.

En la historia de la filosofía los más grandes discípulos fueron Mainländer y Nietzsche, también muchos otros, como Hartman, Freud, Wittgenstein y Cioran. En especial, Nietzsche, seguiría con un inmensurable aprecio a la música. Dice el autor: “! ¡Qué poco se requiere para ser feliz! El sonido de una gaita. – Sin música la vida sería un error. ¡El alemán se imagina a Dios mismo cantando canciones!”(Nietzsche, 2013, p. 49). Nietzsche hereda de Schopenhauer el sentimiento dionisíaco de la música. Concibe la existencia como una experiencia estética. Lo dionisíaco es la fuerza ciega de la naturaleza, que es una sinfonía sin fin.

Aunque Nietzsche rompe con los fundamentos pesimistas de Schopenhauer y niega toda la metafísica tradicional. No obstante, conserva la concepción de la naturaleza como una fuerza ciega y pulsional, a la que se afirma. Si Schopenhauer niega la voluntad y su principio de individuación, Nietzsche afirma la voluntad y el principio de individuo, de aquí nace la voluntad de poder. De esta manera, para Nietzsche, la música emana de la naturaleza como una fuerza afirmadora. La música no sería una experiencia metafísica, sino que inmanente, es un puro sentimiento dionisíaco.

Sin embargo, deja un espacio para la metafísica, entendida como una tarea que tiene el individuo con la vida, como una fuerza afirmadora. Hay que volver a la primera obra de Nietzsche para comprender su metafísica del arte, en una dedicatoria a Wagner: “A esos hombres serios sírvales para enseñarles que yo estoy convencido de que el arte es la tarea suprema y la actividad propiamente metafísica de esta vida, en el sentido del hombre a quien quiero que quede dedicado aquí este escrito, como a mi sublime precursor en esa vía”(Nietzsche, 2013, p. 48). También se puede decir que la dedicatoria va dirigida a Schopenhauer.

Conclusión

Desde Pitágoras y Platón, un filósofo no profundizó de esta manera en la música. De tal manera, que llegó a ser un maestro para músicos como Richard Wagner. Schopenhauer logra unir filosofía y música, su reflexión indica una experiencia metafísica y una ética para una conciencia mejor. A tal punto, que el mundo del espíritu es el de la música. Dice nuestro autor: “Cuando oigo música, mi imaginación juega a menudo con la idea que la vida de todos los hombres y la mía propia no son más que sueños de un espíritu eterno, buenos o malos sueños, de que cada muerte es un despertar” (Schopenhauer, 2018, p.153). La experiencia musical, aparte de estimular la imaginación, es un viaje a la interioridad, al conocimiento de la esencia íntima de la existencia.

De esta manera, para nuestro autor, la música nos arroja lejos del principio de individuación. Y se logra la pura contemplación libre de los imperativos de la voluntad. Esta sería la fase del sujeto puro del conocimiento. En eso consiste parte de la ética de Schopenhauer, emanciparse de los imperativos de la voluntad, logrando una mejor vida, dónde está libre de hacer una injusticia y padecerla. Aquí empezaría el grueso de la ética schopenhaueriana, sustentada a la renuncia de los imperativos físicos y la ascesis. Por su parte, el artista captura la idea eterna de la voluntad, revela una verdad y se vuelve un asceta. Contemplador y oyente de su obra, revela la verdad, que es anhelo puro, que no necesita nada, temer nada, solo ser y nada más.

Las reflexiones sobre la música en Schopenhauer iban a ser determinantes para que inspirase a unos de los más importantes compositores de la historia, como en el caso de Wagner. En la historia de la filosofía estábamos acostumbrados de filósofos creadores de complejas teorías metafísicas o precursores de revoluciones. Por su parte, Schopenhauer, como filósofo del arte, inspiró a los más grandes artistas, siendo un maestro cultural, un amo de la época. Finalmente, es la música, un despertar y un manifiesto de la espiritualidad. Incluso, un ateo declarado como Richards Dawkins, admite en la música la más elevada y auténtica experiencia espiritual. Dice Dawkins:

En una ocasión fui invitado de la semana en un programa de radio llamado Desert Island Discs. Hay que elegir los ocho discos que te llevarías si te abandonaran en una isla desierta. Entre mis elecciones estaba el aria Mache dich mein Herze rein, de la Pasión según san Mateo de J.S. Bach. El entrevistador era incapaz de entender cómo podía elegir música religiosa sin ser religioso. Por lo mismo, también se podría elegir música religiosa sin ser religioso. Por lo mismo, también se podría decir, ¿cómo puede gustarle Cumbres borrascosas cuando sabe perfectamente que Cathy y Heathcliff nunca existieron realmente? (Dawkins, 2017, p. 111).

De esta manera, la música, el lenguaje universal, es capaz de unirnos a todos en un mismo sentimiento, a los ateos como Richard Dawkins y, a todas las personas que creen en alguna divinidad o ser sobrenatural. Así, la música logra hacer del mundo un lugar mejor, como si la música fuera la luz del sol al amanecer, que nadie discrimina y a todos llega, que a todos ilumina. La experiencia metafísica es por fin encontrar en uno y en toda esa unidad original, que es la voluntad, un anhelo infinito, redimido en el conocimiento.

Referencias bibliográficas

Dawkins, R. (2017). El espejismo de Dios. Espasa.
González Serrano, C. J. (2017, septiembre 30). Schopenhauer: La música como conocimiento metafísico. El Vuelo de la lechuza. https://elvuelodelalechuza.com/2017/09/30/schopenhauer-la-musica-como-conocimiento-metafisico/
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Nietzsche, F. (2013). Crepúsculos de los ídolos. Alianza Editorial.
Penella, M. (1985). Wagner. Editora Cinco.
Ríos-Chelén, A. A. (2013). Sobre la función en el canto en las aves. revista de cultura científica, 109-110. https://www.revistacienciasunam.com/pt/149-revistas/revista-ciencias-109-110/1239-sobre-la-funci%C3%B3n-del-canto-en-las-aves.html
Rivero Hinojosa, A. P. (2020). El Acorde de Tristán y la idea afortunada de Schopenhauer: The Tristan Chord and Schopenhauer’s Lucky Idea. Areté: Revista de Filosofía, 32(1), 71-92. https://doi.org/10.18800/arete.202001.004
Safranski, R. (2008). Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía. Tusquets Editores.
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Schopenhauer, A. (2013). El Mundo Como Voluntad y Representación. Alianza Editorial.
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Tolkien, J. R. R. (2014). El Silmarillion. Minotauro.

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