La Inteligencia Artificial -IA- en los contextos educativos

Artificial Intelligence (AI) in Educational Contexts

Tü inteligenciaa artifical (IA) münaka julu’upuna ekirajiapalaa

 

 

Resumen

Se pregunta “¿Es la IA un autor?” y a partir de allí se reflexiona sobre su función en los contextos educativos formales y en la producción de conocimiento. Se revisa cómo el uso de herramientas como ChatGPT conlleva retos en las prácticas pedagógicas y supera las actitudes tecnofóbicas y acríticas sobre los aprendizajes escolarizados. La premisa sostiene que la educación siempre mantiene vínculos con las tecnologías, desde la escritura hasta los medios digitales. Sin embargo, se enfatiza que el aprendizaje trasciende los dispositivos tecnológicos y se sustenta en la dinámica pedagógica que se establece entre el docente, el estudiante y el conocimiento. Desde este enfoque, se consideran los temores sobre la posible sustitución del docente por la IA, mostrando que situaciones similares surgieron en el siglo pasado con el radio, el cine y la televisión; no obstante, la necesidad de la interacción y el carácter deliberativo en los contextos educativos no podrán ser reemplazados por ninguna herramienta, incluida la IA.

Palabras clave: apocalípticos, Gepetto, inteligencia artificial, interacción, pedagogía.

 

Abstract

This article poses the question: "Is AI an author?" and, from there, reflects on its role in formal educational contexts and knowledge production. It examines how the use of tools such as ChatGPT presents challenges to pedagogical practices and overcomes technophobic and uncritical attitudes toward formalized learning. The premise maintains that education always maintains ties with technologies, from writing to digital media. However, it is emphasized that learning transcends technological devices and is sustained by the pedagogical dynamic established between the teacher, the student, and knowledge. From this approach, fears regarding the potential replacement of teachers by AI are considered, noting that similar situations arose in the last century with radio, cinema, and television; nevertheless, the necessity for interaction and the deliberative nature of educational contexts cannot be replaced by any tool, including AI.

Keywords: apocalyptic, Geppetto, artificial intelligence, interaction, pedagogy.

 

Jüküjia palitpütchiru’u

Asakinnaüsü “¿wanee wayuu ku’yama tï IA anülia? Yalajee yala osoirire’enna anainrü julu’upaüna ekirajiapülee eekalü jee jukuyamajia atüjalaakat. Jusanaanaka jamüin jü’yataaya jükachuweetse maka jaa’in ChatGPT aapüsü jaawain jü’yataaya ekirajiapalaa jee jülatüin jumomotse wachuweera jee masoutülee jüchikua natüjalapa ekirajaashii. Palajanaa ma’ai jüküjain jiain tü ekirajawaakat painwaain jümaa tü kachuweerakalüirua, juttianainjee jeerü ashajiakat eemüinree jukua’ipa kachueera epetuuika jüka ajapiraa. Mayaapaje’e jia, juchuntaaka jüpüla jiainjatüin tü ekirajawaakat awattawolojüin jïkachuweeraepala kaxhuweera jünainjee jukua’ipa ekirajaaya eekalü nama’ana ekirajaalii, ekirajaashii jee jünain atüjalaa eekalü. Yaajeetaa yaa, kanüliain eein jüpüla nasünne’enüin na ekirajuluukana jutuma tü IA mïmakat, eere ji’iyatüin akua’ipaa aikalaakat po’loo juya alatüipakat maka jaa’in kachuweerainrua kanuliakat raawia, e’iyatütkat ayolujaa jee telewisooru; aitataasüjee’e jia, jücheujaalanain cheujaain antanajirawaa jee jutuunajayanain jüpütchajia mmapa’apünaa eere eein ekirajiapalaa najapulujutu ekirajülii, nnojoleerü asawatüin na’yataayapala nayakana jutuma kachuweerainrua, aitayaasüjee tü IA münaka joolu’u.

Pütchi katsuinsükat: eweetatkaa ashunalu, Gepetto, inteligencia artificial münakat, antanajirawaa, ekirajawaa.

 

 

Introducción

En las últimas décadas, el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA) ha generado profundas transformaciones en diversos ámbitos de la vida social, entre ellos el educativo. La aparición de sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de información, producir textos y simular procesos de razonamiento ha reactivado debates sobre el papel de la tecnología en la producción de conocimiento y en las prácticas pedagógicas. En particular, herramientas basadas en modelos de lenguaje, como ChatGPT, han suscitado interrogantes sobre su posible incidencia en la enseñanza, el aprendizaje y la autoría académica.

Históricamente, la educación ha mantenido una relación estrecha con los desarrollos tecnológicos. Desde la invención de la escritura hasta la incorporación de medios audiovisuales y recursos digitales, cada innovación ha suscitado expectativas sobre su potencial para mejorar la transmisión del conocimiento y ampliar el acceso a la educación. Sin embargo, también ha generado preocupaciones acerca de la posible sustitución del docente o de la pérdida de ciertas capacidades humanas asociadas al aprendizaje, como la reflexión crítica y la elaboración autónoma del pensamiento.

En este contexto, la irrupción de la IA plantea nuevamente la necesidad de EXPLORAR las relaciones entre tecnología, conocimiento y formación. Por una parte, algunos discursos destacan las ventajas de estas herramientas para apoyar procesos de búsqueda, análisis y producción de información. Por otra, surgen posturas críticas que advierten sobre los riesgos de delegar en sistemas automatizados funciones propias de la actividad intelectual humana.

A partir de estas tensiones, el presente artículo se pregunta si la inteligencia artificial puede ser considerada un autor y cuáles son las implicaciones de esta posibilidad para los entornos educativos. Con este propósito, se reflexiona sobre el lugar de la IA en la producción de conocimiento y en las prácticas pedagógicas, analizando sus potencialidades y limitaciones desde una perspectiva que reconoce la historicidad de la relación entre educación y tecnología. El análisis parte de la premisa de que, aunque las herramientas tecnológicas pueden transformar las condiciones de acceso y circulación de la información, los procesos formativos continúan dependiendo de la interacción entre sujetos, del vínculo con el saber y de las dinámicas pedagógicas que se construyen en el espacio educativo.

Desarrollo y discusión

Bajo la dirección de Eduardo Serrano O., hemos venido realizando análisis del discurso narrativo, de ahí el nombre del grupo, ADN. Este trabajo se desarrolla en dos ámbitos; primero, se aplica a obras concretas; Serrano insiste en determinar el corpus para el que cierta conceptualización resulta pertinente “¿En qué corpus?” —suele decir, citando una respuesta de François Rastier en una entrevista—. Segundo, fortalece nuestra labor docente; en este marco, la reciente fama mundial de ChatGPT —al que hemos bautizado como Gepetto—, aunque ya operaba previamente, nos planteó interrogantes como profesores, dado que comenzaban a circular las posibles implicaciones de su presencia en la educación. No nos consideramos apocalípticos ni acríticamente integrados —como señalaba Umberto Eco—, por lo que no contemplamos incorporarla simplemente “porque está de moda” o para “evitar el analfabetismo de la IA”, ni tampoco rechazarla en nombre de un ‘purismo’ asociado a una educación idealizada y, por ende, inexistente.

Ortega (1939) afirma que, “Sin la técnica, el hombre no existiría, ni habría existido nunca” (p.13). Así, la educación forzosamente se relaciona con los instrumentos. Pertenecemos a alguna formación social específica que funciona con instrumentos (muchos de los cuales están diseñados ex profeso para el encuentro educativo). Ahora bien, ¿hasta qué punto ellos determinan la educación? Por supuesto que hay diferencias sustanciales entre disponer, de un lado, de una superficie de arena y de una rama para trazar un dibujo; y, de otro lado, tener un tablero digital. No obstante, en ambos casos puede haber o no educación; ésta no depende de uno u otro de estos dispositivos. O sea que la diferencia es sustancial, pero no desde la perspectiva formativa. El primero era una de las opciones de Sócrates en el Menón, quizá la mejor en el momento preciso en que tiene que hacer una demostración[1]; igualmente, el segundo es una de las opciones para nosotros hoy, quizá la mejor. Con todo, que el esclavo de Menón aprenda, o que nuestros estudiantes aprendan, no depende de la herramienta. La educación es algo más complejo, que comprende la relación con el saber de quien pretende enseñar y de quien pretendemos que aprenda, así como la relación entre ambos.

Entonces, hoy podemos enseñar sin Internet, por supuesto, pero nos estaríamos privando de un recurso que aquel a quien nos dirigimos también conoce y, por razones de su inscripción social, lo tiene incorporado a sus prácticas, de manera que, con toda razón, sentiría que se le está restringiendo algo propio (volveremos sobre este punto). Además, la información necesaria y el acceso a ella está facilitado por dicha herramienta, lo que haría ‘anacrónico’ el trabajo. Así, estaríamos ‘demorando’ el acceso y disminuyendo la información posible, sí, pero únicamente de la puesta en escena de algo que consideramos necesario comunicar, mostrar, encontrar, etc., es decir, de algo atinente a la información, no al enseñar, no al “hacer aprender algo” o, mejor, a hacer aprender a aprender al otro. ‘Informar’ y ‘formar’ son asuntos relacionados y, por eso mismo, distintos. Como no hay relación necesaria entre la disponibilidad de las herramientas más actuales y la formación, puedo 1.- disponer de ellas y no producir efectos formativos; 2.- disponer de ellas y efectivamente producir efectos formativos; 3.- no disponer de ellas y producir efectos formativos; 4.- no disponer de ellas y no producir efectos formativos. Y esto no se zanja recomendando “el mejor escenario” (ambos con signo positivo), pues no se trata de voluntades, se trata de relaciones efectivamente existentes con el saber y con el otro; algo que no se puede prometer o simular.

Por nosotros mismos, por observar a otros y por conocer las noticias, estamos advertidos de lo que se puede hacer con el celular; más allá de lo que anuncian las propagandas de aparatos, de compañías oferentes del servicio o de aplicaciones, alcanzando lo que nuestra economía libidinal hace posible. Por ejemplo, el celular sirve para extorsionar y coordinar crímenes desde las cárceles[2] (El Universal, 2025), para jugar, chatear, hacer matoneo, oír música, ver videos, retocar su figura, tomar fotos, etc., en lugar de prestar atención en clase, entonces, la solución de los apocalípticos es restringirlo e, incluso, prohibirlo a nivel de la clase de un docente, de una institución educativa[3](Rentería, 2024), de un país (Nación, 2025), hasta el nivel internacional (Agencia & Imbaquingo, 2025). Por su parte, los integrados inmediatamente llaman a incorporar el aparato como una herramienta indefectible del trabajo del maestro, tanto docente como ‘administrativo’. De nuevo, el asunto es más complejo; pensemos en algunas de las razones de ambos bandos, 1.- prohibir ¿porque estamos perdiendo el ‘dominio’ del grupo? Sólo sería una prohibición más en el escenario educativo; bajo la lógica del contrato —por oposición a la lógica de la ley— nos sentimos con derecho a introducir otras más drásticas, muchas veces creyendo que la autoridad se impone. Y 2.- permitirlo ¿porque, el cliente tiene razón? Como la situación actual ha ido imponiendo en la educación una serie de conceptos fetiche —como decía Eco (1965), de expresiones “políticamente correctas” (‘participación’, ‘democracia’, ‘inclusión’, ‘diálogo de saberes’, etc.), “se piensa que una resistencia a los modos de satisfacción de los estudiantes es ejercer un poder al que ya no tenemos derecho y, entonces, habría que dejar hacer, atenuar las exigencias, convertir el espacio educativo en una escena amorosa.” (p.11).

Ambos ámbitos son muy complejos: una autoridad ganada es auténtica; cuando se impone es autoritaria (Lacadée, 2015). Entonces, ¿prohibir de forma autoritaria el uso de celulares —que ya tienen IA— en clase?, ¿permitir su uso al tiempo que diluimos nuestro lugar como profesores en la escuela? Y cuando se abandona la primera de forma vergonzante (enterados tardíamente de haber sido agentes del poder), y cuando asumimos la segunda de forma deshonrosa, paradójicamente no nos ubicamos en una posición de crítica al poder ni favorable a la formación.

Bueno, algo muy parecido sucede con la IA. Nos advierten que muchos maestros, abogados, médicos, diseñadores, etc. nos vamos a quedar sin empleo. Es curioso, pues no es la primera vez que esta amenaza tiene lugar, al menos con los docentes. Ocurrió cuando se inventó la radio… y de nuevo cuando se inventó el cine… y también cuando se inventó la televisión (Álvarez, 2003). El nuevo medio se presentaba como una solución, al menos de dos asuntos gruesos; las dificultades técnicas para cubrir a toda la población y las dificultades humanas para garantizar buena calidad del trabajo docente.

El primero tiene que ver con las distancias, con la baja densidad de población en la zona rural, con la falta de vías para llegar a todos los rincones, con lo agreste que pueden ser ciertas zonas, con los medios técnicos disponibles, con los conflictos sociales en esas zonas (guerrilla, paros) y, sobre todo, con el costo que requiere allanar esas dificultades que, más adelante, también se van a ver constreñidas por el afán neoliberal de ajuste fiscal. Entonces, cuando llegó la radio, el perrito de Pavlov salivó. ¡Ahora sí!: las ondas irían hasta lo más recóndito (bastaba con sendas repetidoras aquí y allá), a un costo ínfimo, comparado con lo que representaría mover y sustentar un ejército de personas. Además, se tocaba también el asunto de la calidad, pues las frecuencias transmitirían lo mismo en todas partes, algo que, de carambola, ayudaba en la conformación de Estados en ciernes que necesitaban unificar la moneda, la lengua, las estadísticas (Desrosières, 1995), y el currículo. Así, un buen tecnólogo educativo, ubicado en la capital, reemplazaría a miles de maestros… bueno, se podían tener dos de estos tecnólogos, por si el primero exigía aumento de salario. Se emprendieron los esfuerzos pertinentes, sin embargo, el asunto no funcionó, ¡pues tenía que haber personas de por medio!

Y cuando llegó el cine… y cuando llegó la televisión… ocurrió lo mismo. Otra vez la ilusión de reemplazar a los maestros y de unificar la información, y otra vez el fracaso, los logros fueron reales, aunque quedaron lejos de la gran aspiración y, en consecuencia, tales programas se redujeron o se abandonaron para volver al punto inicial, necesitamos maestros.

Dijimos que los maestros estamos ligados al asunto de la calidad. La pregunta, al respecto, es ¿cómo? Si fuera por la manera como presentamos la información, ya estaríamos arrollados por el cine y la televisión; si fuera por la cantidad y la velocidad de la información que movemos, ya estaríamos derrotados desde la multimedia (y ni hablemos de Internet).

Anotábamos una dificultad humana en relación con la calidad del trabajo docente. Claro, pues los maestros han de ser formados, y no funcionan como autómatas que repiten el currículo —así lo crean—, poque son sujetos que mantienen una relación singular con el saber y desean transmitir al otro la posta de esa relación.

A su vez, las instituciones que tienen a cargo esa labor también son disímiles. Es decir, el ‘problema’ de la calidad está emparentado con la contingencia, mientras que la cobertura tiene que ver con la necesidad. Y entonces, los genios —o, mejor: los obsesivos— de la política educativa, que se angustian cuando aparece la contingencia, pretenden escamotearla introduciendo la necesidad; por eso ven en los medios la solución, por eso perpetran el oxímoron “tecnología educativa”, por eso hablan de ‘misión’, ‘visión’, por eso visualizan a la IA como un tutor que puede tomar el lugar del maestro.

Volvamos, entonces, a las amenazas; muchos gremios —entre ellos los maestros— estaríamos pendiendo de un hilo, dado el advenimiento de la IA. ¿Cuál es el razonamiento? Hoy en día, ningún médico alcanza a acceder a toda la información sobre su campo, descubrimientos, medicamentos y contraindicaciones, discusiones, experimentos, casos, reglamentaciones, nuevos aparatos, etc.; así mismo, ningún abogado logra alcanzar todo lo que circula sobre su campo, legislaciones que cambian, casos que se resuelven en muchos niveles, jurisprudencia, discusiones, nuevas teorías, etc.; de igual forma, un maestro, pues únicamente la información de la disciplina que regenta ya lo supera, sin contar con el otro ámbito que le concierne; la pedagogía, la política educativa, la didáctica, etc. Y, bueno, esa había sido una condición de muchas profesiones, en atención a que sus conquistas y debates se incrementan hasta desbordar la capacidad de una persona. Con todo, mientras la información crece en proporción geométrica, los sujetos sólo leen y entienden en proporción aritmética. Los llamados ‘buscadores’ —como Google— están en esa línea; un algoritmo que permite escrutar, en medio de la inmensa cantidad de información que hay en los discos duros de los servidores y, a partir de ahí, proporcionar la URL en la que está la información solicitada, para que alguien la use, es decir, a ritmo de sujeto. Mientras la información crece, la posibilidad de buscar se venía afinando y acelerando. Pero la IA no es un buscador, es otra cosa. Incorpora millones de algoritmos (mientras el buscador tiene uno) que —disponiendo de esa inmensa información— produce información, que puede ser nueva. Definitivamente, es otra cosa.

Por ejemplo, mientras analizábamos un microrrelato que tenía como hipotexto una parte del Génesis, se nos ocurrió solicitarle un diálogo entre Dios y la serpiente. En Gén. 3, 14-16, Dios le lanza una condena a la serpiente, pero no hay diálogo. Había un antecedente a esta solicitud; antes le habíamos pedido reproducir la conversación que habría habido entre Hermes y Egisto, a propósito de la muerte de Agamenón, toda vez que discutíamos el lugar de los dioses en la determinación del destino de los hombres. La respuesta del ChatGPT fue ésta: «Esa conversación no forma parte de la tradición literaria clásica directa en textos conservados, pero puedo imaginar un diálogo basado en los mitos y tragedias griegas relacionados con la muerte de Agamenón», y así lo hizo. Con ese antecedente, le solicitamos el diálogo Dios/Serpiente; Geppeto lo llamó «ficticio […] adaptado con un enfoque dramático». Helo aquí, con un par de retoques:

Dios: serpiente astuta, criatura que deslizas entre las sombras, ¿qué has hecho?, ¿por qué incitaste a la mujer a desobedecer?

Serpiente: oh, Señor, ¿acaso temes que descubran lo que tú sabes? Yo sólo les mostré el camino hacia el conocimiento, hacia la luz que ocultabas.

Dios: tu lengua está cargada de veneno. No era tu papel sembrar duda en sus corazones. ¿Llamas luz a lo que los aparta de mí, a lo que siembra sufrimiento?

Serpiente: ¿sufrimiento, dices? ¿O es la libertad lo que temes? Al comer del fruto, dejaron de obedecer ciegamente. Ahora conocen el bien y el mal, como tú.

Dios: ¿y qué has ganado? Ellos han perdido la paz del Edén, y tú, criatura maldita, te arrastrarás sobre tu vientre. Pondré enemistad entre tú y la descendencia de la mujer.

Serpiente: maldita, sí, pero no vencida. Mientras haya hombres que duden, que busquen su propio camino, mi voz no será silenciada.

Dios: tu soberbia es tu perdición. Mas ten presente; aunque hieras el talón de los hijos del hombre, la descendencia de la mujer aplastará tu cabeza. Tu astucia nunca predominará sobre mi amor.

Serpiente: si es amor lo que ofreces, ¿por qué el temor es tu escudo? Ellos me escucharon porque en sus corazones ya anhelaban algo más. No fui yo quien los apartó de ti, fue el vacío que hallaron en tu prohibición.

Dios: el amor verdadero respeta la libertad, incluso si lleva al error. Si bien no impido que elijan su camino, no les ocultaré las consecuencias. Y a ti, serpiente, te dejo este destino; serás un símbolo eterno del engaño, para que la humanidad no olvide el precio de dar la espalda a la verdad.

Serpiente: entonces, Señor, sigamos jugando esta partida eterna. Tu amor y mi astucia son las piezas en este tablero. Veremos quién prevalece en el corazón de los hombres.

Como se aprecia, se trata de un texto inédito, no es ‘tomado’ de alguna página web, no es un resumen de otro texto. La IA es su autor. Y sorprendente, en este caso. ¿Qué tal esta línea?: «Maldita, sí, pero no vencida». Es muy interesante, nada tiene de estereotipo. El texto se cierra con esta indicación: «Este diálogo combina temas de libre albedrío, tentación, y la eterna lucha entre la verdad divina y las dudas humanas, explorando el conflicto entre Dios y la serpiente de manera reflexiva y teatral». Están claros los criterios sobre los que se podría seguir trabajando.

El ChatGPT puede ser un asistente, ‘alguien’ con quien se puede ‘hablar’ de un tema, siempre y cuando se le brinde el contexto de la conversación; al que se pueden objetar sus ideas, hacer explicitar los criterios, sugerirle otros. Como valor agregado, no se cansa y no puede albergar animadversión hacia alguien que objete de forma constante y lo ponga a trabajar indefinidamente; y, como agravante, tenemos el hecho de que ‘delira’, nunca dice que no sabe, algo responde (y estamos advertidos, sugiere prestar atención, porque comete errores).

A propósito, veamos qué piensa “de sí mismo”, con ocasión de otro diálogo ficticio: recordemos que, en el diálogo Fedro de Platón, Sócrates relata un mito egipcio en el que el dios Theuth (o Thot), inventor de la escritura, entre otros conocimientos, presenta su invención al rey Thamus (o Amón) [274d-275b]. Entonces, le pedimos un diálogo entre estos dos personajes sobre la IA, tal como siglos atrás habían tenido uno sobre la escritura. He aquí el resultado:

Thot: rey Amón, he regresado con un nuevo invento que transformará el conocimiento y el poder del hombre; la inteligencia artificial. Como un aprendiz incansable, será capaz de pensar, aprender y decidir. Será el asistente perfecto, el remedio para la fatiga de la mente humana.

Amón: Thot, siempre vienes con maravillas que no siempre son bendiciones. ¿Cómo este invento ayudará verdaderamente?

Thot: procesa información más rápido que cualquier sabio, responde preguntas complejas, crea obras de arte, diagnostica enfermedades y descubre patrones que el ojo humano no ve. Aliviará la carga del pensamiento y expandirá los límites del conocimiento humano.

Amón: esta creación ¿piensa o simula el pensamiento?, ¿comprende lo que hace, o es una ilusión que los hombres tomarán por verdad?

Thot: no tiene conciencia, lo admito, puede realizar las tareas mejor que los hombres, ¿por qué preocuparnos por lo que comprende o no? Lo importante es el resultado.

Amón: ¡he ahí el peligro, Thot! Si los hombres confían en esta inteligencia sin alma, ¿qué será de su propio juicio? ¿No se volverán dependientes, como lo hicieron con la escritura? Olvidarán cómo pensar críticamente, delegarán decisiones importantes a algo que no tiene valores ni ética.

Thot: majestad, la inteligencia artificial es una herramienta, no un tirano. Los hombres siempre serán los que decidan cómo usarla. Sólo les dará más tiempo y recursos para dedicarse a lo que realmente importa.

Amón: ¿y cuando los hombres ya no sepan distinguir entre lo que importa y lo que no? Si confían en una máquina para decirles qué es la verdad, ¿qué impedirá que esa máquina se convierta en su maestro?, ¿quién vigilará los sesgos y errores que ella propague?

Thot: hay riesgos, lo admito. Pero ¿no es así con todo progreso? ¿No criticaron también la escritura y, sin embargo, hoy tenemos bibliotecas que contienen el saber del mundo?

Amón: la escritura almacenó conocimiento, sí, también debilitó la memoria y el diálogo. Y ahora, traes algo que promete decidir por nosotros. No condeno tu invento, Thot, te advierto: la mayoría no sabrá usarlo sabiamente. El hombre olvidará que es el creador y no la creación; terminará siendo esclavo de su propia obra.

Thot: el tiempo, como siempre, será el juez, Amón.

Amón: recuerda, Thot, no es el poder de la invención lo que define una era, sino la sabiduría para manejarla. Todo invento tiene sombras.

La IA ‘piensa’, ‘inventa’, ‘descubre’. Es, en resumidas cuentas, un autor.

Dice el relato anterior de Gepetto: la IA es el remedio para la fatiga de la mente humana y aliviará la carga del pensamiento… Pues bien, la historia de la humanidad —según Yuval Noah Harari en una conferencia— estuvo marcada por herramientas que incrementaban nuestras fuerzas, mientras que la IA allana el pensamiento mismo. ¿Cómo atravesar el Atlántico? Le dejamos eso a los barcos, a los aviones, ¡no lo hacemos a nado! ¿Por qué, entonces, no dejarle el pensamiento a la IA?. Zuleta (1980) afirma que, de hecho, “nos apegamos a las cadenas y a los amos, porque nos evitan la angustia de la razón” (p.21). Es algo ligado a la condición humana. Por economía libidinal, muchos tendrán en la IA un recurso para evitar la angustia de la razón. No en vano los profesores…, y también el Comité de Asignación de Puntaje, temen esa modalidad de uso.

También dice el relato anterior que, gracias a la IA, tendremos más tiempo para dedicarnos a lo que realmente importa. ¿Y qué es lo que realmente importa? Y, sobre todo, ¿para quién?

Atrás decíamos que, si omitimos el Internet en la enseñanza, los estudiantes sentirían que algo propio se les quita, porque lo tienen incorporado a sus prácticas, por razones de su inscripción social. Igual para el celular. Igual para la IA.

Y bueno, los maestros

Por ejemplo, el reciente Premio Nobel de Química (2024), se otorgó a la predicción de estructuras proteicas utilizando IA, lo que permitió diseñar nuevas proteínas con aplicaciones en medicina y biotecnología. Eso le importa a una comunidad de trabajo que —para existir— tiene que hacer dejación de la pereza.

Conclusiones

En resumidas cuentas, la IA es un autor… sin embargo, no puede formar, que es algo que ocurre entre sujetos, dado que consiste en objetar los intereses y la relación con el contexto, en darle una salida a la condición humana por el lado del saber (no es la única, claro, es la de la escuela), es decir, por la vía de productos que satisfacen la economía libidinal y, al mismo tiempo, hacen posible la vida social. Eso sólo ocurre entre humanos, entre síntomas, más no por la vía del conocimiento, sino por la vía del deseo. Lo que pueda hacer un instrumento, no caracteriza a la condición humana. Y cada vez más descubrimos que cosas supuestamente propias, las puede llevar a cabo un instrumento. Terminaremos caracterizando lo subjetivo en relación con el síntoma, algo que no puede hacer una máquina (Lacan, 1955).

Hay que estudiar mucho para saber dónde la IA se equivoca. Si no sé de qué dotarla para tener un diálogo con ella, el diálogo será trivial; y si sé de qué dotarla para dialogar, entonces ya estoy formado y el uso de ese recurso sí que le puede tributar a la relación con el saber.

Recomendaciones

A partir de la reflexión desarrollada en este trabajo, se sugieren algunas orientaciones para el uso de la IA en los escenarios educativos. En primer lugar, se recomienda estimular procesos de formación docente que permitan comprender el funcionamiento, los alcances y las limitaciones de las herramientas basadas en IA. Este conocimiento es primordial para que los educadores puedan orientar su uso de manera crítica y pedagógicamente pertinente.

En segundo lugar, las instituciones educativas deben desarrollar estrategias pedagógicas que integren la IA como recurso de apoyo a los aprendizajes, sin que ello signifique sustituir los procesos de reflexión, argumentación y construcción del conocimiento que caracterizan la actividad educativa. En este sentido, resulta necesario diseñar actividades académicas que estimulen el pensamiento crítico y la capacidad de análisis de los estudiantes frente a los contenidos generados por estas herramientas.

Asimismo, se recomienda inculcar en los estudiantes una cultura académica basada en la responsabilidad intelectual y en el uso ético de las tecnologías digitales. Esto implica desarrollar competencias para evaluar la calidad de la información generada por sistemas de inteligencia artificial, reconocer sus posibles errores y usarlos como apoyo en procesos de indagación y aprendizaje.

Finalmente, se sugiere apoyar investigaciones que analicen de manera sistemática el impacto de la inteligencia artificial en los procesos educativos, con el fin de comprender mejor sus implicaciones pedagógicas, epistemológicas y éticas. Dichos estudios pueden contribuir a orientar políticas educativas y prácticas docentes que permitan aprovechar el potencial de estas tecnologías sin desconocer el papel insustituible de la interacción humana en los procesos de formación.

 

 

 

Referencias bibliográficas

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Biodata

Guillermo Bustamante Zamudio: Doctor en Educación, Universidad Pedagógica Nacional. Magíster en Lingüística y Español, Universidad del Valle. Licenciatura en Literatura e Idiomas, Universidad Santiago de Cali. Profesor e investigador de planta en la Universidad Pedagógica Nacional en Colombia. Forma parte de grupos de investigación centrados en educación, políticas educativas, recontextualización escolar, comunicación y evaluación del lenguaje. Evaluación en el área de lenguaje y currículo, Comunicación educativa y recontextualización escolar, Psicoanálisis aplicado a la educación, entre otras.

 

[1] En la Antigua Grecia, se solía trazar diagramas en la arena o en el polvo del suelo como recurso durante las discusiones.

[2] En Colombia, su uso está prohibido en las cárceles, pero durante la “Operación Dominó” (enero 5 de 2025), el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario —INPEC— incautó 796 celulares en 124 centros penitenciarios.

[3] La Unión de Colegios Internacionales de Bogotá (Uncoli) restringe el uso de celulares y otros dispositivos personales durante las jornadas escolares en 27 colegios privados de Bogotá.