Memorias y reflexiones de una maestra rural[1]

Memories and reflections of a rural teacher

Jikiiru’ukat otta jaa’inru’ukat wanee ekirajüt anouuipa’a

 

 

 

Resumen

Las memorias y reflexiones de una maestra rural, centra su objetivo en las vivencias de la autora, cuando aún sin concluir sus estudios de magisterio en la Escuela de Maestros Primarios de Matanzas, decide incorporarse en los meses de noviembre y diciembre de 1960 al Curso de Adaptación al Medio Rural a desarrollarse en San Lorenzo, en el mismo corazón de la Sierra Maestra con el fin de iniciar su trabajo como maestra en un aula del oriente cubano. La ponencia aborda elementos de una historia muy poco conocida sobre el papel que jugó este curso y las motivaciones de los miles de jóvenes que llevarían el pan de la enseñanza a las zonas más intrincadas del paisaje oriental. Expone la labor docente educativa como maestra rural desarrollada por la autora entre 1961 y 1962 en la Finca La Cana, Barrio Yarey de Vázquez, Puerto Padre, Oriente, así como su participación en la Campaña de Alfabetización. La investigación se realizó a partir de la metodología cualitativa que caracteriza a la historia de vida como expresión de la investigación biográfica, de tipo descriptiva, pues reconstruye una parte del quehacer docente educativo de la autora como maestra rural. Cuenta con la bibliografía actualizada que es propia de este tipo de estudio.

Palabras clave: curso de adaptación al medio rural, formación como maestra, formación axiológica, labor docente educativa.

 

 

Abstract

Memories and Reflections of a Rural Teacher focuses on the author's personal experiences when, despite not having completed her teacher training at the Primary Teachers' School in Matanzas, she decided to join the Rural Environment Adaptation Course held in San Lorenzo during November and December of 1960. This course took place in the very heart of the Sierra Maestra and marked the beginning of her work as a teacher in a classroom in eastern Cuba. The paper explores a little-known chapter of history regarding the role this course played and the motivations that led thousands of young people to bring the gift of education to the most remote areas of the eastern region. It presents the author's work as a rural teacher from 1961 to 1962 at La Cana Farm, Yarey de Vázquez neighborhood, Puerto Padre, in the eastern part of the country, as well as her involvement in the National Literacy Campaign. The study follows a qualitative methodology aligned with the life history approach, a form of biographical research. It is descriptive in nature, as it reconstructs part of the author's educational practice as a rural teacher. It includes an updated bibliography appropriate for this type of research.

Keywords: rural environment adaptation course, teacher training, educational teaching work, axiological education.

 

Palitpütchiru'u

Jaashaajaaka achiki tü ekirajütkat anouuipa’a shia tü jikiiru’ukat otta jaa’inru’ukat sünainjee alatakaa sümüin nnojoluiwa’aya saja’atirüin shikirajaain sünain Shikirajia Tepichi julu’u “Escuela de Maestros Primarios de Matanzas”, o’unusu jia jünain wanee ekirajawaa motsomuin joo’opunaa nakua’ipa wayuu anouuipa’a ma’aka noviembre joo diciembre 1960o’ulu, chajatü aa’inrünüin San Lorenzo, pasanainshaana jünain uuchikat Sierra Maestra, jia juttiakaa ji’yataain cha wopumuin. Nnojotsu ma’in jouluin achikiikat tüü, yaakalü münüin yaa, jüchiki eein wanee atüjaa atalatajirakaa naa’in na o’unakana jünain ekirajaa na ekirajüliikana, watta naalii na o’unakana jünain ekirajaa anouuipa’amüin cha wopumuin.  Ashajaana achikirü shi’yataain jünain ekirajaa tü ashajakaa tüü wanaapüna jümaa juya 1961 otta 1962 julu’u mmakat “La Cana, Barrio Yarey de Vázquez, Puerto Padre, Oriente, jünain ekirajaa na matüjainkana aashaje’eraa. Achajaanüsü jüchiki jüka “investigación cualitativa” jünain jüküjünüin jüchiki akua’ipaa, kasa alatakaa jümüin wanee wayuu jumuiwa’a, akotchojunusu, olo’oinusu jupula lotuinjatüin jüküjia. Antüna anainrü wanee atüjaa jüchiki wanee wayuu.

Pütchi katsüinsükat: Ekirajaa jüpüla akua’ipa anouuipa’a, jikirajaain jüpüla ekirajaa, ji’yataain jünain ekirajaa, jukua’ipa wayuuwaa.

 

 

Introducción

Volver a esos años felices de mis inicios como maestra rural, es narrar un fragmento de una vida dedicada a educar. Ser maestro no es una mera profesión, sino es un servir a los que se enseñan, es una experiencia que reconforta. Sé es maestro, cuando se ama lo que se hace, cuando se tiene vocación para ello, cuando enseñar se convierte en un sentido de vida. Maestra nunca he dejado de ser, en los inicios en una pequeña aula rural y más tarde en otros niveles de enseñanza en donde impartí mis conocimientos, motivada siempre por el recuerdo de maestros que dejaron en mí, esa semilla que poco a poco fue germinando.

Memorias y reflexiones de una maestra rural, es un relato autobiográfico donde están trazos fundamentales de mis recuerdos. Retoma el pasado, va a los inicios desde mi contexto familiar, y se detiene en al papel que jugó en mí, el Colegio Irene Toland, como preparación para los estudios de magisterio.

Aborda los primeros años en la Escuela Normal desde 1957 hasta 1960, se detiene en los cambios que se producen en la educación cubana al triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959 y profundiza en lo que es el objetivo central de mi trabajo, el Curso de Adaptación al Medio Rural desarrollado en lo más profundo de la Sierra Maestra, en los meses de noviembre y diciembre de 1960. Quizás este curso no fue tan importante por el contenido didáctico y pedagógico que se impartió en él, sino por lo que impactó en mí, el vivir en contacto con ese campesinado, conocer de cerca sus realidades y valorar en su justa medida el porqué era tan necesario el papel del maestro en las zonas más apartadas del país.

La ponencia muestra también la experiencia vivida como maestra rural en lo que fue mi primera escuela en la Finca La Cana, Barrio Yarey de Vázquez, Puerto Padre, Oriente durante los años 1961 y 1962. Enfrentar un aula multigrado de segundo a sexto grado fue un reto, pero a la vez una enseñanza para el futuro. Se aceleraba el aprendizaje de la madurez, por primera vez emprendería sola lejos de mi familia un nuevo camino, en el que siempre hubo un espacio reservado a la amistad.  Junto a mi trabajo docente y como parte de él, participaría también en la Campaña de Alfabetización, no solo como maestra sino como Responsable de Cuartón, al frente de los Brigadistas Conrado Benítez que fueron asignados para alfabetizar en la finca.

Cambios en mi vida personal me llevaron a concluir la labor como maestra rural en 1962, pero muchos años más tarde en 1989, en visita que realicé a la Finca La Cana tuve la gran alegría de conocer que mis dos alumnos de sexto grado eran maestros, la semilla que había sembrado había fructificado.

En la investigación se asume la metodología cualitativa que caracteriza a la historia de vida que no es más que:

(…) la forma en que una persona narra de manera profunda las experiencias de vida en función de la interpretación que ésta le haya dado a su vida y el significado que se tenga de una interacción social...Ésta revela las acciones de un individuo como actor humano y participante en la vida social mediante la reconstrucción de los acontecimientos que vivió y la trasmisión de su experiencia vital. (Chárriez, 2012, 53)

La historia de vida como expresión de la investigación biográfica, es de tipo descriptiva, así como temática pues reconstruye solo una parte del quehacer docente educativo de la autora explorando a fondo lo que fue el Curso de Adaptación al Medio Rural y el papel que jugó esta como maestra rural.

 

Desarrollo

Mi primera infancia transcurrió apacible, éramos una pequeña familia de clase media, aunque no exenta de estrecheces. Mi papá Claudio Ángel[2]  maestro de profesión sostenía la casa económicamente, mi mamá Berta atendía todos los quehaceres del hogar  y la educación de mi hermano mayor Ramón y la mía. Aunque ambos supieron inculcarme valores  de responsabilidad, de honestidad, de desinterés, de amor al trabajo y a  los animales, mi padre a pesar del poco tiempo que tenía, pues daba clases de geografía, historia y cívica en el Colegio Irene Toland[3] en horas de la mañana  y atendía por la tarde el aula número 8 de la Escuela número 5 situada en el Distrito Escolar de Matanzas fue un verdadero maestro para mí, quizás sin saberlo él, comencé a admirar su conducta cotidiana, su laboriosidad, su vocación para enseñar, su civismo, cualidades  de las que me fui apropiando.

Al comenzar mis estudios, el kindergarten lo cursé en una pequeña aula que radicaba en la Casa de Beneficencia de Matanzas.[4]Al terminar ese curso, pasé a la Escuela Primaria Anexa a la Normal[5]. Mi maestra allí fue Antonia Leal de la que guardo un grato recuerdo. A partir del segundo grado comencé a estudiar en lo fue mi verdadera escuela, el Colegio Irene Toland. En ella permanecí hasta que me gradué de Bachiller Elemental. Como era un colegio privado para abonar mi matricula, mi padre que formaba parte del claustro desde 1935, debía cuidar el estudio de los alumnos pupilos en horas de la tarde noche.

Al cambiar de escuela tuve que adaptarme a las nuevas formas de enseñar que tenían en este centro, recuerdo que en el segundo grado debía escribir con una pluma estilográfica y un tintero para cargarla. Esto me costó trabajo y buenos regaños, pues ensuciaba con tinta las hojas de las libretas, pero ya en tercer grado, todo fue distinto, tuve ante mí, una maestra que se convirtió en mi paradigma fue Nize Fernández[6], ejemplo de lo que era enseñar con dulzura, trasmitir valores, ser creadora, y enérgica cuando tenía que serlo. En 1949, fue nombrada directora del Colegio Irene Toland, por primera vez una mujer cubana ostentaba ese alto cargo.

Seguí estudiando hasta culminar la enseñanza primaria, buenos profesores me acompañaron a lo largo de esta travesía, pero nunca olvidé a Nize. Mi aspiración era continuar en la escuela hasta culminar el Bachillerato, para hacerlo debía presentarme a examen al Instituto de Segunda Enseñanza, pues, aunque el colegio era privado se regía por los mismos programas de los Institutos Oficiales. Examiné y comencé el Bachillerato, ya los estudios fueron más fuertes y empecé a delimitar mis intereses, tenía mucha más facilidad para las asignaturas de ciencias sociales que para las de ciencias exactas.

Además, la propia vida me llevó a valorar cuál era mi realidad, mis padres por mucho que se esforzaran no podían pagarme una carrera universitaria, a mí me gustaba el magisterio, el ejemplo de mi maestra Nize seguía presente en mí y aún se había profundizado más. Iba alcanzado una sólida preparación que me serviría para el futuro tomase el camino que tomase, por eso decidí, que en 1957 cuando terminara el Bachillerato Elemental entraría a la Escuela Normal de Matanzas. Me gradué con buenos resultados académicos en el Bachillerato y cerré un capítulo de mi vida, dije adiós al Colegio en el que había pasado parte de mi niñez y mi adolescencia y emprendí un nuevo camino, con una visión del mundo ya más definida y con valores que, aunque traía desde la casa, la escuela había fortalecido.

La Escuela Normal de Matanzas, desde su fundación fue heredera de una tradición pedagógica, contó siempre con un claustro de profesores de altísima calificación. En la investigación aún no publicada del doctor Mario Castro Ramos sobre la Escuela Normal de Matanzas 1918 -1959, se profundiza tanto en los directores que tuvo la escuela, así como en los profesores que componían el claustro por asignaturas. (Castro, s/f.)

En la Escuela Normal durante el primer año recibí asignaturas de cultura general, al traer yo la base de los estudios de Bachiller, no me resultó difícil enfrentarme a esos nuevos contenidos. Al comenzar el segundo año hubo dos asignaturas que centraron mi atención, la geografía e historia universal impartida esta última, por Saúl Vento Almohalla[7], el estudio de Grecia y en particular todo lo referido a Creta, ha quedado en mi memoria a más de sesenta años de recibido. 

Al triunfar la Revolución Cubana el primero de enero de 1959, yo cursaba el segundo año de la carrera, al calor de esos días, la Cátedra de Estudios Sociales del centro, comenzó a ofrecer información sobre los acontecimientos históricos que ocurrían en el país, para que los normalistas estuviéramos lo más actualizado posible.  Se iniciaban cambios profundos que alterarían todo el sistema hasta entonces imperante. La educación era uno de los problemas más serios que presentaba el país.

El día 5 de enero es nombrado el doctor Armando Hart Dávalos, ministro de Educación, y de inmediato comenzó a atender lo que era a su juicio imprescindible, un plan urgente de Alfabetización.  Razonaba Hart:

La población de más de nueve años de Cuba es de 4,4 millones de habitantes, de los cuales un millón son analfabetos, lo que representa el 23,6% de analfabetismo con respecto a la población total, alcanzando el 41,7 % en relación con la población rural y el 11,6 % en relación con la población urbana” (Hart, 2013, 331). 

Dada esta situación el 3 de abril de 1959 anunció en conferencia de prensa la creación de 5000 aulas rurales en el país e informó que a su Ministerio se le había asignado cien millones de pesos para atender las necesidades del mismo, pero la realidad es que esto no era suficiente.

Por esta razón el 27 de agosto de 1959 al hacer la apertura del Primer Congreso de Maestros Rurales el entonces Primer Ministro Fidel Castro, hace la propuesta, de que con los mismos recursos que hay para crear 5000 aulas, se construyan 10000 y que con iguales recursos que hay para emplear 5000 maestros se empleen 10000, pero con la condición que estos ganarían la mitad del salario que se le paga al maestro en este momento. Señala además que se les aumentaría progresivamente todos los años hasta alcanzar el sueldo normal. Los maestros estuvieron de acuerdo con la proposición, Castro (1959).

Al iniciar el tercer año de la carrera, mi participación en la vida de la escuela se hizo más activa, se crearon en aquella época los Consejos Estudiantiles de Curso y comencé a trabajar en ellos. El profesor de educación moral y cívica, Mario Castro[8] eje de  muchas de las actividades de la cátedra de Ciencias Sociales,  se convirtió  para mí,  al igual que lo fue  Nize Fernández, en un paradigma de lo que debía ser un maestro. Lo admiré y respeté porque supo con energía, pero con afabilidad y entereza enfrentar los cambios que de forma continua se producían en el país.

En septiembre de 1959 el Consejo de ministros promulgó tres leyes muy importantes para el futuro de la educación cubana, a través de ellas además de normar y orientar el nuevo curso académico, se dejaban creadas diez mil aulas de la enseñanza común, así como se permitía la transformación de fortalezas y cuarteles en escuelas y ciudades escolares. (Buch & Suárez, 2004, p. 268)

El 23 de diciembre del año 1959 se aprobó la Ley No. 680 que dispone la realización de la Reforma Integral de la Enseñanza. En ella se exponen los fines generales de la educación y los objetivos de cada nivel. En uno de sus preceptos establece:

“La aspiración última y suprema de la educación habrá de consistir en que el individuo viva para un ideal de vida en que se cultiven plenamente, de modo equilibrado y armónico, los valores físicos, intelectuales, éticos y estéticos, así como los valores vocacionales, con vista a la superación del ser humano, dentro de un enfoque socialmente integrado.” (Cantón, Duarte, 2006, 56).

Por esta misma ley se declaran extinguidas las Escuelas Normales de Maestros Kindergarten, Escuelas del Hogar y se crean las Escuelas de Maestros Primarios.

A pesar de todo lo realizado en cuanto a educación, todavía en 1959 no se lograba resolver la situación de tantos niños sin escuelas, y tantos analfabetos, sobre todo en la zona rural, Esa es la razón que lleva, a que el máximo líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro el 22 de abril de 1960 frente a las cámaras de televisión, pida a los jóvenes que lo ayuden a resolver el problema de la educación en las regiones montañosas y otros complejos lugares del país.

A esta convocatoria de Fidel se presentaron miles de muchachos, ya el 3 de mayo se formaba el primer contingente. Nacían así los Maestros Voluntarios, que partirían hacia Minas del Frío a prepararse, a este contingente, les seguirían dos más. El 29 de agosto de 1960 Fidel se reúne en el acto de graduación con los maestros voluntarios del primer contingente.  En un largo y extenso discurso, les indica cuál sería el papel que debían jugar como educadores, les explica sin ocultar dificultades previsibles, el deber que tienen de abrir horizontes, en la lucha por elevar la cultura en las montañas y en los campos. Anuncia Fidel que el año próximo sería el “Año de la Educación”. Cuba se movilizaría por entero para lograr erradicar el analfabetismo. Castro (1960).

El 10 de octubre de 1960 el doctor Armando Hart, ministro de Educación, convocó a los alumnos de cuarto año de nuestra escuela. Nos explica que a pesar de todo lo que se ha hecho, continua la necesidad de maestros que lleven el pan de la enseñanza por llanos y montaña, por esa razón nos propone culminar la carrera, incorporándonos de forma voluntaria al Curso de Adaptación al Medio Rural que se desarrollaría entre los meses de noviembre-diciembre de este año,  en San Lorenzo[9], en el corazón de la Sierra Maestra. Esto permitiría que, al término de este, pudiésemos trabajar, ya como maestros en ejercicio, en aulas del oriente cubano.

El objetivo del curso está concebido para que los estudiantes de cuarto año de la Escuela de Maestros Primarios se acerquen al medio rural, y conozcan las realidades del campo cubano y puedan adaptarse a él, mucho más rápido. Señala el Doctor Hart que el mismo terminaría con el ascenso al Pico Turquino. Aclara que el salario sería de 67.50 pesos y tendríamos derecho a un carnet de transporte para viajar gratuitamente desde el lugar donde se nos situé hasta nuestras provincias.

Muchos de los estudiantes, se sintieron motivados, pero no era posible dar una respuesta en ese momento, por eso el ministro de Educación planteó que todos los que estuviesen dispuestos a incorporarse, debían dirigirse por escrito, al director del Instituto Superior de Educación para mostrar su disposición. Los que acepten, recibirían las orientaciones sobre cómo sería el traslado hasta San Lorenzo y qué se debía llevar para subsistir estos dos meses que dure el curso.

Para mí la decisión desde el primer momento estaba tomada, pero debía consultarla, por una parte, con mis padres y por otra con mi novio. Para mis padres era difícil dejarme partir, al igual que para mi novio, pero todos sabían que ya era hora de dejarme volar, de dejar que me enfrentase por mí misma a situaciones nuevas, tenía ya 19 años y casi una carrera terminada. Recuerdo solo que mi padre me dijo, si das el paso es para no regresar, a no ser por fuerza mayor. Le escribí una carta a la persona indicada para expresarle mi disposición a trabajar como maestra en un aula oriental y comencé a preparar lo que suponía sería necesario para el viaje.

Al conocer de mi disposición me informaron que el curso comenzaría el 15 de noviembre, que, desde la terminal de trenes de la Habana, partirían dos trenes que irían recogiendo por provincias a los miles de jóvenes que asistirían al mismo. Los estudiantes matanceros debíamos abordar el tren en Unión de Reyes.[10] Además por escrito, orientaron cuestiones imprescindibles para una vida en campaña. De más está decir que a mi mamá, todo le parecía poco, por eso, en mi mochila no cabía nada más.

En un principio muchos estudiantes se dispusieron a incorporarse al curso, pero al acercarse el día fijado no llegamos a veinte. Casi todo el grupo estaba compuesto por mujeres, iban muy pocos hombres.  Hubo un caso curioso una pareja de novios, ambos estudiantes de la escuela se casaron para que los padres los dejasen ir. A algunas de las muchachitas las conocía, éramos amigas, otras eran de diferentes grupos de cuarto año y nos conocimos en esos días. Todos nos hicimos uno, hembras y varones. Íbamos a convivir durante dos meses lejos de la casa, teníamos que apoyarnos y así fue. Pienso en el poderoso imán que entreteje las redes de la amistad, la generosidad compartida hizo fortalecer los lazos que nos fueron uniendo.

Al fin llegó el 15 de noviembre, muchos de nuestros padres fueron a Unión de Reyes a despedirnos, el tren que tomamos venía ya bastante lleno, de La Habana iba un grupo numeroso. Nadie sabía dónde nos dejaría el tren, cómo llegaríamos a San Lorenzo, pero todos estábamos imbuidos de un ideal, cantábamos el estribillo del Himno de los Maestros Voluntarios “Las aulas de los montes nunca más se cerrarán”.

El viaje era largo, todos llevamos algo de alimento para comer por el camino, pues casi ninguno de los que allí íbamos conocía más allá de su terruño, no queríamos dormir, pero el sueño nos fue venciendo hasta que llegamos a Bayamo[11]. Nos bajamos del tren en que veníamos, esperamos al otro y en muy poco tiempo todos los estudiantes reunidos, nos dirigimos en guaguas a Caney de las Mercedes[12].  En una finca   de trescientas caballerías de extensión, la Revolución estaba construyendo la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, a la que asistirían niños campesinos entre diez y trece años, que vivían dispersos por toda la Sierra Maestra, allí aprenderían distintos oficios y profesiones.

Del Caney de las Mercedes partimos para San Lorenzo, nos recogieron las mochilas en unos camiones, de lo que todos nos alegramos mucho y emprendimos el camino hacia nuestro objetivo. El guía era un antiguo combatiente del Ejército Rebelde, joven al igual que nosotros, serio, pero a la vez jovial, acostumbrado a subir y bajar lomas. Esta sería la primera prueba de resistencia física para todos nosotros, recuerdo que cuando el cansancio nos rendía, siempre el guía nos decía, ya estamos cerca, pero más de 60 kilómetros nos separaban del Caney a San Lorenzo.

Eran más de las cinco de la tarde cuando yo arribé al campamento, ya los primeros estudiantes habían almorzado, a pesar de eso, para todo el que llegaba había un plato caliente de frijoles blancos que nos pareció la gloria. Después de satisfecha el hambre recorrí el campamento. Las barracas en las que viviríamos estos dos meses eran viviendas rústicas, sin paredes, solo con el techo de fibrocemento y más de ocho horcones que la sostenían. Dentro de cada una de ellas había palos para colgar las hamacas y las mochilas. Eran tres barracas para las muchachas y dos para los varones. Como el grupo de Matanzas era pequeño, las muchachas tuvimos que integrarnos con compañeras de Camagüey y una parte de las estudiantes orientales. El campamento tenía también, lejos de las barracas, un grupo de letrinas, en uno de los costados estaba la cocina y el almacén donde se guardaba la comida y en el otro una gran plazoleta donde nos reuniéramos todos en horas de la mañana antes de comenzar las actividades diarias.

Después de terminado el recorrido solo me faltaba ubicarme en la barraca, pero los camiones que traían las mochilas se demoraron, el nuestro llegó bastante tarde y eso dificultó que pudiésemos armar las hamacas antes que anocheciera, ya cuando estas llegaron, la barraca estaba casi llena y yo solo pude colocar la mía en los dos horcones de afuera. La realidad fue que yo no sabía hacer nudos fuertes para que la hamaca quedara bien puesta y me fui resbalando y esa primera noche dormí tapada con el nylon en el suelo de la nave. Para recibirnos se organizó en el centro del campamento una fogata y se cantó y se bailó, algunas de las matanceras salieron, pero yo me sentía muy triste, recuerdo que lloré y me prometí a mí misma que iba a aprender lo suficiente para poder subsistir en ese medio.

Al fin amaneció, eran apenas las siete de la mañana cuando nos despertaron, desayunamos y los funcionarios del Ministerio que estaban a cargo del curso, nos reunieron a todos en la gran plazoleta para explicarnos como se había concebido este. Si la idea era que nos adaptásemos al medio rural, las actividades debían estar acorde a esto. Cada barraca tendría un responsable, este se encargaría de formar equipos, en dependencia del número de estudiantes que hubiese.

 A cada equipo se le asignaría diferentes tareas relacionadas con la vida diaria del campamento. Debíamos buscar todo lo que se fuese a cocinar a Minas del Frío, subir la Loma de La Vela no era nada fácil, pero era la única forma de llegar. Si llovía era mucho peor “perdíamos la moral” como le llamábamos a caernos en el fango, siempre se iba con un grupo de varones, pero así todo era un esfuerzo considerable. Otro grupo estaría encargado de cocinar con leña, cuando nos tocaba había que levantarse a las cinco de la mañana para preparar el desayuno que se servía a las siete.

Una de las tareas más complejas era buscar el agua (ver foto 1), para llenar los tanques, había que hacer una larga fila y cubo a cubo llenarlos, a esto le llamamos la Conaca. Al grupo que le tocaba la limpieza de las barracas debía enfrentarse a limpiar también las letrinas, tarea que gustaba muy poco. También nos hablaron del aseo personal, en el río que pasaba cerca nos bañaríamos y se lavaría la ropa. Las matanceras generalmente íbamos juntas.

Las clases se recibirían a orillas del río, por equipos, estas comprendían aspectos de organización escolar preferentemente el trabajo con las aulas multigrado, que es lo más frecuente en el medio rural, también se tratarían aspectos sicológicos de los niños de edad primaria, y conocimientos de cultura general. Muy en especial se estudió la obra martiana, el artículo Maestros Ambulantes sería uno de los más trabajados, la máxima martiana de “Ser cultos es el único modo de ser libre” (Martí, 1975, 289), era más que una frase, era un sentido para la vida del maestro en formación. “¡Urge abrir escuelas normales de maestros prácticos, para regarlos por valles, montes y rincones!” (Martí.1975, 291).  Era esa la aspiración de este curso, abrir el apetito del saber, en esos seres olvidados, en ese campesinado que ávido de conocimientos ansiaba tener un maestro que lo enseñase.

Foto 1: Clases a orillas del río.

Foto 2: Camino a Pico Turquino

Creo que lo que más aprendí en ese tiempo que pude estar cerca del campesinado, fue entender por qué se insistía tanto en eliminar el analfabetismo, elevar la cultura era una manera de hacer más libre al hombre. Viví la experiencia de niños y adultos que nunca habían visto el cine, que vivían en bohíos miserables, niños subalimentados y muchos de ellos llenos de parásitos. El acercamiento a ese medio me hizo ganar conciencia, ver el mundo desde otra óptica. Mis cartas muchas de ellas escritas al atardecer a orillas del río expresaban mi sentir.

Junto a todas las tareas orientadas por los profesores, una más fue, la de organizar actividades con la comunidad que teníamos a nuestro alrededor. Cada barraca a través de diferentes iniciativas atrajo al campamento tanto a niños como a sus padres, se hicieron escenificaciones que mostraron cuáles eran los valores a los que se aspiraba. Ser responsable, honesto, sincero, amar al trabajo y a la naturaleza, ser disciplinado. Se enseñaba de una forma práctica.

El curso avanzaba, terminaba noviembre y ya se empezaba a rumorar que, en los primeros días de diciembre, sería el ascenso al Pico Turquino, se comentaba que el ministro de Educación Doctor Armando Hart, visitaría el campamento y subiría con el grupo al Turquino. Yo tenía temor, padecía de presión baja, era muy menuda, resistiría, escribí mis preocupaciones a la casa todos me dieron ánimos.

Al fin el 7 de diciembre llegó al campamento, el doctor Hart para escalar junto a los maestros de San Lorenzo, el Pico Turquino (ver foto 2). Venía con él, la directora Provincial de Educación de Matanzas, la doctora. Nereyda Dujarric.  Para los matanceros, significó de gran alegría la presencia suya junto a nosotros. Todos sabíamos que nos enfrentábamos a una prueba difícil, escalar la montaña más alta de Cuba, 1974 metros, con valles profundos y montañas de crestas agudas, con ríos, bosques y desfiladeros, pero a pesar de eso todos queríamos vencer.

Mochila al hombro con tabletas de chocolate y latas de salchicha como alimento, cantimplora en la cintura, en fila comenzamos a salir del campamento, el guía iba indicando por donde era mejor avanzar, estoy nerviosa, podré, tengo mil dudas, pero camino siguiendo al grupo, las matanceras vamos juntas, conversamos, todavía no se siente el cansancio, ascendemos, pero son colinas ligeras. Alguien decide tirarnos unas fotos, me alegro, será un bello recuerdo al paso de los años.

El paisaje es hermoso, hay un cielo azul que compite con el mar, cruzamos un pequeño río, ya el grupo empieza a dispersarse, el guía avanza, pero seguimos caminando, somos tantos que no hay manera de perderse. Conversamos cuando podemos, porque ya las pendientes son más altas, el cansancio empieza a sentirse, el clima empieza a cambiar y va escondiéndose el sol. Alguien se acerca y nos trasmite la orientación del guía, pasaremos la noche en este lugar, debemos descansar y seguiremos temprano en la mañana.

Buscamos entre la vegetación un lugar donde poder dormir, ponemos la hamaca en el suelo, nos comemos una lata de salchicha y un pedazo de tableta de chocolate y nos tapamos con el nailon que trajimos y tratamos de descansar.  El cansancio nos vence y dormimos un rato, pero ya a medianoche nos despertamos, sentimos que, hace un frio intenso y las nubes comienzan a cubrirnos por completo, estamos dentro de ellas, a eso le llamamos el I4.  No nos volvemos a dormir porque estamos viviendo una experiencia única.

Cuando ya comienza a clarear el día, nos preparamos para continuar, mientras más temprano es mejor para caminar, estamos todavía lejos de la cima del Turquino. Sentimos el canto de las aves, la noche ha quedado atrás y un nuevo día nos espera. La vanguardia del grupo va lejos, pero los seguimos, comenzamos a ascender, montaña de cresta aguda, valles profundos y de nuevo una cumbre que hoy sé que se llama la Loma del Joaquín. Aquí si necesitamos ayuda de los varones que nos acompañan, porque la falda de esta montaña es vertical, estamos ante el Paso de las Angustias, siento que me elevan y me enfrento a un camino estrecho de solo dos metros de ancho, a ambos lados hay vegetación, pero en lo más profundo existe un vacío enorme. A pesar del temor que nos provoca, me detengo a contemplar el paisaje.

Ya hemos subido, según alguien dice, 1630 metros, pero aún estamos lejos. El esfuerzo es grande y ya siento un profundo agotamiento, pero aún nos falta una dura prueba remontar el Regino, para descender de forma brusca, por una ladera casi vertical conocida como Paso de los Monos, porque solo agarrándose de los árboles se puede bajar. A estas alturas me preguntó cómo he logrado escalar hasta aquí.

Al fin después de nuevas subidas y bajadas llego, estoy en la cima, busco el busto de Martí, y recuerdo la frase que aparece en la base del monumento “Escasos como los montes son los hombres que saben mirar desde ellos y sienten con entrañas de nación o de humanidad”. Conversamos, estamos todos felices, nos abrazamos. Encuentro a uno de los “cinco picos[13]” y le propongo un cambio, un par de guantes por una lata de leche condensada, acepta y me la tomo a pulso. Después ya satisfecha el hambre, me siento mejor. Nos retratamos con la Directora Provincial de Educación, será este un bello recuerdo para épocas futuras. No veo a Hart, pero sé que está allí, se despiden, un helicóptero les espera.  Estamos un rato más, hasta que el guía nos indica que debemos empezar a bajar. Ya es tarde y parece que la lluvia nos va a acompañar, amenaza tormenta y así fue, no sé las veces que “perdimos la moral”, gracias al apoyo de nuestros compañeros pudimos llegar a Minas del Frío, envueltas totalmente en fango.

Llegamos al campamento ateridas de frío, a pesar de eso nos lavamos, comimos algo y a descansar. Los días siguientes se fueron muy rápidos, seguimos la rutina diaria, pero lo importante ahora era determinar cuál sería nuestra ubicación futura. Nos dijeron los lugares donde hacían falta maestros. Algunas de las muchachitas matanceras decidimos seleccionar Las Tunas y el municipio de Puerto Padre para mantenernos cerca unas de las otras, así lo hicimos y ya con las escuelas asignadas se dio por terminado el Curso.

Tomaríamos los días finales de diciembre de vacaciones y en los primeros días de enero de 1961 comenzaríamos nuestra labor ya como maestras en ejercicio. Se cerraba así una etapa de mi vida y comenzaría a hacerse realidad mi sueño de ser maestra.    

El regreso a la casa fue corto y más aún cuando debía partir los primeros días del año 1961, para asumir mi primera aula. Decir que no estaba preocupada, sería mentir, comenzar mi carrera lejos de la casa, enfrentarme a lo desconocido siempre trae temor, pero para eso me había preparado, para eso fui a la Sierra, ascendí el Turquino, ahora era el momento de demostrar que podía, que era capaz de cumplir el sagrado deber de enseñar. Lo primero que hice fue hablar con mi padre para oír sus consejos, también me acerqué a mis profesores de la Escuela de Maestros Primarios, de la cual recién había egresado, en busca de orientaciones sugerencias y bibliografía que me pudieran facilitar para la preparación de mis clases. Sabía que tendría mucho que aprender y estaba dispuesta a hacerlo.

Mi mamá decidió acompañarme para conocer de cerca dónde iba a trabajar, emprendimos viaje y el día 7 de enero de 1961 me presenté   en el Departamento Municipal de Educación de Puerto Padre[14],  para  tomar posesión de mi escuela como maestra de enseñanza primaria.  El aula era la No 2 de la Escuela Nacional Rural No 40 situada en La Cana[15] barrio de Yarey[16].

Coordinamos con un chofer para ir a la finca, partimos de Puerto Padre, pasamos Yarey de Vázquez[17] seguimos esa carretera y entramos cinco kilómetros buscando La Cana. Como no conocía a nadie en la finca, preguntamos a quien podíamos ver para llegar a la escuela y nos orientaron que fuésemos a casa de la conserje. Ella no nos esperaba, sabía que iban a situar otra maestra, pero la sorprendimos. Conversamos y muy claro le dijo a mi mamá que ella no quería ninguna maestra en su casa, porque había recibido una en septiembre con la cual no se había llevado bien.

Mi mamá comenzó a conversar con ella, le pedimos que nos llevara a la escuela. Así lo hizo y el local nos dio buena impresión, lo único que tenía una sola aula, esto implicaba que habría que dar clases por la mañana y por la tarde. Seguimos conversando, pero mi mamá debía regresar a Puerto Padre, antes de salir lo único que le pidió a la conserje, que me dejase allí ese día y le dijo: -yo se la confío-.  Me quedé sola, el tiempo iba transcurriendo, y no sabía que iba a pasar conmigo. Al fin casi anocheciendo me enseñaron donde podía quedarme, me prepararon un pequeño cuarto con una cama personal, un listón en un esquinero para colgar la ropa y una silla con una mesa también pequeñita. Me sentí tranquila, ya era algo para comenzar. Al final en esa casa pasé los dos años que estuve en La Cana.

Amanecí temprano, como la otra maestra no había regresado aún de Santiago de Cuba, decidí esperarla y aproveché el tiempo conociendo el lugar. Muchos de los que vivían en la finca eran familia, había casas de tabla, techo de guano y piso de tierra. Existía gran cantidad de analfabetos, había haitianos y jamaicanos que trabajaban cultivos varios. Algunas familias eran numerosas hasta con veinte hijos, pero eran las menos, en su mayoría las parejas tenían dos o tres hijos.  Eran afables, sinceros, deseosos de aprender, o sea era un terreno fértil para cultivar la mente y el espíritu.

Foto 3: La conserje y yo en mi primera salida de la finca.

Al fin cuando llegó la maestra, determinamos en conjunto que ella trabajaría en horas de la mañana con primer grado y yo por la tarde de segundo a sexto grado (ver foto 4). Trabajar grado múltiple es bastante complejo, pues no siempre los niños tienen el mismo desarrollo. En las dos primeras semanas de clases, traté de conocer a los alumnos con los que iba a trabajar, los aspectos biológicos eran más fáciles de observar, no así lo pedagógico y lo sicológico, para lo que tuve que utilizar lecturas que fueran propias para todas las edades, juegos de participación que despertase la imaginación y estrategias que animasen el espíritu colectivo, sin anular la proyección de las individualidades.  Para conocer la situación socioeconómica que tenía el escolar me valí no solo por lo que pude observar en clase, sino interactúe con la familia como célula básica, sobre la cual se construye el andamiaje social. Hice de cada niño una ficha escolar donde estuviesen recogidos todos estos datos (Cardounel, 1953, 180-187).

Después de caracterizar a cada escolar, establecí dos ciclos en el aula, uno con los alumnos de segundo y tercer grado, porque los programas de estudio concuerdan y sus niveles de aprovechamiento son bastante aproximados en los conocimientos y habilidades que desarrollan y el otro con los alumnos de cuarto, quinto y sexto grado, porque recibían programas donde hay actividades que se correlacionan, y ya hay un desarrollo mental que les permite trabajar determinados temas solos.  El hecho de tener dos alumnos de sexto grado, hacía que a ellos debía préstales mayor atención, aunque no fuera directa, pero si preparándoles actividades que pudiesen hacer. 

Foto 4: En el patio de la escuela con un grupo de alumnos.

Una de las cuestiones más difíciles para el maestro, es establecer los horarios para los grados multigrados y mucho más en mí caso que las clases eran en horas de la tarde. Utilicé en muchas ocasiones un horario directo, que consistía en señalar la misma materia para todos los grados, pero le prestaba atención a los grupos que lo necesitasen más. Como no había libros de texto para todos los alumnos desarrollé el trabajo por equipos, en especial con el segundo ciclo.

Algo que jugó un papel importante en mi escuela fue la biblioteca escolar, aún conservo un pequeño folleto de esa mi primera escuela, Páginas de Tagore[18]. El Ministerio de Educación preparó un conjunto de pequeños folletos que servían para enriquecer las lecturas para niños de diferentes edades, Les llamó Serie Martí Lecturas para niños y jóvenes y lo distribuyó por las escuelas, en especial por las rurales.

En el mes de abril planifiqué una actividad con los niños para incentivar el amor a los animales. Les pedí que hicieran composiciones sobre sus mascotas favoritas, al final se premiaron los mejores trabajos de los dos ciclos y con apoyo de los padres, se les permitió traer a la escuela sus mascotas. Todos pasamos un buen rato.

Mi vida en La Cana me hizo conocer mucho más de cerca, todo lo que un maestro puede hacer cuando tiene verdadera vocación, fue una etapa de reafirmación en la carrera que había escogido. Además de trabajar con los niños y de apoyar a la comunidad, comencé a atender en la escuela, en horas de la noche un aula de adultos, ya la Campaña de Alfabetización estaba en marcha. El Departamento de Educación de Puerto Padre dividió la zona en cuartones. Y al frente de cada uno de ellos nombró un maestro como responsable, en La Cana estaba yo al frente, la primera tarea que nos orientaron fue censar los analfabetos que existían en el cuartón, para determinar qué cantidad de Brigadistas Conrado Benítez tendrían que enviar.

Reportamos 300 analfabetos, pero ya algunos de ellos estaban recibiendo clases, por eso decidieron que, con 10 brigadistas, más la labor de las dos maestras y la conserje podríamos culminar de forma exitosa la batalla contra el analfabetismo.  Los brigadistas que tuvimos a nuestro cargo eran de La Habana, muchachones de 14 y 15 años que habían dado el paso al frente para venir a enseñar a los que menos sabían. Su labor fue encomiable, nos sentimos felices del trabajo que pudieron hacer en el cuartón.

Casi terminaba el año 1961 cuando decidí casarme, pero esto no impidió que siguiera en mi escuela dando clases. Al comenzar el año 1962 recibimos una citación del Ministerio, acudimos y se nos pidió que nos quedásemos hasta finalizar el curso.  La mayor parte del grupo de San Lorenzo aceptamos   y volví a La Cana con mis alumnos. Una de las últimas iniciativas que hicimos en la escuela fue hacer un huerto escolar, con el apoyo de los padres y la atención de los alumnos, sembramos verduras y hortalizas. El huerto hizo a los alumnos, más solidarios, y responsables. 

Ya casi llegaba el final del curso, se acercaban las evaluaciones finales y sobre todo para los alumnos de sexto grado la posibilidad de iniciar estudios superiores; para mí, representaba el final de mi trabajo como maestra rural, tenía ya casi siete meses de embarazo y sabía que no iba a poder continuar lejos de la casa, debía despedirme, pero cuánto trabajo me costaba, cuánto había ganado en experiencia, cuánto enseñé y a la vez cuánto aprendí, en esta mi primera escuela.

Muchos años después, ya peinaba canas, era 1989, hacía más de 28 años era maestra, había pasado por todos los niveles de enseñanza y ahora impartía docencia en el Instituto Superior Pedagógico “Juan Marinello” en Matanzas. Como profesora de Filosofía, debía asistir a un evento en Las Tunas. Este comenzaría un lunes y mi esposo y yo tuvimos la idea, de irnos antes y ver si podíamos encontrar a la familia de la conserje de mi escuelita rural. Teníamos referencia que se habían mudado para Yarey de Vázquez. Fuimos a rumbo y los encontramos, nos llevaron a La Cana, visité mi vieja escuela, pasó un tiempo y un día recibí una carta de uno de mis alumnos de sexto grado, sabía que había estado en Yarey y quería que supiera que tanto él, como el otro compañero, se habían hecho maestros. ¡Qué feliz me sentí, la semilla que había sembrado había germinado en ellos!

 

Conclusiones

Al cabo de más de ochenta años, he revivido en este relato autobiográfico recuerdos de un pasado ya lejano. La infancia en un hogar que supo sembrar valores. Mis primeros estudios y la evocación de maestros como Nize Fernández que dejó huellas imborrables en mi formación. El Colegio Irene Toland al que le debo tanto y siempre lo sentiré como mío. La Escuela Normal que me dio no solo conocimientos, sino que me inició en el largo camino del magisterio y me permitió admirar y respetar a profesores como Mario Castro, que dedicó su vida a formar nuevas canteras de maestros. Nunca me pesó concluir mis estudios de maestra en el Curso de Adaptación al Medio Rural, ese fue para mí, mi verdadero comienzo. Como maestra rural ejercí durante dos años y enseñé a niños y adultos, pero aprendí una lección de vida. El magisterio es más que una profesión, es en realidad una vocación.

 

 

 

Referencias bibliográficas

Buch Rodríguez, L., Suárez Suárez R. (2004). Gobierno revolucionario cubano. Primeros pasos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Cantón Navarro, J, Duarte Hurtado M. (2006). Cuba 42 años de Revolución. Cronología histórica 1959-1982. Tomo I. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Cardounel Calderín, C. (1953) Organización Escolar. Tomo I y II. La Habana: Imprenta P. Fernández y Cía. S. en C.

Castro Ramos, M. R. (s/f). Escuela Normal de Matanzas 1918-1959. Investigación Inédita.

Castro Ruz, F. (1959). Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro en el acto de apertura del Primer Congreso Nacional de Maestros Rurales efectuado en el Teatro del Palacio de los Trabajadores el 27 de agosto. La Habana. www.fidelcastro.cu

Castro Ruz, F. (1960). Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Primer Ministro del Gobierno Revolucionario en el acto de graduación de los maestros voluntarios a su regreso de la Sierra Maestra celebrado en el teatro Auditórium el 29 de agosto, La Habana.  www.fidelcastro.cu

Chárriez Cordero, M. (2012). Historias de vida. Una metodología de investigación cualitativa. Revista Griot. Volumen 5. Número 1 Diciembre. Puerto Rico: Universidad de Puerto Rico: 50-67.

Hart, Dávalos, A. (2013). En el 50 aniversario de la Campaña de Alfabetización. El Homenaje al Museo Nacional de la Alfabetización y a Eduardo Saborit. En: Eloísa Carreras Varona, Armando Hart Dávalos. Por Esto. La Habana: Casa Editorial Abril: 326-328.

Martí Pérez, J. (1975). Maestros ambulantes. José Martí. Obras Completas Tomo 8. Nuestra América. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

 

 

Biodata

Olga América Galindo López: Magister en Ciencias de la Educación Superior. Normalista, Escuela “Carlos de la Torre y Huerta”, Matanzas, Cuba. Unión de Historiadores de Cuba. Filial Matanzas.

 

Notas

[1] El presente trabajo fue presentado en el VII Coloquio internacional de maestras rurales, de pueblos originarios, afrodescendientes y africanas en la Universidad de Catacamas, Honduras, octubre de 2023. Mesa de trabajo: No. 2 Maestras rurales.

[2] Claudio Ángel Galindo y Molina (1909-1995). Durante más de 34 años se dedicó por entero a su labor como educador. En su larga carrera trabajó en diferentes escuelas rurales y urbanas, fue miembro fundador del Primer Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza.

[3] El Colegio Irene Toland fue fundado en la ciudad de Matanzas en el año 1899 por la Iglesia Metodista Episcopal del Sur con el objeto de ofrecer una educación cristiana a la juventud cubana. En un inicio era solo para niñas y señoritas, después se admitieron varones.

[4] La Casa de Beneficencia de Matanzas, se fundó en 1840, fue un importante establecimiento benéfico que brindaba asilo a niños pobres y huérfanos. En la década del 40 del siglo pasado poseía un kindergarten público con muy buen funcionamiento, así como instrucción primaria y especial sobre trabajos manuales y tareas del hogar. Estaba situada en San Carlos entre Manzano y Daoiz, enfrente de donde yo vivía.

[5] Escuela Primaria Anexa a la Normal.  Era la escuela que servía de laboratorio para la realización de las prácticas docentes de los alumnos normalistas. Contaba con un profesorado de calidad, capaz de servir de ejemplo a los estudiantes de la Normal.

[6] Nize Fernández.  Fue profesora del colegio desde el año 1933, graduada del Colegio Buenavista de La Habana, recibió el grado de Bachiller del Instituto de Gobierno de Matanzas y el de Doctora en Pedagogía de la Universidad de La Habana.

[7] Saúl Vento Almohalla. A partir de 1938 entró como profesor auxiliar del Grupo de Ciencias Sociales Impartió Historia Universal, se desempeñó años más tarde como Inspector Nacional de Historia. Fue Director Provincial de Educación de Matanzas y Director del Archivo Histórico de Matanzas.

[8] Mario Castro Ramos Fue designado en un inicio en la Escuela Normal de Matanzas como contratado en el área de Ciencias Sociales, el 4 de marzo de 1960 obtuvo la plaza por Concurso de Oposición. Se desempeñó varios años con responsabilidades nacionales en la Formación Emergente de Maestros Populares y la formación de los mismos como Maestros Primarios. Ocupó cargos en la Dirección Provincial de Educación en Matanzas.

[9] San Lorenzo. Ubicado en el macizo montañoso de la Sierra Maestra. Cuenta con una extensión territorial de 90 km cuadrado. Limitado al norte por las Mercedes, al sur con el municipio de Pilón, al este con el municipio de Guamá de la provincia de Santiago de Cuba y al oeste con Minas del Frío.

[10] Unión de Reyes El municipio de Unión de Reyes se encuentra situado al suroeste de la provincia de Matanzas.

[11] Bayamo. Segunda villa fundada en Cuba por Diego Velázquez el 5 de noviembre de 1512 con el nombre de San Salvador de Bayamo. En la actualidad municipio cabecera de la provincia Granma. Ciudad rica en historia, es Cuna de la Nacionalidad Cubana, allí se cantó por primera vez el Himno Nacional de Cuba el 20 de octubre de 1868.

[12] Caney de las Mercedes Está situada en el actual municipio Bartolomé Masó Márquez en la provincia Granma.

[13] Se las llamaba así a los miembros de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, que como una prueba de fuego debían subir cinco veces el Pico Turquino. La Asociación estaba integrada por una gran masa de muchachos, procedentes de las capas más humildes del pueblo, que se mantenían en las calles sin trabajar ni estudiar. La primera gran tarea que Fidel y la Revolución asignaron a la AJR fue la creación de las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario. Los jóvenes se establecieron en campamentos ubicados en la Sierra Maestra, donde vivían en condiciones de campaña.

[14] Puerto Padre Municipio cubano localizado al norte de la provincia de Las Tunas. El territorio de Puerto Padre perteneció inicialmente a la Villa De San Salvador de Bayamo. Posteriormente al crearse el Ayuntamiento de Holguín. y por necesidad de sufragar los gastos de este se solicitó la concesión de tierras realengas a vecinos de Bayamo y de Holguín así se mercedaron las primeras tierras del actual municipio de Puerto Padre.

[15]  La Cana Hacienda mercedada a fines del siglo XVIII a Don Diego de la Torre, fue dividida en sitios en 1814 por Don Miguel Hechevarría, nieto de aquel.  De esa manera surgieron los cuartones de La Cana, Gertrudis, Vázquez y Yarey.

[16] El Yarey Provincia de Las Tunas Municipio Puerto Padre. Se comunica hasta la carretera municipal a una distancia de 16 km. Adopta su nombre debido a la existencia de un gran número de palmas de Yarey.

[17] Vázquez. Está situado al norte de la provincia de Las Tunas, a unos 35 kilómetros de esta en el municipio de Puerto Padre. Al este colinda con el Yarey.

[18] Rabindrath Tagore (1861.1941) poeta, narrador, dramaturgo, ensayista, nacido en Calcuta, la India. Se le considera el más importante escritor hindú y un gran humanista.